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No sale de casa

Isabel Pantoja teme su próximo juicio

Diciembre 30, 2010

Su hijo, Kiko Rivera, se ha convertido también en uno de los problemas a resolver. La relación con él atraviesa su mejor momento, pero Pantoja sigue preocupada por su futuro más inmediato.

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Sobre el escenario no tiene parangón. Es la Reina de la Copla, un género musical que navega a la deriva pero con el que Isabel Pantoja consigue emocionar. Sin embargo, la cantante no atraviesa uno de sus mejores momentos. Enclaustrada en su casa de la Moraleja, Pantoja enjuga sus lágrimas y piensa en el devenir de los acontecimientos que le esperan. El 2011 va a ser su año. Niña Isabel será protagonista absoluta de todo cuanto va a ocurrir, sobre todo porque será el próximo año cuando se le juzgue por supuesto blanqueo de capitales. Me cuentan que Pantoja derrama lágrimas de sangre cuando se acuerda de su próximo juicio. No es que no esté segura de su inocencia, sino que verse rodeada de medios de comunicación ansiosos por recoger su entrada en los tribunales, le agobia sobremanera. Algo parecido le ocurrió hace ya unas semanas cuando acudió a los juzgados a por la citación. Aseguró que el remolino de prensa acabó por romperle el vestido que llevaba puesto. De traca. Por eso, quizás, la cantante ha decidido no salir de casa. Apenas se la ve. Apenas se la escucha. Y no es que su voz se haya quebrado como algunos aseguran, sino que Pantoja tiene el alma hecha jirones. Por alguna extraña razón, ve su futuro difuso, emborronado y eso le produce una ansiedad terrorífica. Ella, que siempre ha tenido una vitalidad incomparable, ahora se encuentra atrapada en una problemática que no cesa.
Su hijo, Kiko Rivera, se ha convertido también en uno de los problemas a resolver. La relación con él atraviesa su mejor momento, pero Pantoja sigue preocupada por su futuro más inmediato. A Kiko se le sigue sin conocer un trabajo estable. No sabe, no contesta. Él sigue empecinado en ser uno de esos humoristas televisivos, pero rara vez consigue arañar un trabajo en la pequeña pantalla. Es muy caro y no empatiza lo suficiente. Quizás debería cambiar de representante y, lo más importante, cumplir con todas sus responsabilidades. Pero no, aunque suene a chirigota gaditana, él está más preocupado en encontrar una de esas novias acolchonadas, que de asentarse en el mundo laboral. Ojo, no hace mal. Al fin y al cabo, la vida está para disfrutarla. Pero sentirse realizado no tiene precio.
Por Saúl Ortiz 
saul@extraconfidencial.com