Menú Portada

Isabel de Inglaterra, “Lilibet” para la familia, supera a la mítica reina Victoria y reniega de celebraciones

Septiembre 10, 2015
Isabel II, la reina

Tradicionalmente Inglaterra ha sido siempre muy afortunada con sus reinas, todas las cuales han marcado grandes hitos históricos pulcramente cuidados por la cultura local pues si Isabel I estableció las grandes bases del Estado y del futuro imperio, Victoria I fue la gran soberana del mundo llegando a ser emperatriz de la India y parangón de la monarquía burguesa del siglo XIX sin perder un ápice de majestad. Mujeres todas ellas portadoras de grandes valores simbólicos a las que se une esa otra que es la reina Isabel II, Lilibet” para la familia, figura de fuerte valor icónico donde las haya, que ayer día 9 se convertía en la soberana más longeva de la historia de Inglaterra superando a su tatarabuela, la mítica Victoria conocida como la abuela de Europa. Un reinado de 63 años y 261 días que vincula el viejo pasado imperial británico, pues inició su reinado con Winston Churchill como primer ministro, la postguerra, la guerra fría, la crisis del petróleo, y la caída del Muro con la era digital a la que no ha dudado en suscribirse llegando a nuestros tiempos con toda su popularidad intacta, y a la cabeza de una monarquía que parece resistir todos los embates manteniendo ese muy difícil equilibrio entre tradición y multiculturalidad.

Atrás quedan las acusaciones de frialdad ante la muerte de la princesa Diana, y lo que pareció ser la gran crisis de la corona en 1997, y ahí están sus nietos los duques de Cambridge para atestiguar la vigencia de una monarquía que, paradójicamente, incorpora notables arcaísmos medievales en su propia estructura. Quizá por eso, y por haber combinar lo viejo y lo nuevo, la necesaria pompa de la que la corona se rodea y las formas de clase media de los duques de Cambridge, Inglaterra también ha conseguido convertir a la reina, a la familia real y a  la monarquía en un magnífico y lucrativo negocio que todos los años deja enormes dividendos a la Hacienda Pública a través de la magnífica gestión de los muy cuantiosos bienes de la corona.

Con 25 años, soberana de 32 territorios

Cuando accedió al trono en 1952, con sólo 25 años, se vio convertida en soberana de 32 territorios esparcidos por todo el mundo y ahora reducidos a los 16 que componen la Commonwealth, pero su capacidad simbólica y ese hieratismo que ha mantenido una misma imagen estética durante décadas se han convertido en símbolo, y han ayudado a vertebrar la unidad de la Gran Bretaña que ni el independentismo escocés -ella es reina titular de Escocia-, alcanzó a quebrar. Y 63 años de reinado durante los cuales también ha cambiado el concepto de familia real que, adaptándose a los tiempos pero sin perder clasicismo, ha pasado de ser aquel extenso grupo familiar que eran “los Windsor” en el que la díscola princesa Margarita, los duques de Kent y los duques de Gloucester, y sus respectivos grupos familiares también percibían lista civil del Estado, a un concepto de familia mucho más nuclear y cada día más reducido a la reina, el duque de Edimburgo, el príncipe de Gales, la duquesa de Cornualles, los duques de Cambridge y el príncipe Harry.

La flotilla del Jubileo de Diamante de 2012
La flotilla del jubileo de Diamante de 2012

La casa ya no es tan grande ni las finanzas tan generosas, pero Isabel II continúa siendo la propietaria de incontables riquezas difíciles de tasar. Tampoco ha importado que su nieta, Zara Philips, se haya casado con un mero jugador de rugby o que la duquesa de Cambridge sea una chica de clase media acomodada alejada de la imponente filiación aristocrática de la recordada Diana. Todo un modelo a seguir, pues todo ha ido encontrando fino acomodo bajo la figura de Isabel, cuya única piedra en el zapato sea, acaso, su hijo el príncipe de Gales que muchos quisieran ver fuera de la sucesión al trono. Un personaje controvertido y parcialmente enfrentado a cierta clase política por su actitud fuertemente combativa en pro de la ecología y de las políticas de conservacionismo del medio natural. Pero a diferencia de España, ni los mayores escándalos han conseguido dinamitar la sólida estructura de la corona en su país en el que las cosas se viven con mesura y la clase política respeta altamente a la monarquía.

Muerta antes que abdicar

A ocho meses de cumplir los 90 años, la salud de la reina parece mantenerse en buen estado, y nada anuncia que Inglaterra se apunte a la moda de las abdicaciones pues en la monarquía británica los reyes mueren de viejos y ese parece ser el deseo de Isabel II que es hija de una consorte muy longeva. Por otra parte, en su ánimo aún pesa aquella terrible abdicación de su tío Eduardo VIII, el duque de Windsor, que en el lejano 1936 supuso la crisis más grande de la monarquía británica en el siglo XX dejando el trono en manos de su hermano Jorge VI, ese padre por el que Isabel siempre sintió auténtica veneración. Y junto a ella ese otro príncipe de la vieja guardia que es el duque de Edimburgo, nacido príncipe de Grecia y tío de doña Sofía, que a pesar de su fuerte convencionalismo y de sus sonados juicios despectivos sobre ciertos colectivos y sus meteduras de pata reiteradas, también parece haber sabido perdonarse todo y a sus 94 años sigue al pie del cañón sin querer abdicar de las obligaciones de su papel representativo.

Pero mientras Inglaterra se expande en loas a la reina, ayer la soberana solicitó que no hubiera celebraciones prefiriendo viajar tranquilamente en tren hacia Escocia en compañía del duque de Edimburgo para asistir a la apertura de una nueva línea férrea en Tweedbank y pasar el resto del día en el Castillo de Balmoral. Entre tanto, ya se anuncian las magníficas celebraciones de la próxima primavera,  cuyo espectáculo cumbre será el paso de una hermosa flotilla, desde el Puente de Londres hasta el Parlamento, compuesta por embarcaciones históricas, cruceros, y barcos de pasajeros a lo largo del río Támesis en medio de una enorme multitud a la que ya se está animando a formar parte de la fiesta que concluirá con una fanfarria de trompetas y tres hurras a la reina. “God save the Queen!”.

Ricardo Mateos