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El galardón, concedido por la Fundación City Mayors, reconoce su trabajo y la transformación de Bilbao en un centro internacional para las Artes y el Turismo

Iñaki Azkuna, nombrado mejor Alcalde del Mundo 2012, mantiene la estabilidad presupuestaria de Bilbao en el período más gravoso para la economía española

Enero 14, 2013

El regidor de la ciudad bilbaína redujo en el año 2010 el endeudamiento con entidades financieras en un 88% a pesar de la disminución de ingresos
En ese ejercicio no subió ninguno de los impuestos más relevantes, incluyendo IBI, vehículos de tracción mecánica, obras y actividades económicas

Por el lado contrario, durante la gestión de Ruiz Gallardón en Madrid, duplicó impuestos y elevó la deuda hasta casi 7.000 millones de euros

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Nadie diría que es del Partido Nacionalista Vasco (PNV), por su moderación y su saber estar. Dicen que las comparaciones son odiosas pero sí se puede que Iñaki Azkuna, alcalde de Bilbao, es el extremo opuesto, por ejemplo, a Alberto Ruiz Gallardón, ex alcalde de Madrid. A éste, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy le “premió” con la cartera de Justicia, pese a ver dejado Madrid con el 22% de la deuda correspondiente a los ayuntamientos españoles. El pasado 7 de enero fue fallado el Premio Alcalde del Mundo 2012, galardón concedido por la Fundación City Mayors, un equipo de expertos en asuntos urbanos que tiene como meta elevar el perfil de los alcaldes de todo el mundo, así como elogiar y reconocer a aquellos que han hecho contribuciones duraderas a sus comunidades y están comprometidos con el bienestar de sus ciudades tanto nacional como internacionalmente. El agasajado, por la gestión realizada a lo largo de 2012, fue Iñaki Azkuna, edil de Bilbao.

Según la cúpula directiva de la organización internacional –representada en Tann vom Hove-, Azkuna fue acreedor de la distinción por aprovechar “los tiempos de bonanza económica para pagar la deuda sin renunciar a inversiones vitales para el futuro de la ciudad”. Este logro unido a otros muchos como la transformación de Bilbao industrial en declive en un centro internacional para las artes y el turismo -que ha sido fiel en su reconversión al alto perfil del Museo Guggenheim-, le han valido a Azkuna para ser considerado el mejor alcalde de 2012, por un lado, y para distanciarse del nivel medio-bajo que acreditan la mayoría de los magistrados de las ciudades españolas.

Toda condecoración que se precie tiene un por qué y, a pesar de los tiempos que corren, ésta se fundamenta en criterios ecuánimes y objetivos. El Informe de Fiscalización del Ayuntamiento de Bilbao en 2010 muestra datos inconcusos que justifican y revisten la coherencia del premio. Según el dossier, el Presupuesto del Ayuntamiento para el ejercicio de 2010 era insuficiente para cumplir con el objetivo de estabilidad presupuestaria para el período comprendido entre 2010 y 2012 -los gastos no financieros superaban a los ingresos no financieros-. Donde otros cargarían al pueblo raso con la dura losa de la recaudación, el Ayuntamiento de Bilbao aprobó un plan económico comandado por el objetivo final y último de hacer frente a las inversiones previstas a través de un incremento del ahorro neto municipal y con operaciones de endeudamiento previsto.

Ahorro neto sin carga al pueblo

De este modo y con la estrategia tramada por Azkuna y su equipo, el consistorio bilbaíno pudo hacer frente a sus obligaciones mientras la ciudadanía no tenía que sufragar subidas meteóricas de sus impuestos ni ver reducida la calidad de vida. En concreto los tipos impositivos de mayor enjundia como el Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI), sobre Vehículos de Tracción Mecánica (IVTM), sobre el Incremento del Valor de los Terrenos de Naturaleza Urbana (IIVTNU), de Actividades Económicas (IAE) o  sobre Construcciones, Instalaciones y Obras (ICIO), no se incrementaron respecto a las tasas de 2009.

Respecto a los gastos de funcionamiento, éstos han experimentado un incremento insignificante. Según el informe, el aumento “en el periodo ha sido del 3,13%, siendo el producido en 2010 respecto a 2009 del 0,04%”. Esta pequeña subida en el gasto se debe al agravio comparativo con los ejercicios de 2008 y 2009, sin embargo en términos absolutos el Ayuntamiento de Bilbao ha comportado un ahorro bruto de 56,2 millones de euros y un ahorro neto de 53,6 millones en 2010. No obstante, las buenas noticias para el colectivo bilbotarra no acaban aquí. La gestión financiera de 2010 trajo más panes debajo del brazo: el resultado negativo por operaciones de capital disminuyó en un 45% en el periodo analizado, y lo que es más sorprendente, “el endeudamiento con entidades financieras ha disminuido un 88%, pasando de 11,0 millones de euros en 2008 a 1,3 millones de euros en 2010”.     

La némesis de Gallardón

El rumbo firme y venturoso que Azkuna ha imprimido a su barco no parece pasajero. Como bien informa el documento de fiscalización, “la liquidación del ejercicio 2011 (no fiscalizada) presenta un ahorro neto superior al del ejercicio 2010 en un 27,10%, al incrementarse los ingresos corrientes en un 3,12%, mantenerse, prácticamente, los gastos corrientes y reducirse la carga financiera”.

Esta situación contrasta abiertamente con el pasado, presente y futuro observado en otras casas consistoriales. Sin ir más lejos, su homólogo madrileño en el mismo período- Alberto Ruiz Gallardón– elevó la deuda de la capital de España hasta cantidades descabelladas que rondaban los 7.000 millones de euros. Para contrarrestar el ingente déficit, la política consumada por el alcalde madrileño envidió en todo a la de Azkuna. El ciudadano madrileño vio como la presión impositiva se hacía más acuciante: los impuestos por habitante rozaron su duplicación  durante el período de gestión de Gallardón -92,6%-, mientras el IBI casi se llegó a multiplicar por cuatro -259,8%-. Al igual que la de Azkuna, la gestión de Gallardón se vio recompensada por un premio, éste –a la vista de las cifras de unos y otros- viciado y subjetivo. El 15 de mayo de 2012, el ahora ministro de Justicia recibía la medalla de la Ciudad de Madrid. El horizonte de la ciudad madrileña –comandada ahora por Ana Botella– no aparece despejado, mientras en Bilbao sigue luciendo el sol.

Jesús Prieto