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La alegría de España, a pesar de todo

Octubre 13, 2015

Kiev, ese es el sitio del último gran partido de España. No fue un día cualquiera porque sucedió en una final de la Eurocopa y ante un rival que durante mucho tiempo nos hacía temblar, Italia. La partitura que interpretó el equipo de Del Bosque fue excelente, terminó metiéndole cuatro a su rival y consiguiendo su tercer título consecutivo y su tercera Eurocopa. La alegría que desprendía ese equipo se ha ido perdiendo en el camino y ni siquiera se sabe si lo soluciona un nuevo título.

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El punto álgido de España fue el Mundial y desde ahí, a pesar de los éxitos, se fue enfriando el cariño por la selección. Las disputas entre el Madrid y el Barcelona tienen buena parte de culpa, los duelos Mourinho y Guardiola alejaron aprecios, las críticas a Casillas, las intervenciones de Piqué, de Xavi, el poco aprecio a Del Bosque de una parte… Curioso que en el mejor momento de nuestro fútbol, las discusiones hayan sido incluso mayores que en los tiempos en los que no olíamos el éxito.

Filias y fobias

A pesar de ganar un Mundial y dos Eurocopas, bastó el fracaso de Brasil para que la selección sintiera más que nunca la soledad. Fue como volver a empezar, como si los éxitos se hubieran borrado de un plumazo y existiera la necesidad de construir de nuevo. Ahora que han estado en Kiev se ha recordado la exhibición ante Italia, en el que para Del Bosque ha sido el mejor partido de su era y no debe haber muchas dudas de ello porque jugar de esa manera ante Italia, en una final, no es fácil.

La selección merece el reconocimiento que se ha ganado, el de ser una selección que ha marcado una época, que será recordada como el equipo de Brasil de la década de los setenta, la Alemania de esa época o la Naranja Mecánica. Hay desafectos que no tienen que ver con el juego sino con filias y fobias y esos son más difíciles de curar, algunos de ellos no tienen ni siquiera antídoto porque se mezclan con la política y es terreno pantanoso. A la selección le queda recuperar la sonrisa que se le vio los días que estuvo en Kiev, que tenían que ver con las buenas vibraciones que quedaron de aquel cuatro a cero a Italia.

José Luis Corrochano