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Será operado el 14 de septiembre

José Ortega Cano: “Sigo confiando en la justicia”

Septiembre 1, 2011

El matador desconfía de la veracidad de la filtración del informe policial definitivo. Será la próxima semana cuando los abogados de ambas partes serán notificados. El próximo catorce de septiembre, José se someterá a una intervención quirúrgica.

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No será hasta la próxima semana cuando los abogados de José Ortega Cano y Carlos Parra reciban el atestado policial definitivo que esclarecerá lo que ocurrió la noche en la que el automóvil del matador chocó frontalmente con el del fallecido. No es oficial, por tanto, el informe que la revista Interviú publica esta semana. Una filtración que ha sorprendido a todos, sobre todo porque el juez que instruye el caso no ha dado traslado del expediente ya que se encuentra de vacaciones: “Yo creo en la justicia, no sólo es que crea sino que confío con que será ecuánime con lo sucedido. De momento, a pesar de que se haya filtrado el informe definitivo, yo sólo puedo pensar en que eso no es cierto. Cualquiera ha podido dar a conocer una información similar, sin prueba alguna”, me confesó con voz afectada José Ortega Cano. Aunque ha sido la cornada más grave de su vida, no es la primera vez que se somete al veredicto mediático. Es, sin duda alguna, el más peligroso.
José ha adoptado una posición más que correcta. Es cauto y sincero en sus contadísimas manifestaciones en los medios. No se entienden los hilarantes debates en los que se cuestiona su tristeza por confesar públicamente que siente desasosiego e incredulidad ante lo sucedido. Acaso no son más dolorosas e injustas las valoraciones que algunos familiares del fallecido realizan a través de cartas remitidas a contertulianos o mediante las redes sociales. Esas declaraciones son, sin duda alguna, provocadoras y ciertamente desconcertantes. Advierten que prefieren mantenerse en el anonimato, pero sin embargo azuzan al público para incitar mayor contrariedad. No es necesario apuntar que, en el caso de Ortega Cano, es casi una obligación que se entregue a sus seguidores y les cuente cómo se siente en estos momentos. Apuñalan sin ton ni son. Buscan en él reacciones que jamás van a encontrar. Apenas sigue programas de televisión ni lee comentarios vilipendiadores de quienes le llaman asesino sin ruborizarse. No valoran su situación anímica. Tampoco que él ya haya empezado a cumplir una condena que será de por vida. Convivir con un sentimiento de culpabilidad tan marcado debe ser atormentador. Es lo que más preocupa a sus familiares más íntimos. Son conscientes de que ni siquiera la ayuda profesional va a conseguir borrar de forma definitiva tan alarmante sensación. Por eso le intentan mantener lo más alejado posible del bullicio televisivo.
Lo que sí conoce –por voluntad propia- son los movimientos que su abogado Jesús Zapatero realiza en los tribunales. Se reúne con él de forma habitual, se confiesa y pregunta qué va a pasar. Zapatero es un especialista en asuntos similares. Un abogado serio, eficaz, pero sobre todo un hombro en el que el diestro se apoya siempre que lo necesita. No es el único asesor al que confía todos sus miedos y dubitaciones. Su sobrino Paco se ha convertido, por arte de birlibirloque, en su máximo referente. Paco le aconseja y le guía. Por eso no dudó en intervenir telefónicamente en un programa de televisión para defenderle de unas oportunistas acusaciones. Es patético aprovechar el momento para abrir fuego contra él. Y más aún la moralina difusa e impermeable de quienes lo consienten. Ortega sigue siendo el de siempre. A pesar del chaparrón, seguirá protegiendo a sus familiares más cercanos. A ellos está más unido, si cabe, desde el terrible suceso. Las rencillas del pasado no tienen ya sentido alguno, aunque se empeñen en actualizarlas por un simple interés comercial. Tampoco romperá relaciones con los Mohedano, a pesar de los pesares.
En medio del polvorín mediático, Ortega Cano intenta reponerse de sus dolencias físicas. A los ejercicios de fisioterapia que realiza en su residencia de Fuente del Fresno, el matador se someterá, el próximo catorce de septiembre, a una intervención quirúrgica para retirarle el ano artificial que le colocaron tras el accidente. Será después de la operación cuando José preste declaración, a pesar de que no sería necesario. Fuentes de total solvencia me aseguran que, en el peor de los casos, el matador responderá por sólo un delito y será condenado a la mínima pena. En su caso, José Ortega Cano no iría a prisión por carecer de antecedentes penales. Déjenle vivir.