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John Wayne Gacy, el payaso asesino que violó y asesinó a 33 hombres porque le “excitaba” y condenado a 21 cadenas perpetuas y 12 penas de muerte

Diciembre 17, 2015
FILE PHOTO -- This is John Wayne Gacy's police arrest photo from Dec. 21, 1978. Following intensive research, investigation and surveillance, Gacy was arrested by the Des Plaines (Ill.) Police Department on Thursday, Dec. 21, 1978. After being charged with and serving time for 33 murders, Gacy was executed in 1994 by lethal injection. Today, Monday, Nov. 23, 1998, technicians began preliminary work on a possible excavation at an apartment building on Chicago's Northwest Side in search of as many as four more possible victims of the mass murderer. The apartment building at one time, was the home of Gacy's mother, and Gacy had done some construction work there. The information regarding the location was recently released from a retired Chicago police officer who said he had seen Gacy carrying a shovel near the area at about 3 a.m. one day in 1975. The former officer reportedly thought little of the Gacy sighting until three years later, when Gacy was charged with 33 murders. The apartment building is about four miles away from Gacy's house. (Des Plaines Police Department, Tim Boyle)

John Wayne Gacy era un hombre de negocios dedicado en cuerpo y alma a su familia y a hacer prosperar su empresa de albañilería. Además, tenía un espíritu claramente altruista y dedicaba su tiempo libre a organizar las fiestas vecinales más famosas de la zona y vestirse de payaso para animar a los niños ingresados en el Hospital local. Todo ello le convertía a ojos de la sociedad en un ciudadano ejemplar. Tanta confianza generaba que incluso se presentó como candidato a concejal. La gente le adoraba. Claro que, lo que todos ellos no sabían es que, bajo esa apariencia que se afanaba en proyectar, se escondía un sádico asesino en serie que violó y mató en menos de siete años, de 1973 a 1978, a un total de 33 hombres, cifra que podría aumentar según las últimas palabras del criminal.

Wayne, también conocido como “Pogo”, nombre del personaje que él mismo creó para sus visitas hospitalarias, o “El payaso asesino” enterró a 26 de sus víctimas en el semisótano de su propia casa, otras tres en otros espacios de la vivienda y otras cuatro en un río cercano a su vecindario. Una vez se descubrió los crueles actos que había llevado a cabo, algunos de los asistentes a sus multitudinarias fiestas comentaron que el jardín del delincuente siempre olía mal, que era la comidilla del barrio que un terrible hedor fluía por las calles aledañas a su hogar. Sin embargo, él aseguraba que era un olor que se filtraba desde un vertedero cercano y todos le creyeron. Nadie imaginó, ni siquiera su segunda mujer que convivía con él, que se trataba de restos humanos putrefactos.

Biografía

Gacy nació el 20 de junio de 1900 en Chicago, Illinois, y fue el único hijo varón y segundo de los tres hijos del matrimonio formado por Marion Elaine y John Stanley Gacy. Durante su infancia estuvo bastante unido a su madre y hermanas y no tanto a su padre, un maltratador alcohólico que no dudaba en emplear una excesiva fuerza física con él llegando a pegarle con un cinturón de cuero.

El asesinó intentó que su padre se sintiese orgulloso de él durante su adolescencia, pero lo único que consiguió fueron humillaciones e insultos como “maricón”.  Tanta era la violencia que experimentó por parte de su progenitor que con 11 años le golpeó en la frente y le formó un coagulo de sangre en el cerebro que no descubrieron hasta que con 16 años comenzó a sufrir desmayos.

Asistió a un total de cuatro Colegios y trabajó en diferentes Estados antes de regresar a Illinois donde acudió a una escuela de negocios y comenzó una exitosa carrera como vendedor de zapatos en Springfield. Posteriormente, se mudó a Waterloo, Iowa, donde fue gerente de una Cadena de Kentucky Fried Chicken y conoció a su primera mujer, que se divorció de él después de que fuese sentenciado a 10 años de prisión al ser declarado culpable por abuso sexual de menores en 1968. Tan solo estuvo en la cárcel 18 meses por buen comportamiento.

Una vez libre, regresó a Illinois ocultando sus antecedentes, compró una casa, estableció su propio negocio, Maintenance Contractors, se casó por segunda vez y se convirtió en ese ciudadano ejemplar del que nadie hablaba mal y al que todo el mundo admiraba. A diferencia de su propio padre, el criminal trató siempre de manera correcta a sus hijos y no ejerció nunca ningún tipo de violencia contra ellos. Eso sí, tener menores en casa no hizo que se replantease matar a adolescentes de su misma edad de un modo cruel y eficaz, sin remordimientos.

Los asesinatos

Gacy mató a 33 hombres. Resulta complicado comprender cómo alguien obeso y con tan poco movilidad fue capaz de atraer y asesinar a jóvenes deportistas, fuertes, con una capacidad física claramente superior a la suya.

El asesino tenía su nicho en las zonas en las que se encontraban los homosexuales o las estaciones de autobuses donde ofrecía llevar en su coche a los jóvenes que veía solitarios y parecían perdidos. Otra opción era engañarles prometiéndoles un empleo en su negocio o hacerse pasar por un Policía. Una vez les tenía en sus garras, el modus operando era el mismo: abusaba de ellos y les estrangulaba hasta acabar con su vida.

No obstante, no mataba a todos. En ocasiones dejaba a sus víctimas con vida. Ese es el caso, por ejemplo, de David Cram, un empleado suyo de tan solo 18 años que se fue a vivir con él del que intentó abusar, emborrachándole y poniéndole unas esposas, y que logró escapar gracias al pasado en el Ejército del muchacho.

El siguiente en salir con vida después de un encuentro con Gacy fue Robert Donnelly, al que secuestró a punta de pistola para llevarle a su casa, torturarle y violarle. No obstante, en lugar de estrangularle hasta la muerte como había hecho con los anteriores, decidió dejarle libre. Donnelly le denunció ante la Policía, pero el criminal salió impune alegando que se trataba de sexo sadomasoquista consentido.

Lo mismo le ocurrió a Jeffrey Rignall, al que drogó con cloroformo, una vez subió a su coche cuando le ofreció marihuana, violó y torturó, dejándole inconsciente cada vez que despertaba, y, finalmente, dejó bajo una estatua del Lincoln Park de Chicago. Rignall también denunció a Gacy, pero la Policía no le dio mucha credibilidad por tener demasiadas lagunas en su historia y creyeron que trataba de ensuciar la reputación del “ciudadano ejemplar”.

De esta manera, por extraño que pueda resultar, ninguno de los supervivientes puso a la Policía tras la pista de Gacy a pesar de ponerle hasta dos denuncias por ello. Fue la desaparición de Robert Piest, de 15 años, el 12 de diciembre de 1978, lo que le condenó, ya que había testigos que situaban al desaparecido con el “ciudadano ejemplar” camino a una entrevista. Los Policías tan solo necesitaron una orden judicial para entrar en la casa de Gacy y descubrieron numerosos artículos que le relacionaban no solo con las investigación que tenían entre manos si no con numerosas más.

Finalmente, el propio Gacy confesó los crímenes el 22 de diciembre de 1978, indicando la ubicación de 28 de las 33 víctimas a la Policía, de los cadáveres que se encontraban en su hogar. Los otros los había arrojado al río y no sabía el punto exacto en el que se encontrarían. Siete de las víctimas nunca fueron identificadas. Preguntado por los Agentes sobre el motivo que le llevó a matar, declaró que se excitó, hasta el punto de tener un orgasmo, la primera vez que accidentalmente clavó un cuchillo en un chico y observó como la sangre manaba de la herida. Eso era todo. Ninguna justificación más.

Juicio: 21 cadenas perpetuas y 12 penas de muerte

Gacy intentó alegar desorden mental para no enfrentarse a la pena capital. Sin embargo, los estudios psiquiátricos tiraron por la borda esa versión. Estaba mentalmente sano. Había hecho todo a conciencia. También intentó librarse de la pena de muerte alegando que las muertes fueron accidentales por asfixia erótica durante las relaciones sexuales. No obstante, el forense del condado demostró que su testimonio era imposible y falso.

Finalmente, el 13 de marzo fue sentenciado a 21 cadenas perpetuas y 12 penas de muerte. Fue ejecutado por inyección letal el 10 de mayo de 1994 y sus últimas palabras fueron “¡Bésenme el culo! ¡Nunca sabrán dónde están los otros!”, sembrando la duda de si existían o no más víctimas de este cruel asesino que nunca fueron encontradas.

Alexandra Manzanares