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Convertirá la antigua cafetería del edificio de servicios a través de un contrato firmado con la toledana Seranco S.A.

La austeridad de Soraya Sáenz de Santamaría: El Gobierno se gasta 150.000 euros en la habilitación de salas polivalentes de La Moncloa, al mismo tiempo que destina otros 170.000 al mantenimiento de sus jardines

Julio 11, 2013

La vicepresidenta, ministra de la Presidencia y portavoz del Gobierno Español, ahondaba hace apenas dos meses en el compromiso del Gobierno con las políticas de control del gasto

José Luis Rodríguez Zapatero se gastó en más de siete años y medio de inquilino, 10,5 millones en reformas para La Moncloa. Felipe González invirtió durante su mandato 50 millones

Detrás de este gasto en mejoras de la vivienda del presidente del Gobierno se suelen encontrar las vicepresidentas: Soraya y De la Vega


La vicepresidenta, ministra de la Presidencia y portavoz del Gobierno Español, Soraya Sáenz de Santamaría aseguraba hace apenas dos meses que no habría alteraciones en los grandes ejes de la política económica implementada desde La Moncloa. Este propósito se unía por tanto al compromiso del Gobierno con las políticas de austeridad, y austeridad, según la Real Academia de la Lengua Española es la cualidad de severo, de aquel que es “sobrio, morigerado, sencillo, sin ninguna clase de alardes”. Alardes como por ejemplo, reformar una de las estancias de la casa donde se habita, máxime cuando ésta ya es operativa y funcional o cuando la edificación tiene cerca de 60.000 metros cuadrados.

Exactamente eso es lo que ha hecho el Gobierno de la vicepresidenta, una de las políticas con más carácter y carisma del equipo del presidente Mariano Rajoy. Por anuncio de la Plataforma de Contratación del Estado, se publicaba la formalización de un contrato para la obra de reforma de la antigua cafetería del edificio de servicios para el nuevo uso como salas polivalentes en el Complejo de La Moncloa. La Subdirección General de Gestión Económica destinaba más de 150.000 euros (154.942 euros) a la empresa Seranco S.A. La motivación: ser “la oferta económicamente más ventajosa”, algo que contrasta con el modo de acometer el proceso de licitación, a través de un procedimiento negociado sin publicidad.

La empresa adjudicataria, Seranco S.A., mantiene unos números positivos a pesar de la crisis del sector. Si en 2007 facturaba 9,96 millones de euros, en 2011 la cifra alcanzó los 23,45 millones, un descenso de 6,3 millones respecto al ejercicio anterior pero muy por encima de cuando empezó la depresión. De hecho, es destacable como la firma ha mantenido el nivel de empleo: si en 2007 tenía 29 trabajadores, en 2010 alcanzó los 85 empleados para en 2011 tan solo perder uno. Aun así, en ese ejercicio cerró con beneficios que superaron los 1,13 millones de euros. Eso sí, como la crisis aprieta, ha tenido que abandonar su patrocinio fundamental, el del Club Baloncesto Polígono tras tres temporadas en el que cubría el 50% del presupuesto.

Por la boca muere el pez

Hace cinco años, en pleno apogeo socialista en la cúpula política de este país, la por aquel entonces únicamente portavoz del Grupo Popular del Congreso de los Diputados, Soraya Sáenz de Santamaría exigía al expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero la ilustre receta de la severidad y rigidez. “Hay que hacer un esfuerzo de austeridad, evitar gastos superfluos y patochadas que se le vayan ocurriendo a Zapatero según quien pase por ahí y le pida lo que sea”. Estas eran -a pies juntillas- las palabras de Santamaría dedicadas a un gestor que en el asunto de las reformas del Palacio de La Moncloa también habría suspendido.

En octubre de 2011, este periódico lo adelantaba: “cada vez quedan menos semanas para que el actual presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero abandone el Palacio de la Moncloa. Más de siete años y medio de inquilino, en los cuales habrá dejado su impronta, al menos en el gasto, 10,5 millones en este periodo en diferentes mejoras, de un complejo de edificios en los que Felipe González ya invirtió 50 millones de euros en sus 12 años de mandato, aunque sí es cierto, que el primer presidente socialista se encontró con un Palacio de la Moncloa bastante deteriorado”.

Entre estas obras se podían contar obras de reparación y sustitución de cornisas en las fachadas del edificio que fuera sede del Instituto Nacional de Investigación Agraria, la remodelación del edificio de protocolo, inmueble propiedad de Patrimonio Nacional en el que se ha modificado la estética del mismo, el nuevo centro de prensa o la tala de árboles en el helipuerto.

Y es que parece que La Moncloa es un elefante blanco para los 47 millones de españoles. Según una noticia publicada esta misma semana en El Confidencial Digital, “el mantenimiento de los jardines de La Moncloa cuesta 170.000 euros, cinco nuevos operarios, un tractor, 250 mangueras y cinco motoguadañas”.  Desde el próximo 1 de agosto hasta el 31 de julio de 2014, “el complejo de La Moncloa aumentará su personal de mantenimiento con el fin de conservar los jardines del recinto y las instalaciones del Edificio del Portavoz”. El edificio del Portavoz acoge los servicios de comunicación del Gobierno y su presidencia, esto es, más beneficios y privilegios para las dependencias de Soraya.

Una opulenta vicepresidencia

Parece que en su día, una de las máximas responsables de este dispendio era la otrora homóloga de Soraya Sáenz de Santamaría: “en la sombra de gran parte de estos gastos está María Teresa Fernández de la Vega, ya muchos no se acuerdan de ella, pero en sus más de seis años de Vicepresidenta primera y Ministra, se dedicó a gastar y engrandecer el ministerio de Presidencia que dirigía, la última obra en el edificio INIA no deja de ser una continuación de la inversión multimillonaria que encabezó”.

Sin duda, la ambición de las vicepresidentas de los Gobiernos populares y socialistas puede más que las propuestas y medidas que tanto predican unos y otros y no acaban cumpliendo. Un ejercicio de ostentación que rehabilita los habitáculos de La Moncloa, pero que a los ojos del pueblo, lo único que consigue es prorrogar una crisis que ya encamina su sexto año consecutivo.    

Jesús Prieto