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Guerra de nervios entre Rosberg y Hamilton por un título de Fórmula 1 que aún no tiene dueño y se juega más fuera de las pistas que dentro de ellas

Octubre 19, 2016
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Dos caras, dos espíritus, dos amigos y un sólo ganador: o Lewis Hamilton o Nico Rosberg. Ante la superioridad de los inalcanzables Mercedes los dos compañeros de equipo van a ser los encargados de dar salsa, y mucha, en las cuatro carreras que restan del calendario. Vetado al resto, el título quedará dentro del seno de Mercedes donde sus dos pilotos se van a enzarzar en una guerra incruenta que va dejando chispazos de los encontronazos de sus protagonistas. Cuando existe una igualdad mecánica sin enemigo ajeno, la batalla se empieza a librar antes incluso de pisar el asfalto, y de momento y en este negociado la balanza se inclina a favor de Rosberg.

Hamilton es un piloto correoso, agresivo y demoledor ante su enemigo, pero cuenta con una personalidad canibal y primaria a la hora de tratar a sus oponentes que a veces le juega malas pasadas. De sus excesos salió la temporada 2011, la peor de su carrera deportiva, regada de incidentes, abandonos, golpes contra otros participantes en plena recta, y una serie de dislates impropios de un corredor de su categoría. Enmendada su trayectoria personal, trasladado de equipo y olvidado a su padre como manager, sacó lo mejor de si mismo para recaudar dos títulos consecutivos de la mano de Mercedes. Pero Hamilton es un hombre a veces excesivamente sensible a lo que ocurre a su alrededor y tiende a desconcentrarse con cosas que ocurren fuera del asfalto. Prueba de ello fue el exabrupto que lanzó contra su propia formación al ver como sus posibilidades quedaban mermadas en el Gran Premio de Malasia. Su motor estalló cuando lideraba la prueba y la circunstancia le arrebató los veinticinco valiosos puntos de una victoria que se le escapó de entre los dedos a poco más de diez vueltas del final. Aunque más tarde rectificó, su primera reacción fue la de cargar contra su equipo advirtiendo de una mano negra que conspiraba contra su éxito. Llamado al orden por sus superiores, cambió de parecer antes d caer el sol y reconoció que las tres averías sufridas en sus propulsores por ninguna de su compañero de equipo eran algo fortuito. A la semana siguiente mantuvo un altercado con algunos enviados especiales a Japón tras pedirle explicaciones en rueda de prensa acerca del poco interés que ponía en sus encuentros con los medios. Como respuesta Lewis abandonó la escena desairado ante las cámaras. Estaba tenso, mucho, y prueba de ello fue el remate de ese fin de semana japonés.

Rosberg, favorito

Los Mercedes tienen muy pocos puntos débiles y uno es sus salidas. A principios de año el procedimiento de arranque fue modificado tras ser revisado el proceso técnico por los comisarios deportivos. Determinaron que el usado resultaba de ayuda a los pilotos y se eliminaron ciertos pasos que a la postre arrojaron un sistema más manual y menos automatizado. De poco sirve tener el coche más rápido el sábado si el domingo tu bólido es incapaz de aguantar esa ventaja antes de llegar a la primera curva. En Mercedes han llegado hasta a cambiar el diseño de los guantes de sus corredores para que adquieran una mayor sensibilidad a la hora de tirar de la leva que controla el embrague tras los ocho inicios de carrera fallidos protagonizados por sus corredores. En Suzuka, producto de los nervios, de una pista húmeda, del hambre animal de Hamilton y la urgencia de recortar terreno a su compañero de equipo, su W07 pasó de primero a octavo en la salida. De poder ganar la carrera a afortunadamente (para él), acabar segundo. El británico estuvo excelso, pero el descalabro podía haber sido mucho mayor en el peor momento.

Nico Rosberg está solventando esta temporada con templanza y maestría, y aunque no partió como favorito desde un inicio, se está ganando a pulso su primer título a base de cabeza fría, manos calientes, seriedad, trabajo y no cometer errores. Si a esto añadimos “la suerte de los campeones” al no romper motores ni ir castigado por la sustitución de los mismos, tiene todos los ingredientes necesarios para llevarse su primera corona en detrimento del más agresivo y espectacular tricampeón Hamilton.

Guerra fuera de la pista

La guerra es más fuera de la pista que dentro, y Lewis parece el animal acorralado que da zarpazos al aire sin beneficio. La última ha sido una extraña tendencia de algunos campeones del mundo: censurar sus palabras bloqueando en redes sociales a periodistas patrios si su discurso no es el apetecido. No es el primero que lo hace pero denota una sensibilidad extra a asuntos ajenos al pilotaje. Su concentración, sus cinco sentidos y su mente no están donde deben: en las pistas y con su equipo.

Si gana el alemán Rosberg será uno de los pocos campeones hijo de otro campeón, la Fórmula 1 crecerá en credibilidad al alternarse los ganadores, y Mercedes quedarán como un equipo tan limpio que sus dos pilotos pueden ser indistintamente vencedores. Precisamente una de las jugadas para que esto pudiera ocurrir es que a principios de año al único piloto desde que Mercedes volvió a la F1 como escudería no posee título alguno le fue asignado el grupo de mecánicos de Lewis. Esto no gustó demasiado al británico, pero es justo dentro de la misma formación que algo así ocurra, porque demuestra equidad entre ambos.

El título del prestigio es el de pilotos, y será uno Mercedes el que se lo embolse. El de constructores, sin embargo, es el del dinero y ya cayó en manos de los de la estrella en Japón y así fue debidamente festejado en su sede de Brackley esta pasada semana.

Hamilton, obligado a ganar

Las posibilidades de que Hamilton se lleve el título más resplandeciente pasan por recuperar los treinta y tres puntos que le separan de Rosberg. Para ello está obligado a ganar todas las carreras que restan de aquí a final de año, y que su compañero de box quede al menos en una de segundo para atrás; a Nico le basta con ser segundo en todas ellas. No será tarea fácil para Lewis pero prácticamente toda la parrilla cree que si hay alguien preparado y con mimbres para conseguirlo es precisamente él. El de Stevenage ya se ha recuperado de esa manera antes, incluso esta misma temporada. Si la suerte le ha dado la espalda en alguna ocasión y no al hijo de Keke, es posible que por pura estadística, el germano pueda acusar algún desfallecimiento temporal en sus resultados que aporte algo más de salsa a este fin de temporada. Cuatro citas: EEUU. México, Brasil y Abu Dhabi nos dirán si tendremos un nuevo campeón o un nuevo tetracampeón. Ninguno va bajar los brazos hasta que esto quede claro y los Red Bull pueden meterse entre ellos añadiendo algo más de picante. Va a ser divertido.

José M. Zapico

@VirutasF1