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Apenas nadie le visita y sólo sale ya de su dormitorio para ir a la sala de estar

José María Ruiz Mateos se consume ante el daño psíquico y el abandono familiar

Enero 19, 2014
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El próximo día 11 de abril José María Ruiz-Mateos cumplirá 83 años. Muy lejos quedan esos años de bonanza, de esplendor, de unidad familiar y de extravagancias del empresario gaditano. Sus disfraces, el cariño de sus hijos, de su mujer, de sus más de cincuenta nietos, han quedado en el olvido. Eso, al menos, es lo que hoy se vive en el domicilio familiar, otrora brillante cuartel general de sus negocios de Nueva Rumasa. Un chalé, ubicado en la calle Alondras de Somosaguas (Madrid), donde el empresario se refugia ahora en las horas más difíciles de su existencia y de donde prácticamente ya no sale para nada. Ya no pisa ni siquiera su célebre despacho de Somosaguas, aquel donde se firmaban todas las operaciones especulativas de Nueva Rumasa. Apenas se maneja de su dormitorio a la sala de estar en la planta baja, donde tiene una televisión y una estufa con la que se calienta. Calentar la mansión de Somosaguas cuesta mucho dinero, consume mucho gasóleo y sus cuentas se pueden dispara a 800 o 900 euros mensuales, por lo que la calefacción apenas se enciende. Los pasillos están silenciosos, sin gente, sólo rodeados de muebles y cuadros con la etiqueta del juzgado, que los ha embargado, aunque algunas fuentes indican que varios de ellos han sido vendidos por la familia.

Casi sin llamadas ni visitas

Los teléfonos apenas ya suenan, los han cambiado de número; el empresario no recibe casi ninguna visita, salvo la compañía de su vecino, el abogado Antonio García Trevijano, que es su compañero de charlas donde repasan la actualidad de estos años atrás como queriendo recordar tiempos mejores. Pero lo que antes era un ir y venir de empresarios en busca de boyantes negocios ahora es prácticamente un cementerio. Ya no hay jardineros que cuiden la piscina, cuyas aguas verdosas tienen alguna que otra rana. Pero a pesar de la enfermedad de parkinson que sufre, la medicación que toma mantiene la enfermedad muy controla, por lo que su cabeza rige perfectamente, no así sus fuerzas físicas. Cuentan quienes lo han visitado que “te recibe de pie, pero enseguida se cansa y se tumba. Recientemente ha tenido un derrame en uno de sus brazos, quizá por no haber tomado las pastillas correspondientes”. Su estatura dicen que ha menguado y que desgraciadamente ya no escucha todo lo bien que le gustaría. Vive en una gran soledad, aunque estos días está residiendo en la mansión de Somosaguas su mujer Teresa Rivero, con la que se casó en 1958 y con la que tiene 13 hijos, que ha venido a pasar las fiestas navideñas, a ver a sus hijas y nietos y a pasar el invierno, pero pronto marchará de nuevo para Jerez donde reside junto a su hija mayor Socorro. Teresa Rivero cuando está en Madrid hace su vida aparte. Dicen “que está, pero nunca está”. Ella hace su vida en la planta de abajo del domicilio familiar, donde se encuentra la cocina y el salón comedor, sus principales refugios. Y apenas entra en la salita de su marido. Ya desde hace varios años, Teresa Rivero y José María Ruiz-Mateos mantienen habitaciones separadas.

Nochevieja enfrentada

Esta pasada nochevieja la familia se reunió por fin en la casa de Somosaguas, pero el patriarca apenas salió de su habitación. Cuentan que no quería ver a sus hijos José María, Javier y Alfonso, con los que no se habla y ni le cogen el teléfono. A esta fiesta familiar no acudieron, sin embargo, Begoña, enfrentada radicalmente a sus hermanos, ni Socorro, la más independiente que vive en Jerez, ni Zoilo, el hijo varón mayor, la gran decepción de su padre, y cuya salud no es la más adecuada. Además, su mujer Carmen Fernández Durán y Soto, perteneciente a una de las familias de la aristocracia de Andalucía, nunca ha perdonado a su suegro que no fuera a la boda de su hijo, lo que consideró un gesto de desprecio hacia ella y los suyos. Desde entonces, no quiere saber nada con José María Ruiz Mateos.

Según relatan a Extraconfidencial.com, las personas cercanas al empresario otrora dueño de Rumasa: “Don José Maríaestá perdiendo las fuerzas poco a poco. Se va consumiendo, mientras está sufriendo un grave daño psíquico. Le gustaría poder pagar las deudas a toda la gente que ha confiado en él, pero eso va a ser ya casi imposible. La soledad es lo que peor lleva. El vivir sin ruido ni bullicio, como ocurría hace tan solo unos años, es su tumba. Es su depresión permanente. Es ya  como un juguete roto”.

Sólo su hija Begoña es la que más cerca está de él. Tiene una señora que le hace la comida y se queda a dormir por las noches “por si le pasa algo y no esté solo”. Por las tardes acude a verlo la peruana Susana Garcia Ampuero, quien ha sido una de los principales testaferros de la familia Ruiz-Mateos, con cerca de 60 sociedades en su día bajo su aparente gestión. Lo que sí es evidente es que la llama del patriarca de los Ruiz Mateos se apaga cada día más entre el daño psíquico y el abandono familiar. Está solo, enfermo y sin fuerzas para salir de un agujero donde se introdujo con la ayuda de sus hijos, en los que confiaba y creía. Y que ahora le han dejado apartado, con el único lema de “sálvese quien pueda”.

Juan Luis Galiacho
juanluisgaliacho@extraconfidencial.com