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Tras el escándalo de su supuesta paternidad, el bailaor busca consuelo en su ex novia

Joaquín Cortés y Marisa Jara, al borde de la reconciliación

Octubre 7, 2007
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A Joaquín Cortés, mozo prototípico de belleza sureña, le vuelve a sonreír el corazón. O al menos, eso parece. Tras desentenderse de la paternidad del bebé que espera Katie Asumu, su ex secretaria personal y amante durante dos intensos meses, el bailaor desea volver a sentirse cerca de la modelo Marisa Jara, saborear sus besos y compartir sueños e ilusiones como si nunca antes se hubieran dicho adiós.

Armas de seductor

Cortés está utilizando todas sus armas de seducción para intentar que la mujer de la amplia sonrisa vuelva a palpitar por él. Así pues, el pasado jueves, Marisa y Joaquín disfrutaron de una taquillera película en una de las salas de cine con menos afluencia pública en las afueras de Madrid. Estaban solos, sin más amigos. Entretenidos con la película, hay quienes sacaron conclusiones -quizás algo arriesgadas- que sirven para evidenciar la confianza con la que se trataron durante ese encuentro, nunca fortuito, que se alargó toda la noche.
Marisa y Joaquín disfrutaron, como una pareja más, de una velada de asueto, risas y confidencias al oído. Parecía un coqueteo -si acaso intento de reconquista- del bailaor hacia la mujer junto a la que protagonizó un idilio no sólo tempestuoso, sino también inestable. Una de aquellas relaciones de amor y odio que hacen enloquecer. Sus más cercanos cavilan acerca del momento en el que decidirán retomar, seriamente, esa relación. Aunque con el bailarín, nunca se sabe.
 

Defendiendo y arriesgando en pos del amor

 La persiguieron de forma incansable hasta que decidió acudir a la presentación de la última película de Antonio Mercero. El testimonio de Marisa Jara resultó algo más que chocante al asegurar que el bailarín nada tenía que ver con el embarazo de la que, hasta el momento, había sido su secretaria personal. Recuerdo que aquella noche, la Jara estaba algo más nerviosa que en otras ocasiones. Como desplazada e insegura. Contuvo la respiración y decidió aceptar la petición que, días antes, le había hecho el artista en una sincera conversación telefónica. Joaquín creyó que resultaría positivo –e incluso liberalizador- que Marisa desmintiera públicamente su arte y parte en el bebé que espera Katie.
Y lo soltó aún temiendo una pregunta que le podría haber incomodado e inmiscuido más de la cuenta en un asunto que nunca fue de su incumbencia. Suerte que a los reporteros apostados a las puertas del cine Palacio de la Música de Madrid cuasi no les dio tiempo a reaccionar y cuestionarle sobre el porqué de su absoluto convencimiento. Hubiera sido de traca.
 

Por Saúl Ortiz