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Huelguista, sindicalista… y “cientoveintemileurista”

Marzo 1, 2013

Las redes sociales han hecho esta semana de perverso altavoz para el grupo de ex empleados de Telefónica que se han propuesto firmemente hacer todo el ruido posible para emponzoñar la imagen de la compañía. Cosa curiosa, porque en el núcleo de todas sus reivindicaciones está conseguir la readmisión de un técnico de planta despedido en 2011, indemnizado con casi 120.000 “eurazos”, que leyendo las barbaridades que dice sobre Movistar uno se pregunta por qué habría de querer volver a semejante compañía torturadora y canalla.

Pues bien, este grupo, que ya comenzó sus reivindicaciones en noviembre con una huelga de hambre de tres semanas, retomaba estos días el calendario de festejos de protesta en Barcelona, coincidiendo con el Congreso Mundial de Móviles y con la presentación de resultados anuales de la compañía. Como lo de la huelga de hambre es sacrificado y complejo, en esta ocasión lo han dejado en cuatro “diítas” de ayuno, de lunes a jueves –una cosa parecida a lo que se puede hacer tras los excesos de las vacaciones, por ejemplo- pero eso sí, han redoblado sus esfuerzos faltones en las redes sociales.

Desinterés “social”

Les confieso que sigo al grupito con atención, porque su conducta me deja tan perplejo que no puedo quitarles ojo. En los últimos cuatro días han llamado a Telefónica cruel, torturadora, a sus directivos poco menos que asesinos, han criticado la gestión de la empresa, la estrategia, los fichajes, los sueldos, la han acusado de manipular perfiles para contraatacarles –cosa que no han hecho, pero en mi opinión, debería- han violentado los perfiles comerciales de Movistar en Twitter y Facebook amenazando directamente a quienes los gestionan… han faltado a las más básicas normas de la convivencia y el respeto, que entiendo que también deben existir en el resbaladizo mundo digital. Y no les ha pasado nada.

Pero, con todo, lo que más les duele es el boicot –que no es tal, sino sólo falta de interés- de los medios de comunicación convencionales, los que antes llamábamos “de masas”. Ellos, los más alternativos, quieren portadas. Quieren prensa de papel, quieren cabeceras. Y de esas no han logrado ni una.

Y es que con la que está cayendo, verá usted, no le importa a nadie el devenir de un trabajador, uno solo, despedido por razones que él bien conoce, indemnizado con casi 120.000 euros –lo que ganan sus colegas en 10 años- y con más suerte que el 99% de los jóvenes españoles en este momento.

La argumentación de Marcos Armenteros y su cohorte de plañideras está tan fuera de lugar y constituye una falta de respeto tan enorme a tanta gente con formación y ganas de trabajar que no puede hacerlo, que lo que me extraña es que no les hayan linchado a ellos en cualquiera de sus absurdas performances por las calles de Barcelona.