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El famoso ex marido de Karina ha tenido que cerrar su centro de peluquería

Juan Miguel cambia la peluquería por el geriátrico

Septiembre 23, 2009

La crisis también le ha afectado. Ha tenido que cerrar su peluquería en Castellón para poder seguir viviendo con tranquilidad. Juan Miguel corta y peina en un geriátrico.

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Saltó a la popularidad el día en el que se arrejuntó sentimentalmente a la cantante Karina. Desde aquel entonces, su peculiar forma de ser y su aspecto circense le dieron alas en el mundo del corazón. Tras su separación matrimonial, Juan Miguel fue uno más de esos personajes casposos que pulularon durante cerca de un lustro por la pequeña pantalla nacional. De Karina sólo le queda el recuerdo y la hija que nació del amor entre ambos. Habrá que esperar para conocer cómo quedará su relación el día en el que la cantante publique su biografía que estos días ultima la periodista Joana Morillas, quien conoce al dedillo todos los entresijos de tan chirriante romance. En ese libro, que a buen seguro será uno de los más vendidos, la intérprete arremete contra todo aquel que le hizo daño. Y el estilista se llevará lo suyo. Mucho aguantó. Ahora, la vida de Juan Miguel es muy distinta. Dicen que se ha fundido todos los millones que se embolsó paseando su larga y lacia melena por los platós de televisión. Durante años fue azote pasional de la cantante e incluso llegó a participar en un programa de televisión en el que acabó intimando con una Tamara Seisdedos algo trasnochada. Insisten que el castellonense no supo ahorrar lo suficiente, y tuvo que cerrar a calicanto su espectacular peluquería, cuya clientela le dio la espalda. Sin embargo, lejos de achantarse ante las inclemencias del destino, Juan Miguel se ha reciclado. Ha dejado de lado sus ínfulas y aspavientos televisivos para peinar y cortar en un geriátrico de Castellón. Allí hace reír a los ancianos que pasan por sus manos y conversa con ellos para que sus días transcurran con mayor alegría. Lo tiene fácil, pues el caballero del bigote frondoso hace reír hasta con la boca cerrada. Habrá que buscar en el baúl de los recuerdos. ¡Ay!
 
Por Saúl Ortiz (saul@extraconfidencial.com)