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La Alonsomanía se extiende en Estados Unidos tras el aterrizaje del asturiano en las 500 Millas de Indianápolis

Mayo 18, 2017
alonso indi

Gorras, coches a escala, camisetas, fotos en su Renault de 2005 y hasta cascos ha firmado Fernando Alonso en las interminables comparecencias de los pilotos de la IndyCar ante su público. Lo que más sorprende al recién llegado no es la enorme afluencia de aficionados a los entrenos, sino que tienen acceso casi ilimitado a los boxes, algo impensable hoy día en la Fórmula 1.

El asturiano es poco amigo de las muchedumbres, pero sonríe y se presta al selfie con desconocidos que calzan su misma gorra. Los mecanismos de marketing de McLaren se han puesto en marcha y han diseñado una sencillo y poco llamativo tocado que homenajea al que uso su ídolo, Ayrton Senna. De lo que pocos dudan es que la Alonsomanía ha invadido el Nuevo Mundo, y hasta sus competidores se quejan del casi exceso de atención que se presta al asturiano. “¿Es que no hay más pilotos en pista?”, preguntaba a través de su cuenta en Twitter uno de sus contrincantes sobre el asfalto. Otro, arrancaba una rueda de prensa de forma socarrona con un “buenas tardes y a ver que pregunta me vais a hacer hoy sobre Alonso que yo os respondo”. Se lo toman con humor, pero la llegada del inmigrante de la velocidad ha causado un fuerte impacto no ya en la categoría norteamericana sino incluso en la propia F1. Equipos, pilotos y patrocinadores miran desde las alturas con cierto grado de envidia el soberbio eco mediático logrado por su estreno. El martes 3 de mayo, en una prolongada sesión se registraron dos millones de visitas a las imágenes en vivo que retransmitió la organización, todo un hito especialmente cuando hablamos de un único coche en pista, corriendo completamente solo contra el reloj, sin adelantamiento alguno ni más meta que la aclimatación del corredor a su nuevo monoplaza.

Una prueba emblemática

La prueba en la que participará el asturiano el próximo domingo 28 de mayo, está integrada dentro del calendario de la IndyCar Series. Se trata de una cita muy especial por sus premios, significación y calado histórico. Su fisonomía es absolutamente contraria a la de la Fórmula 1. Se disputa en un circuito oval, los coches apenas frenan, sino que más bien deceleran para alcanzar en plena curva velocidades que en F1 se adquieren de manera puntual, no se corre contra el reloj, sino que se computa la velocidad media de cada giro, los coches ruedan agrupados, el rebufo tanto trasero como lateral afecta al rendimiento y comportamiento de los coches, y desde cualquier punto del circuito se puede seguir la carrera al completo de un vistazo. Durante la primera semana de la quincena que prepara todo el evento, Alonso tendrá que adaptarse a su coche, al peralte de nueve grados que hay en las cuatro curvas, a un monoplaza que tiende a irse hacia dentro de la pista, a comunicarse con sus ingenieros, con un lenguaje repleto de tecnicismos que le resultan ajenos (al sobreviraje se le llama en la F1 ‘oversteer’ y en Indy ‘pull’, por ejemplo)

El bicampeón posee entre su arsenal de habilidades una enorme capacidad de adaptación, y hace rápido cualquier coche que le den de forma instantánea, pero la Indy maneja una serie de códigos sobre el asfalto que le resultan completamente nuevo mientras que los otros treinta y dos corredores a los que se enfrenta lo practican con fluidez desde hace años.

¿Qué posibilidades tiene de ganar?

Pocas, pero las tiene, cosa que en la Fórmula 1 son directamente imposibles a día de hoy. Olvidado el sueño de superar los siete títulos de Michael Schumacher, para el ovetense conseguir “los tres grandes”, Mónaco en F1 ya logrado, las 500 Millas de Indianápolis y Le Mans, se antojan el proyecto a batir. En principio Alonso no parte como favorito sino más bien como una curiosidad, y no lo tiene fácil. Su equipo, el del muy reputado Michael Andretti no gana desde hace casi un año. A pesar de ello entró con un pie excelente en su primera jornada oficial. Fernando se encaramó en la primera posición en una sesión de dos horas dedicada a novatos y refresco técnico de antiguos participantes. Aunque sus verdaderos competidores no estaban en pista, fue el más rápido de entre los rookies y dejó atrás a veteranos como Sato, Andretti, o Hildebrand, algo muy celebrado por sus seguidores. Fue un gran comienzo, pero lo más cuesta arriba llegaría más tarde. Acostumbrarse a rodar en grupo, a aprovecharse de unos rebufos de los que hay casi que huir en la Fórmula 1, y seguir creciendo en la tabla de velocidades ha sido más complicado y en las jornadas de tests ha estado relegado a posiciones posteriores. Mejor le fue en su tercer día de pruebas. Con mucho viento, muchos participantes decidieron no rodar o hacerlo muy poco y Alonso realizó el cuarto mejor registro. El sábado se enfrentará al crono, o más bien, al velocímetro para determinar quiénes son los nueve mejores, que a su vez decidirán el domingo la pole. Los otros veinticuatro pilotos que no consigan el corte que determina este grupo de cabeza saldrán en carrera por detrás.

La semana siguiente se celebrará una interminable retahíla de eventos promocionales a través de diversas ciudades a las que viajarán los pilotos. Los que también van a viajar, pero a Indianápolis, son la quincena de enviados especiales de diversos medios que siguen a Alonso como si de un flautista de Hamelín se tratase. Sólo tres periodistas españoles se han acreditado en el coincidente Gran Premio de Mónaco si excluimos a los que poseen un pase permanente o pertenecen al equipo de MovistarF1. Precisamente a través de la plataforma de pago del gigante telefónico, y más concretamente a través de su canal #Cero, podrá verse la prueba el domingo 28 a partir de las seis de la tarde.

La clave, en la primera curva

La clave, el 50% del éxito se encuentra, según el experto en la categoría Pablo Martino, en lo que ocurra en la primera curva de la primera vuelta. El resto será una sucesión de giros a altísima velocidad, con coches muy igualados y un alto índice de accidentalidad con espectaculares colisiones contra los muros. El otro 50% del éxito reside en la posición y manejo de las últimas 10-15 vueltas. Tras algo más de tres horas de carrera y con frecuencia muchas banderas amarillas, según se llegue a este estadio se podrá ganar o no. El año pasado todo estaba escrito para que Carlos Muñoz venciese, paró a repostar y el trofeo se lo llevó Alexander Rossi. Este novato egresado de la Fórmula 1 sin demasiada suerte confió en lo que le quedaba en su depósito y cruzó la meta con la gasolina que entra en un mechero. Ganó contra todo pronóstico, y dejó a su escudería con un palmo de narices. Más que habilidad, que también, fue un poco de suerte, y otro poco de estar en el sitio adecuado y en el momento oportuno. Si Alonso sufre por estar en desventaja en la F1, aquí parte en igualdad mecánica, pasa horas viendo vídeos de carreras anteriores, no para de hacer preguntas, y en su equipo están encantados con su llegada, incluso sorprendidos por su rápida adaptación. Si no gana será algo previsible, pero si lo hace, puede convertirse en uno de los más grandes de la historia no ya de la Fórmula 1, sino de la velocidad planetaria. ¡Suerte!

José M. Zapico

@VirutasF1