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El cántabro da plantón a la Justicia tras haber sido denunciado por amenazas de muerte

José Campos: “Te mato, hijo de la gran puta”

Noviembre 20, 2008

Tras interponérsele una denuncia por amenazas de muerte, José Campos optó por no acudir al juicio que se celebró en los Juzgados de Plaza de Castilla. Vaciló a la justicia.

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Once y cuarto de la mañana. José Campos está citado como denunciado en el juicio por amenazas de muerte que se celebró en los juzgados de Plaza de Castilla. En el interior de la inmensa sala repleta de banquitos de madera, periodistas de renombre, estudiantes de derecho y miradas indiscretas esperan impacientes la llegada del cántabro. No acude. Un escrito remitido al juez instructor del caso le sirve como excusa. En él, Campos insiste en que es inocente de cuanto se le acusa y se declara desconocedor de las faltas que se le imputan tras amenazar de muerte a este que les escribe. El marido de la Nietísima zarandeó a la Justicia, quién sabe si porque le coincidía con los ejercicios preparatorios para alzar el brazo y cantar el ‘Cara al sol’ en el aniversario de su muerte. Algo huele a podrido en esa familia que debería arrodillarse y pedir perdón. Devolver lo que no es suyo y evitar ostentaciones humilladoras y barriobajeras. Sin embargo, siguen siendo altivos y distantes. Quizás por eso José decidió no personarse en los tribunales. Durante el juicio se aportó la grabación de la conversación telefónica en la que José Campos amenazaba con darme muerte en cualquier momento, así como tuvo lugar la testifical de una persona que presenció la conversación telefónica en la que el empresario se mostraba absorbido por una agresividad y violencia de la que ya me habían advertido. Todavía retumban en mi cabeza las declaraciones que me concedió con respecto a su conflicto con Jimy Jiménez Arnau. Parece que estaba dispuesto a organizar una cita en un callejón para resolver, por su cuenta y riesgo, todo lo que estaba sucediendo. Enseñarle, al parecer, cómo resuelven los de la calle los problemas.
 
Las amenazas
 
Todo ocurrió el pasado verano. Cuatro y media de la tarde de hace unos cuantos días. Pleno directo en Telecorazón. La pantalla de mi teléfono móvil parpadea intermitentemente. Al otro lado, la voz de José Campos es fuerte y nítida. Ante mi asombro, el cántabro reconoce estar atravesando una crisis con su mujer, la aristócrata Carmen Martínez Bordiú debido a sus innumerables viajes en solitario y a que José está obcecado con su trabajo en el Rácing de Santander. “Malos tiempos para el amor”, le susurré con cierta reminiscencia. A los pocos minutos de la publicación de la noticia, compañeros de diversas cadenas de televisión marcaron apresuradamente el teléfono del empresario. José les espetó que “lo que diga Saúl Ortiz, que es un gran periodista y es muy amigo mío, es verdad”. Y, por arte de birlibirloque, llegó el desmentido. José volvió a llamar a mi teléfono privado. Su voz evidenciaba tensión y optó por justificar su tono explicando que Carmencita estaba muy enfadada con su actitud mercantilista y me confesó, sin medias tintas, que estaban preparando una gran exclusiva en la revista del imperturbable saludo: “nunca desmentiré esa crisis porque esa crisis existe” me espetó telefónicamente. No sólo por voz, sino por mensajes que conservo. Lógico, pues el titular del primer artículo únicamente reflejaba sus convincentes palabras, recogidas por un sinfín de programas. Pasadas unas horas, mi teléfono móvil volvió a sonar con ganas. Campos me dijo que se iba de viaje para reconciliarse con su mujer: “Puedes ponérmelo en mi boca. Ella todavía no sabe dónde vamos, pero se lo he regalado y así nos reconciliamos”. Y, esa misma noche, en la inauguración de su nuevo local en Santander, afirmó para “Está Pasando” que de crisis con su mujer, nada de nada. Fue entonces cuando la llamada telefónica que le hice para preguntarle qué estaba ocurriendo acabó en denuncia.
 
Sus palabras, llenas de ira y desesperación me advirtieron de su agresividad: “Te mato hijo de la gran puta, te voy a reventar la cabeza cuando te vea”. Y mucho más. Durísimas afirmaciones que puse en conocimiento de la policía y que logré grabar con un teléfono móvil. Poco tiempo después, Jaime Gadchet Peñafiel aseguraba en televisión que Campos había pronunciado esas palabras en un arrebato. Es él. No hay duda. Ahora lo niega, y dice que jamás habló conmigo. Incierto, todavía conservo los mensajes en los que me filtraba información para sacar tajada: “Estamos cenando en este restaurante, manda un fotógrafo si quieres”. Sin embargo, en abril de este mismo año me propuso un montaje. Dar información errónea para abultar su cuenta corriente. Me negué, tal y como queda recogido en los artículos e intervenciones televisivas que hice durante toda aquella época. Pretendía que aireara que su relación, por aquel entonces estable, estaba al borde del fracaso: “Si dices que estamos bien, no vende. Tu monta el lío que te compensaré”, dijo en un SMS que también guardo. Esa es la única verdad.
 
Por Saúl Ortiz