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Canónigo que preside el cabildo catedralicio, el órgano que administra la catedral

José María Díaz, deán de la Catedral de Santiago: “La desaparición del Códice fue una sombra negra sobre la fiesta del Apóstol…. Su recuperación, una intercesión divina”

Octubre 1, 2012

“Manuel Fernández Castiñeiras tiene dos caras, la del hombre devoto y la obsesiva de poseer y acaparar cosas”

 

“Los facsímiles de Libros de Horas robados eran dos copias, no los originales como muchos medios apuntaron. Los teníamos guardados para realizar algún obsequio, cubiertos con un estuche de bella factura. Cuando abrimos las cajas para hacer la entrega nos encontramos con que estaban vacías”

 
“Hay ignorancia generalizada, algunos periódicos ilustraron noticias sobre el manuscrito con imágenes que no tenían nada que ver con el Códice”


Tras 364 días en paradero desconocido y un millar de quebraderos de cabeza para la diócesis compostelana, la justicia y las fuerzas del orden, resignados muchos de ellos a un destino infausto, el Códice Calixtino, joya bibliográfica gallega por excelencia -junto al Libro de Horas albergado en el Palacio de Fonseca de Fernando I de León, datado en torno al 1055- y uno de los cuatro códices más valiosos entre los custodiados por la Iglesia española, aparecía entre polvo y olvido en un garaje de Milladoiro, localidad situada en el extrarradio compostelano.

En los aledaños de la Catedral con más solera de España se abarrotan peregrinos, feligreses y curiosos. A los atractivos habituales de la seo se suma ahora un nuevo reclamo, la exposición del recientemente recuperado Códice Calixtino, tras 19 años sin salir a la luz pública. En el Pazo de Xelmírez luce ahora un facsímil de celosa precisión que ya han contemplado más de 23.600 personas. El tesoro original e incunable de la Catedral –expuesto durante una semana- congregó a más de 12.800 visitas. Ahora, el Códice toma asiento en la Cidade da Cultura de Galicia, en una exposición que permanecerá abierta hasta el 6 de enero de 2013 y que reúne 12 códices originales –datados entre los siglos IX e XV- que por primera vez son exhibidos juntos al público. Una muestra que el deán de la Catedral, José María Díaz, ve con muy buenos ojos y considera que “puede ayudar y se quiere que ayude” a elevar las cifras de visitantes al complejo del Gaiás. “El componente religioso que une al Códice y a la Cidade da Cultura es inexorable”, dice, recordando la peculiaridad de la obra de Peter Eisenman que emula la silueta de la concha de Santiago en sus cubiertas.

Un caso en manos del juzgado

Enfundado en la clásica indumentaria del clero, el deán de la Catedral aguarda a los presbíteros que acaban de oficiar la eucaristía. Se muestra apenado por el percance, pues muchas han sido las opiniones infundadas que algunos medios han recogido sobre su persona, pero reconstituido y enérgico para llevar adelante los programas que prepara la Catedral de Santiago. Diligente y presto a colaborar, no pierde un ápice de su dedicación inquebrantable:“todo esto nos ha afectado mucho pero me encuentro con fuerzas renovadas para seguir trabajando en todos los proyectos que planeamos para el futuro próximo”. Tras un año de calvario en el que incluso el deán renunció a su cargo como Archivero de la basílica compostelana, el Códice está en casa.

José María Díaz rehúsa entrar en términos judiciales, “eso depende de los fiscales”, dice, pero manifiesta su confianza en que el asunto finalice cuanto antes y que pueda cerrarse el caso prontamente en el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia. Un caso que en este momento se encuentra en punto muerto, a expensas de los resultados del examen psicológico que se ha practicado a Manuel Fernández Castiñeiras -ex electricista de la Catedral y autor confeso del robo-. El deán no sale de su asombro y se pregunta cómo “una persona que oye misa durante 25 años por la mañana y asiste a la adoración eucarística por la tarde puede comportarse de ese modo”. “Esa actitud no se concibe como hipocresía, refleja una doble personalidad”, comenta. Según José María, “este hombre posee dos caras, la del hombre devoto y la obsesiva de poseer y acaparar cosas”.

Sobre las acusaciones que el inculpado ha lanzado hacia su figura -acerca de una posible connivencia en el robo-, el deán incide en que “el juez dictaminará lo correcto”. Esta versión de los hechos –apuntada por Manuel Fernández Castiñeiras– en la que el acusado muestra una clara animadversión hacia el Cabildo de la Catedral, ha sido desechada desde un primer momento por la investigación del caso ya que, según fuentes de la misma, aseguran que “contó dos o tres versiones” con declaraciones “totalmente incoherentes”.    

Un robo oportunista

Muchas informaciones se han vertido desde que el pasado 5 de julio de 2011, el técnico medievalista del Archivo, José Sánchez se percatara de que el Códice había abandonado su lugar habitual. Desde aquellas, elucubraciones hipotéticas e informaciones confusas han abrumado a la prensa nacional e internacional. Una cosa es segura, Santiago de Compostela, su peregrinación y su Códice, han sacado lustre a la posición que ocupan en el mapamundi. El Calixtino y su intrahistoria se eleva a rangos insospechados, codeándose con grandes nombres como la Gioconda, el diamante Hope o el libro de Kells, enajenados de sus poseedores y más tarde recuperados.

Cuando es preguntado por el balance final del robo -con el Códice indemne y toda la promoción gratuita que generó sobre la Catedral y su historia- el deán asegura que supuso “una ocasión para que todo el mundo lo conozca y sepa de su contenido y su valor múltiple”. Además habla de una “ignorancia generalizada” ya que algunos periódicos “ilustraron noticias sobre el manuscrito con imágenes que no tenían nada que ver con el Códice”. 

Recapitulándose a los orígenes de la desaparición del libro, el deán recuerda cómo aquel infame 5 de julio de 2011 se cernió “la sombra negra sobre la fiesta del Apóstol” para un año después reaparecer, algo que sin duda asocia a una “intercesión divina”. El deán encuentra también un hueco para el humor y recuerda como se descubrió la falta de dos facsímiles de Libros de Horas cuyos originales se encuentran en la Biblioteca Nacional, “eran dos copias, no los originales como muchos medios apuntaron. Los teníamos guardados para realizar algún obsequio, cubiertos con un estuche de bella factura. Cuando abrimos las cajas para hacer la entrega nos encontramos con que estaban vacías”.

“Fue una ocasión también para exponer la necesidad de custodiar el patrimonio”, comenta. Respecto a este punto, encomia la labor de una junta interdisciplinar con las diócesis de Galicia para la protección de los archivos eclesiásticos y recuerda el proyecto Iglesia Segura – Cultura protegida, propuesta de reforma legislativa elaborada por al Fiscalía Superior de Galicia en materia de seguridad preventiva contra la delincuencia relacionada con los objetos religiosos, que según el eclesiástico, “va hacia adelante”.

Jesús Prieto