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Graves motivos de preocupación por la salud del rey Miguel de Rumania que mantiene una estrecha relación con la familia real española

Marzo 8, 2016
rumania

De forma sorpresiva el pasado miércoles día 2 el denominado Consejo Real Rumano hacía pública una declaración en nombre del ex rey Miguel de Rumania, por la que se informaba de la decisión del soberano de despedirse de forma definitiva de la vida pública traspasando a su hija primogénita, la princesa Margarita, todas las tareas de representación tanto políticas como dinásticas de la casa real rumana en su calidad de Custodia del Trono. Un paso definitivo que en la realidad viene a ratificar lo que la princesa ya venía haciendo de facto desde hace algún tiempo, a causa del grave estado de salud de Miguel I que en 2010 creó el denominado Consejo Real como entidad asesora de la princesa en sus altas responsabilidades en un país en el que la idea de una posible restauración de la monarquía cunde mucho entre la población y ha prendido también en algunos importantes entornos políticos y del poder.

De ahí que hace tan solo unas semanas Margarita y su esposo el príncipe Radu filtrasen a la prensa varias fotografías de carácter familiar e informal, durante una visita que realizaron a su padre que a sus 95  años reside en la localidad suiza de Morges. Así mismo, hace ya semanas que en los circuitos de la realeza europea había cundido una cierta inquietud por el estado de salud de este ex monarca, cuyas relaciones con todas las casas reales reinantes de Europa pueden calificarse de excelentes yde particularmente íntimas por serprimo hermano muy querido de la reina doña Sofía y del rey Constantino de Grecia y pariente en diversos grados de los reyes y reinas de Inglaterra, Suecia, Noruega, Dinamarca y Bélgica.

Estrecha relación con la familia real española

Sin embargo, la gravedad debe de ser tanta que, dos días más tarde, la oficina de prensa del palacio Elisabeta de Bucarest, residencia oficial de la princesa Margarita, emitía un nuevo comunicado informando del delicado estado de salud de Miguel I, que tras haber pasado por una intervención quirúrgica motivada por un carcinoma de epidermis con metástasis, complicado con una leucemia crónica, continuaba ingresado en una Clínica de Lausana a causa de su gran debilidad física. El documento añadía que su esposa la reina Ana, una princesa de Borbón-Parma nieta de un infante de España, que a sus 93 años también vive retirada en el domicilio conyugal, permanece continuamente informada y acompañada por la princesa Margarita mientras sus otras hijas, las princesas Elena, Irene, María y Sofía organizan sus desplazamientos a Suiza tanto desde Rumania como desde los Estados Unidos.

También sigue la situación muy de cerca el archiduque Lorenzo de Austria-Este, cuñado del rey Felipe de Bélgica, que es uno de los miembros del Consejo Real rumano, y no cabe duda de que doña Sofia, que en 1948fue una de las pequeñas damas de honor en el matrimonio en Atenas del recién exiliado Miguel, estará en continuo contacto con la familia real rumana y no dudará en marchar a Suiza para acompañar a sus deudos en el caso de un triste desenlace que podría producirse en el transcurso de un mes según informaciones de última hora. Persona intachable en el ámbito personal, la relación del rey Miguel con la familia real española ha sido siempre muy estrecha pues recibió el apoyo personal de don Juan Carlos tras la caída del régimen de Ceaucescu en Rumanía, ha sido invitado a las tres bodas reales españolas, y en abril de 2010 él y los suyos fueron recibidos con efusividad en la intimidad del palacio de la Zarzuela durante una visita de tres días a Madrid. Un año más tarde fue doña Sofía quien se desplazó hasta Bucarest para asistir a la celebración de su 90 cumpleaños.

150 Aniversario de la dinastía rumana

Autoridades políticas rumanas como el primer ministro Dacian Ciolos no han tardado en manifestarse en apoyo de la familia real y el presidente del país, Klaus Iohannis, ya ha declarado su deseo de que el rey tenga la fortaleza necesaria para superar este difícil trance y de que “la familia real continúe siendo en el futuro el punto de referencia de la esperanza y de la solidaridad. Este año se celebra el 150 aniversario de la dinastía rumana, pero en los últimos tiempos Miguel I ha tenido que encarar tanto el procesamiento judicial de su hija la princesa Irene en los Estados Unidos, por el cargo de organización de peleas ilegales de galos en su rancho de Oregón, como la defenestración que él orquestó de su nieto el príncipe Nicolás como futuro heredero de la dinastía que dejó descabezada la sucesión.

Y, sincrónicamente, el mismo día 2 también fallecía en Munich su primo el príncipe Johann Georg de Hohenzollern, personaje muy conocido en los años 60 por su glamoroso matrimonio con la entonces bella princesa Birgitta de Suecia hermana del rey Carlos Gustavo. Un fallecimiento que fue notificado por la corte sueca a pesar de que el príncipe llevaba años separado de su esposa, que reside de forma permanente en Palma de Mallorca por la que siente pasión, y convivía con la alemana Sabine Leu que es 20 años más joven que él. Su entierro congregará sin duda a un muy nutrido grupo de representantes del Gotha europeo en los próximos días.

Ricardo Mateos