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A la espera del reparto de su patrimonio con Adriana Abascal

Juan Villalonga regresa al negocio de la telefonía desembarcando en la antigua Unión Soviética

Febrero 3, 2010

Si azaroso fue su unión con Adriana Abascal, más aún está siéndolo su separación con la mexicana. De los días de vino y rosa en Estados Unidos o el Reino Unido a una difícil separación con un importante patrimonio por medio.

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Al decidir abandonar Estados Unidos, Juan Villalonga y Adriana Abascal, decidieron fijar su vida en el Reino Unido. Compraron una mansión de tres pisos en el barrio de Kensington, en la misma zona donde habita la dama de hierro Margaret Thatcher y en uno de los enclaves más caros y de moda de Londres. El palacete, que hoy tras su separación solo ocupa Adriana Abascal y los tres hijos habidos del matrimonio, está valorado en 20 millones de euros. Fue comprado por Villalonga a Lor Conrad Black, un empresario de medios de comunicación británicos, como el Daily Telegraph, que estuvo implicado en un escándalo de desvió de fondos. La casa consta de 4.000 metros cuadrados repartidos en once dormitorios, cuatro cuartos de baños, gimnasio y piscina interior, entre muchos otros lujos. También Villalonga disponía de una finca en la campiña inglesa, donde en el mes de diciembre de 2008 se realizó un amplio reportaje fotográfico para la revista Hola. Y aunque ambos residen oficialmente en Londres, no dejan de escaparse periódicamente a la ciudad de Los Ángeles, donde todavía poseen varias casas que tendrán que repartir tras la separación.

El ex presidente de Telefónica se dedica hoy, entre otras cosas, al negocio de la construcción de casas para familias con rentas bajas en países poco desarrollados. El proyecto, con una inversión inicial de unos 3 millones de euros y con sede en Portugal (un país al que Villalonga está vinculado como consejero del grupo portugués Espirito Santo Financial Group), consiste en vender por todo el mundo la patente, en forma de royalty, de la propia fábrica que elabora estos módulos de viviendas. Y aunque su objetivo es implantarse en África y Asia, de momento el negocio ha funcionado con éxito en México, gracias al acuerdo alcanzado en su día con el Gobierno de Vicente Fox Quesada para construir viviendas entre la población indígena.

El socio de Villalonga en México es el empresario Lorenzo Zambrano, dueño de la cementera Cemex, una de las mayores del mundo. Al margen de la construcción, el ex marido de Adriana Abascal dirige la empresa británica Telnic Limited, participada por varios grupos de capital riesgo de Irlanda y Francia, y dedicada al diseño y promoción de dominios de Internet. Su proyecto es lanzar el carácter “tel” para la telefonía móvil.

En España, a pesar de su ausencia física, también constituyó una consultora llamada Villamer Consultoría y Asesoramiento S.L. y figura de apoderado de la sociedad Auburn Inversiones y Consultoría S.L., con domicilio social en la calle Cardenal Tavera, número 1, de Madrid. La empresa está dedicada al “asesoramiento financiero y económico, así como el asesoramiento relativo a marketing e imagen corporativa de empresas”. Junto a él, aparece como administrador Diego Luis Lozano Romeral, a su vez secretario del consejo de administración de la cadena AC Hoteles, propiedad del empresario navarro Antonio Catalán, en su día socio de Villalonga.

Pero con lo que Juan ha rehecho su negocio ha sido a través de su participación en distintas e influyentes empresas de telecomunicaciones de ex repúblicas soviéticas. Para ello constituyó en el año 2002 la empresa Emergent Telecom Ventures, junto al abogado Mohamed Ammersi, un hombre de negocios de origen libanés al que introdujo en su día en como asesor externo en Telefónica cuando él era presidente. Mohamed Ammersi fue la persona que ayudó a Villalonga a finales de los años noventa en la constitución de un fondo de inversión denominado Comunnicapital Limited Partnership, por cuya gestión percibió entonces 100.000 dólares mensuales más gastos, lo que suponía un montante de un millón de pesetas al día. También le ayudó en la creación de la gestora Gramersi, que era el nombre surgido de unir las dos primeras sílabas de su apellido con la primera de su socio Larry Grafstein. Ha sido a través de Emergent Telecom como Villalonga ha penetrado en el extinto sector soviético. En el año 2005 compró una importante participación en la compañía de móviles de San Peterburgo, PeterStar, y en la georgiana Magticom, primera operadora del país del Cáucaso. A su vez es consejero de MegaFon, la tercera operadora de móviles de Rusia, en representación de Telecominvest, un conglomerado controlado por el grupo First National Holding of Luxembourg y Telia Sonera.

Ahora habrá que poner orden a un inmenso patrimonio, compartido desde hace más de una década. Tras pasar unos años como pareja de hecho, Juan Villalonga Navarro y Adriana Abascal López Cisneros, 17 años más joven que él, decidieron dar un paso mas el 30 de junio de 2001, cuando contrajeron matrimonio civil en Los Ángeles (California), en una íntima ceremonia oficiada por el juez Robert A. Ringles y celebrada en la parte posterior de su residencia, situada en el número 601 de North Faring Street, en la elitista zona de colinas de Bel Air a las afueras de la meca del cine.

El matrimonio Villalonga-Abascal tiene tres hijos: Paulina, que nació catorce meses antes de contraer la pareja matrimonio, Diego y Jimena. Se unen así a los tres descendientes que el ex presidente de Telefónica tuvo cuando se casó en primeras nupcias con Concha Tallada Alarcón, la madre de sus primeros hijos (Juan, Jaime y Andrea) con los que apenas guarda relación, aunque sí se ha ocupado de echarles una mano en su vida profesional.

Acierto o equivocación, lo que es notorio es la clara decisión de Adriana Abascal y de Juan Villalonga de volver por separado a la más radiante actualidad. Frecuentar fiestas, aparecer en los medios de comunicación, regentar negocios influyentes, pasear modelos, etc. En definitiva, ser parte protagonista, como siempre ha deseado y como sus vidas han marcado desde un inicio.