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Mientras Andrea Casiraghi legitima a su hijo con una boda de lujo carente de realeza auténtica

Javier Ayuso, jefe de prensa de Zarzuela, discriminó a la prensa digital a un desayuno fuera de agenda que busca aquietar las aguas a escasos días de la polémica declaración de la destruida infanta Cristina

Febrero 3, 2014

Mientras llueve torrencialmente sobre el palacio de la Zarzuela, los Grimaldi de Mónaco se han entregado a tres días de lujo y derroche para la boda religiosa del primogénito de la princesa Carolina, Andrea Casiraghi, con Tatiana Santo Domingo en el corazón de la Suiza de los ricos y famosos. Una extraña elección a notable distancia del principado de Mónaco donde, según nos cuentan, hace ya meses que la singular princesa Charlene sigue un tratamiento de fertilidad con la finalidad de dar a su esposo el ansiado heredero. El lugar escogido fue Rougemont, un pequeño pueblo rodeado del verdor de los Alpes en el que no faltan magníficas villas de la gran sociedad internacional y de algunos príncipes como aquel viejo conocido Nicolás Romanoff, a escasa distancia de la prestigiosa estación de esquí de Gstaad.

Dos días antes, y de forma sorprendente, Andrea y Tatiana bautizaron allí mismo a su hijo Sacha, hasta ahora inexistente para la sucesión monegasca por la ausencia de matrimonio religioso de la pareja, como preámbulo a unas festividades en las que si algo se echó en falta fue la auténtica realeza europea en un entorno de lujo y derroche propio de las películas de James Bond en los tiempos de aquel Roger Moore tan amigo de la princesa Grace. Días de vino y rosas como corresponde a estos herederos de las fortunas Grimaldi, Santo Domingo y Casiraghi, que comenzaron en la noche del viernes con un “fondue party” en el The Eagle Ski Club para los 350 exclusivos invitados inspirada en la película “La Pantera Rosa”. Una noche festiva a 1.500 metros de altura protagonizada por los jóvenes con música tradicional, brindis, copas y esquí con antorchas en la mano por la pista de Eggli.

Famosos en lugar de príncipes y princesas

En ausencia completa de la realeza europea tanto reinante como no reinante con excepción de los propios Mónaco, del príncipe Nicolás de Grecia y del príncipe Christian de Hannover, hijastro de Carolina, allí estaban los hijos de la grandes fortunas del mundo como Eugenia Niarchos, modelos y guapos de renombre como Elisa Sednaoui, actrices como Uma Thurman, diseñadores como el ubicuo Valentino (creador del traje de la novia), y un gran número de nobles y aristócratas llegados de Italia, Francia y España como Bianca Brandolini, Corso Serra di Cassano, los príncipes Pierre y Silvia de Arenberg, Fabrizia Ruffo di Calabria, Alejandra Rojas, Borja Benjumea, o Juan Figueroa y Sayn-Wittgenstein-Sayn, sin olvidar a las grandes fortunas llegadas desde Nueva York y Colombia. Todos ellos hospedados en los hoteles más exclusivos de la zona, el Grand Hotel Bellevue, Le Grand Chalet Hotel y el The Alpina en el que los recién casados pasaron la noche de bodas en un gran dúplex de tres dormitorios con spa privado cuyo precio es de 17.000 euros por noche. Y la boda llegó el sábado por la tarde en la pequeña iglesia de Rougemont en medio de extremas medidas de seguridad (coches de cristales tintados y grandes paraguas negros para ocultar los rostros) que han impedido que todavía ayer domingo por la tarde no hubiese fotografía oficial alguna. Una inexplicable forma de actuar que casa con el singular comportamiento de los Grimaldi en los últimos tiempos, y que no hace sino contribuir a la expansión de rumores pues los grandes ausentes fueron la princesa Charlene y el actor francés Gad Elmaleh (tenía una actuación en París), padre del hijo de Carlota Casiraghi, y la princesa Estefanía, madrina del novio, sólo llegó poco antes de la ceremonia.

Extrañas ausencias que no impidieron que la novia, con vistosa capa de piel y collar de brillantes remontado como diadema perteneciente a su suegra Carolina en el pelo, llegase a la iglesia en calesa y que concluida la ceremonia los invitados gozasen de una magnífica fiesta en el Hotel Palace amenizada por ese prestigioso DJ neoyorkino que es el hermano de la novia.  

¿Renunciará doña Cristina a su rango?

Y cuando unos bailaban, bebían y gastaban fortunas otros más sobrios como príncipes de las Dos Sicilias continuaban manifestando su júbilo por su reciente reconciliación familiar (dicen que el príncipe Casimiro está exultante), y en España ayer lunes el gabinete de prensa del palacio de la Zarzuela recibía a los medios de prensa que habitualmente cubren la información sobre la Casa para uno de los desayunos informales que se organizan allí con periodicidad más o menos quincenal. Un “encuentro nada fuera de lo común y cuya finalidad es tratar asuntos presupuestarios”, según nos clarifican en Zarzuela, pero en el que algunos han querido ver una llamada a los medios afines a la Casa (sólo prensa escrita y no digital) de cara a la polémica declaración de la destruida infanta Cristina en sábado próximo en Palma con informaciones como sacar a la luz el salario de doña Sofía y doña Letizia o el coste de las tres operaciones de don Juan Carlos. No hay duda de que Javier Ayuso y su equipo del gabinete de prensa están absolutamente desbordados con las críticas a la princesa de Asturias llenando los foros de internet, los rumores de crisis entre don Felipe y doña Letizia que ya parecen haber tomado legitimidad pues hasta Zarzuela reconoce altibajos en su relación (en prensa ya se habla incluso de lo que las capitulaciones matrimoniales estipularían para un divorcio), la temida declaración de doña Cristina, y la recurrencia de la conveniencia o no de la renuncia de esta a su rango y a su tratamiento de infanta de España que muchos no entienden que no se haya producido ya para ahorrar tantos quebrantos.

Y de fondo, en los todos los corrillos, el lamento por la “malas bodas” de los hijos de los reyes de las que muchos culpan a doña Sofía, incluyendo al propio don Juan Carlos si creemos las declaraciones que sobre ello hizo ya hace unos años su prima la duquesa Diana de Wurttemberg.   

Ricardo Mateos