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Ya hay sentencia: La tertuliana deberá indemnizar a la cantante con 480 euros

Isabel Pantoja se toma con humor la resolución judicial de su batalla contra Mila Ximénez

Julio 1, 2009

Ha sido una larga y costosa batalla. Sin embargo, Isabel Pantoja era consciente de que sería más que complicado vencer en los tribunales. Y no porque no llevara razón, sino porque dejó el caso en manos de Javier Saavedra. Y, con él, llegó el desastre…

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Ha pasado más de un lustro desde que Isabel Pantoja decidiera interponer una demanda contra la periodista Mila Ximénez, a tenor de unas declaraciones que ésta realizó en varios programas de televisión. Aquella fue una época difícil para una Isabelita que asistió impertérrita a un bombardeo mediático que le provocó más de un desarreglo funcional. Lo pasó mal. Derramó lágrimas de sangre ante las duras acusaciones de una mujer que, por aquel entonces, mendigaba cariño y dinero. Mila estaba completamente arruinada. Vivía gracias a la caridad de sus amigos y urdió meticulosamente un plan para volver a salir a la palestra. Lo tenía todo calculado y, a sabiendas de que lo que iba a largar era mentira, se quiso arriesgar. Necesitaba dinero con urgencia. Ahora, tras una sanguinolenta pelea judicial, se ha dictado la sentencia que dará por finalizado una guerra que, durante un tiempo, pareció más importante que el conflicto político por hacerse con Cachemira. La tonadillera deberá ser indemnizada con 480 euros, tras ser víctima de un delito continuado de injurias y calumnias. Así mismo, Mila deberá afrontar una multa administrativa de 6.000 euros como castigo a la vulneración de las medidas cautelares que se le interpusieron al principio del contencioso. Sin embargo, desde el primer día, Isabel fue consciente de que lo tendría complicado en los tribunales. Y no porque su imagen no se viera gravemente dañada tras las vomitonas televisivas de la ex de Manolo Santana, sino porque el escrito que presentó en su contra era un auténtico desaguisado en el que los defectos de forma y las inexactitudes lo hacían realmente imposible.
Por aquel entonces, Pantoja andaba enamorada de un Julián Muñoz que todavía se lavaba las manos frente a las leves acusaciones consistoriales y accedió a que Javier Saavedra, el abogado de los mil sobreros que está desaparecido tras sus últimas patochadas judiciales, le representara en los asuntos relacionados con el derecho al honor e intimidad. Fue un tiempo después, cuando la prestigiosa letrada Graciela Otondo aterrizó en su vida (para encargarse de su presunta implicación en ‘Operación Malaya’), cuando se dio cuenta de que la suya era una lucha prácticamente perdida. Como buena compañera, Graciela prefirió no interferir en la relación de la cantante y el abogado, pero desestimó la posibilidad de hacerse con la venia para continuar con el caso. Insisten en que la demanda, en la que se denunció a gran parte de la cúpula de Telecinco incluido presentadores y directivos, estaba mal argumentada y carecía de total coherencia. Tanto es así que, en primera instancia, Pantoja fue condenada a pagar las costas de todos los abogados y procuradores del resto de demandados (entre los que se encontraba Javier Sardà y un largo etcétera). Una cantidad que, ni de lejos, podría satisfacerse con la indemnización de una Mila que sigue a la cabeza de la polémica.
Quizás por eso, Isabel Pantoja se toma a cachondeo la sentencia de marras y asegura que los cuatrocientos euros irán destinados a aumentar su fondo de armario. Me cuentan que el día en el que la cantante recibió la noticia de la ratificación del fallo anterior, Isabel esbozó una leve sonrisa porque, a pesar de haber salido victoriosa, no puede esconder que la multa económica es realmente irrisoria. No es de extrañar, por tanto, que se cachondee abiertamente y comente, entre risas, cómo una agresión verbal tan evidente ha terminado transformándose en un nuevo y sonado batacazo de Javier Saavedra. Así pues, de poco servirá que ahora Mila vuelva a la carga en su contra, pues su actual abogada -que sí es solvente y tiene entidad- sigue muy de cerca todos sus movimientos.
Por Saúl Ortiz