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Historia de una relación difícil con el poder: Johan Cruyff se fue en paz con Bartomeu pero enemistado con Rosell y Freixa

Abril 5, 2016

Sandro Rosell fue el responsable de que el holandés dejara de ser presidente de Honor del Barcelona; Bartomeu estaba en esa directiva

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Aunque el Barcelona no pudo regalarle una victoria en el clásico a Johan Cruyff, lo cierto es que el Camp Nou fue el escenario de un emotivo homenaje. Fue un partido en el que se dieron cita todos los presidentes vivos de la entidad culé: Agustí Montal, Raimon Carrasco, Josep Lluis Núñez, Joan Gaspart, Enric Reyna, Joan Laporta, Sandro Rosell y, por supuesto, Josep Maria Bartomeu. ‘El Flaco’ coincidió con todos ellos en diferentes etapas (como jugador, entrenador, presidente de Honor y opinador) y con casi todos tuvo algún tipo de discrepancia, algo inherente a su forma de ser, nada condescendiente con el poder.

Johan Cruyff siempre desconfió de los presidentes, hombres ajenos al fútbol -en su opinión- que querían controlar el fútbol. El holandés, por qué no decirlo, sentía una especial atracción por el poder y solía chocar con aquel que estuviera dispuesto a peleárselo. Ocurrió con Montal en su época como jugador, cuando le lanzó un órdago: “O el míster o yo”. Y en contra de la opinión del presidente, fue el jugador. Eso al principio porque al final salió tarifando (ya con Carrasco como mandamás). Años más tarde volvería a la Liga española para jugar en el Levante, en una experiencia extraña que agrandaría su leyenda de implacable negociador. Algunos le acusaban, entonces, de anteponer el dinero a todo lo demás. Esa fama le acompañaría también en su época como entrenador.

El partícipe de su llegada a Can Barça como técnico fue Josep Lluis Núñez, con el que protagonizó una historia con mucho más odio que amor y que terminó con una salida abrupta de Cruyff del club. Entre medias hubo altercados públicos, constantes batallas dialécticas, desacuerdos económicos y hasta la inmersión del holandés en la oposición a Núñez. Fue, paradójicamente, la época del Dream Team, el momento en el que el Barça y el fútbol cambiarían para siempre. Joan Gaspart fue una pieza clave para la salida del técnico del club blaugrana, con lo que con él como presidente, la relación con Cruyff fue inexistente.

Joan Laporta, la excepción; Rosell, el gran enemigo

Seguramente Joan Laporta fue el presidente que mejor conectó con Johan Cruyff. Logró que volviera como una suerte de adjunto a la dirección no oficial que hizo las veces de útil consejero: asesoró al presidente para que fichara a Rijkaard y le apoyó para que colocase en el banquillo a Pep Guardiola, otra de las grandes decisiones que tantos réditos dio al Barça. Muy cerca de Laporta -fue vicepresidente- se encontraba un hombre llamado Sandro Rosell. Con él llegaron las tempestades.

Cuenta la leyenda que la gran enemistad entre Rosell y Cruyff se fraguó en una reunión a tres bandas en el domicilio del holandés en la que también estaba Laporta, por aquel entonces presidente. Rosell se pasó el grueso de ese encuentro hablando por teléfono de temas ajenos al club, algo que no gustó a Laporta y que refrendó la mala imagen que de él tenía Cruyff. Ahí la guerra se hizo patente. Después, todo iría a peor.

Tres meses como presidente de Honor

El 26 de marzo del año 2010 Joan Laporta nombró presidente de Honor a Johan Cruyff. Su directiva quiso dejar claro que ese nombramiento, aparte de ser algo protocolario y que en principio no le otorgaba poder real, estaba amparado por los estatutos, concretamente por el artículo 16. Poco más de tres meses después Sandro Rosell ganó las elecciones y casi lo primero que hizo fue poner en duda ese mismo cargo, afirmando (en contra de lo expuesto por Laporta) que no estaba de acuerdo con los estatutos del club. Es un movimiento este que no sorprendió en demasía, pues Rosell fue uno de los hombres que más batalló por sacar adelante una moción de censura a Laporta y en ella incluía como punto clave que Cruyff dejase de ser considerado presidente de Honor.

Lo que propuso la directiva de Sandro Rosell (en la que militaba un activo Toni Freixa) fue que los socios decidieran si Cruyff debía o no seguir siendo presidente de Honor. Ni corto ni perezoso, ‘El Flaco’ se presentó en las oficinas de Camp Nou para devolver personalmente la insignia, dando lugar a una instantánea que recorrería el mundo entero colocando a los aficionados de parte del holandés. Si algo tuvo siempre Johan, fue el apoyo del pueblo.

Los años siguientes no fueron sencillos para Rosell, que según el propio Cruyff intentó en una ocasión acercarse al entrenador, con resultado previsible: el neerlandés se fue a jugar al golf y pasó del presidente. En esa junta directiva hubo alguna desavenencia con el tema de la presidencia de Honor, ya que había algunos que no entendían esa fijación con Cruyff. No fue el caso de Freixa, que públicamente siempre se mostró contrario al holandés. Con él tampoco terminó bien la cosa.

Bartomeu logró la reconciliación

Josep Maria Bartomeu fue vicepresidente del Barcelona en el mandato de Rosell, pero después de su llegada al poder ha intentado alejarse de las praxis utilizadas por Sandro. Con un perfil mucho más conciliador y sereno que sus antecesores, el máximo mandatario del Barça peleó en la sombra para conseguir que el hijo pródigo volviera a casa. La firma pública de esa paz fue hace más o menos un año: el 10 de marzo de 2015 Bartomeu y Cruyff presentaron en sociedad un proyecto solidario llamado ‘Pati 14’. Bartomeu anunció que esa era la primera de las acciones que harían conjuntamente con la Fundación del holandés, que regresaba de esa forma a la plana oficial de la entidad. Es posible que en la mente del presidente estuviese devolverle el cargo a Cruyff, pero eso terminó por no suceder. ‘El Flaco’ se fue sin ser presidente de Honor. Qué más da si en verdad es mucho más: Johan Cruyff es el Barcelona.

Felipe de Luis Manero

@felipedeluis99