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LOCO DE AMOR

Juan Peña busca reconciliarse vía SMS

Septiembre 6, 2010

Peña se pasa las horas enviando mensajes de texto a Eva. Solicitándole otra oportunidad. Pidiéndole que no vuelva a ver a Jesús. Rogándole una reflexión. Algunos dirán que exagera, pero sus ojos enrojecidos del llanto no engañan. Son tantos los embistes telefónicos que Zaldívar ha decidido no contestar a ninguno más.

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Llueve sobre mojado. La separación de la cantante Marta Sánchez y el empresario Jesús Cabanas está dando mucho de qué hablar. Y lo seguirá haciendo. Lo que en un principio solamente parecía un distanciamiento temporal ha acabado por convertirse en un triángulo amoroso tremendamente complicado. Todos son reproches y desplantes. Las informaciones que apuntan a que el ex marido de la cantante podría estar empezando una relación con la guapísima Eva Zaldívar no ha dejado indiferente a nadie. Y más porque la ex de Pepe Navarro frecuentaba al cantante Juan Peña. Todo son contradicciones. Mientras Jesús exige clemencia, Juan no deja de insinuar que todavía sigue realmente enamorado. Fueron sólo seis meses de relación, pero parecen interminables.
 
Bombardeo de mensajes
 
El ambiente está enrarecido. Juan enjuga sus lágrimas con insólito desconsuelo. Reza por retornar a un pasado que se difumina por momentos. Sigue sin entender lo que le ha sucedido. Piensa que es una de esas pesadillas nocturnas que desaparecerán en cuanto abra los ojos. Su estado anímico es bastante preocupante. Israel Bayón, ex novio de Vicky Martín Berrocal, se ha convertido en uno de sus pocos apoyos. Quién lo diría. Ahora le da cobijo y hasta amparo desinteresado. Suerte que el cantante también tiene el apoyo del inigualable Fernando Candela que le protege incluso cuando él lo desconoce. Fernando es uno de los representantes con mayor proyección, sabe cómo tratar a la prensa y escoge con seguridad y firmeza los proyectos que le ponen sobre la mesa. Por eso no sorprende que Juan le cuente todo lo que le pasa por la cabeza. Sin filtros. Sin miedos. Y sus pensamientos, en ocasiones, son alarmantes y tremendamente desconcertantes. Juan muere a chorros por un amor que se le ha roto. La brusquísima ruptura le está pasando factura. De hecho, me cuentan que Peña se pasa las horas enviando mensajes de texto a Eva. Solicitándole otra oportunidad. Pidiéndole que no vuelva a ver a Jesús. Rogándole una reflexión. Algunos dirán que exagera, pero sus ojos enrojecidos del llanto no engañan. Son tantos los embistes telefónicos que Zaldívar ha decidido no contestar a ninguno más. Eso sí, preocupada y alarmada por el contenido de un mensaje, decidió telefonear a un amigo en común para ponerle sobre aviso. Hizo bien, pues a pesar de que está seguro, ella tampoco debe olvidar que hubo un día en el que estuvo loca de amor por él.
 
Esperando a que ocurra algo
 
Ahora, en mitad de la marea que les aleja, Juan prefiere mantenerse al margen de todos los comentarios. Sabe que, en esta historia, es la persona más débil y que, de alguna forma, su aspecto dócil y aniñado despierta la ternura de propios y extraños. Está esperando a que pase la tormenta. Pero tendrá que aguardar. Ya intentan colocar nuevas fotografías en las que Cabanas y Zaldívar mantienen alegres charlas. Parecen cómplices, aunque en sus únicas declaraciones, concedidas a este periódico, negó mantener relación sentimental alguna con el fornido mocetón. Sólo el tiempo, enemigo de la falacia, dará y quitará razones. Hasta entonces, intentan que la sangre no llegue al río. ¡Pobre!
 
Por Saúl Ortiz