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La amplia lista de manías y supersticiones de Simeone, entre ellas la de no saludar a los entrenadores rivales al final de cada partido

Enero 9, 2017
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Los rituales de algunos aficionados al fútbol cuando juega su equipo, de tan rebuscados que son, rozan en ocasiones lo cómico. Tengo un amigo que, cuando sabe que los suyos tienen opciones reales de ganar un título, vaticina -como el empollón de clase hacía con los exámenes- un sonoro fracaso. A mi amigo, colchonero de pro, esa táctica le ha atribuido ya una Liga, una Copa y una Europa League. No le valió, eso sí, para conquistar las Champions de Lisboa y Milán. Ahí más bien pareció que el embrujo se volvió en su contra. Curiosamente su ritual se profesionalizó con la llegada de Simeone. El ser humano es así. En algunos momentos nos llegamos a creer que, de lo que hagamos nosotros en nuestra casa, depende lo que suceda en un gran estadio situado a miles de kilómetros. Si esto sucede con los seguidores, qué no pasará con los protagonistas.

Diego Pablo Simeone se define a sí mismo como un cabulero (amante de las cábalas y de supersticioso al máximo en la jerga argentina). Ignoramos si el buen inicio de año de su equipo (sendas victorias por 0-2 a Las Palmas y Eibar en Copa y Liga), responderán a un nuevo ritual. Y es que el mundo de las supersticiones obliga al observador, a su vez, a realizar cábalas (en este caso conjeturas), ya que es muy difícil que el supersticioso grite a los cuatro vientos todo lo que hace y no hace para evitar la mala suerte y dar la bienvenida a la fortuna.

Horóscopo, trajes, evitar rutinas de días negros

El Cholo sí ha reconocido públicamente que se fija en el horóscopo de sus futuros jugadores antes de fichar por un nuevo equipo. No llega a los límites de evitar manejar a una plantilla por sus complejos signos zodiacales pero sí cree que puede obtener información útil sobre la personalidad de los futbolistas.

En la vestimenta radica otro de los bastiones de las supersticiones del técnico. Simeone ha repetido camisas, trajes y zapatos hasta que ha llegado la derrota. Siempre lo hace con ropa de vestir y casi nunca se pone chándal. Digo casi nunca porque eso sucedió el pasado 23 de octubre, cuando el Cholo cambió su atuendo habitual para caer por 1-0 en el Sánchez Pizjuán. No creemos que repita.

Y en las rutinas con respecto a los días grandes (días de finales), el laberinto se hace casi inescrutable. Y es que todo depende -como es lógico, por otra parte- de las victorias y las derrotas. Veamos un ejemplo que encadena hasta cuatro citas: Simeone decidió repetir en la final de Copa de 2013 la misma rutina que hizo como jugador cuando el Atlético ganó el doblete en 1996. Mantuvo ese ritual en la final de Lisboa de 2014 y, como el desenlace fue fatal, cambió absolutamente todo de casa a la de 2016. En la próxima, suponemos, deberá hace algo diferente a todo lo que ya ha hecho.

Además de lo reconocido directa o indirectamente, es de imaginar que la lista de manías será amplia. Y aquí entran las especulaciones. El que suscribe cree que su forma de terminar los partidos responde también a una superstición, pero quizás no sea así. El Cholo acostumbra a enfilar el túnel de vestuario rápido cuando el árbitro pita, sin saludar a nadie. Diría incluso que su intención es ser el primero en abandonar el verde. También existen sobre él leyendas (como en toda Argentina, casi) de utilizar hechizos en sus inicios como entrenador en su país. Incluso algunos aseguran que importó uno de sus rituales argentinos para jugar una final en España y untó el banquillo donde se sentarían los suyos con un ungüento especial.

Otros casos

En el mundo del fútbol existen un sinfín de supersticiones. De todos los estilos y colores. Una de las últimas en salir a la luz vino de la mano de Vardy. El jugador del Leicester asegura que se toma media botella de Oporto con bebida energética la noche antes de los partidos. A ese cóctel le añade tres latas más de Red Bull antes de empezar el choque. Laurent Blanc, en su época como jugador, besaba la calva de Barthez. Otro de los casos más comentados es el de Marcelo Bielsa, al que aseguran haber visto dar el mismo número de pasos a cada lado en el transcurso de un partido.

Por terminar en nuestro país, Dani García (capitán del Eibar) es uno de los futbolistas que más importancia daba a los rituales. En una entrevista de radio me confesó que su obsesión llegó a tal extremo que tenía complementos específicos para cada partido (botas, espinilleras). Como a veces se le olvidaba algo, decidió bajar un poco el nivel de sus cábalas.

Felipe de Luis Manero

@FelipedeLuis99