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Gianluigi Buffon, el mito de los 1.000 partidos bajo palos al que solo le falta la Champions

Marzo 22, 2017
TURIN, ITALY - SEPTEMBER 30:  Gianluigi Buffon of Juventus celebrates after his team-mate Alvaro Morata scored the opening goal during the UEFA Champions League group E match between Juventus and Sevilla FC on September 30, 2015 in Turin, Italy.  (Photo by Valerio Pennicino/Getty Images)

Aún recuerdo la primera -y única- vez que vi en vivo a Gianluigi Buffon. Yo en ese entonces no tenía mucha idea de quién era ese portero espigado que calentaba en el Vicente Calderón como si fuera a jugar una pachanga con sus colegas de toda la vida. Lo que en realidad iba a jugar era la ida de la semifinal de la UEFA. Corría el año 1999 y ese descarado jovenzuelo (tenía 21 años en ese momento) daba toques con el hombro justo al lado de la hinchada más radical. Parecía no tener miedo. Todos los que estábamos en la grada aquel día vaticinamos un estrepitoso fracaso de aquel temerario. El desenlace fue demoledor (para nosotros): el Parma ganó 1-3 al Atlético y ese engreído hizo un partido memorable. Semanas después ganó la UEFA y un par de años más tarde fichó por la Juventus. Lo que ha venido después ha sido excepcional: 7 Scudettos (los 5 últimos consecutivos), 2 Copas de Italia y 1 Mundial. Buffon llegará este viernes a los 1000 partidos (estadio Renzo Barbera, 20:45 horas, ante Albania) con un único debe en su palmarés: la Champions.

Depresión, coqueteos con el fascismo y amor eterno a la Juventus

Del Buffon del Parma se recuerda, además de unas innegables cualidades en la portería, una ambigua relación con el fascismo. Nadie sabe a ciencia cierta si sus escarceos con la extrema derecha fueron un cúmulo de desafortunadas casualidades fruto de la ignorancia o una impulsiva declaración de intenciones espoleada por la juventud. El portero escribió en su camiseta una peculiar leyenda: ‘Boia chi molla’, que significa ‘Verdugo al que afloja’ en italiano, casualmente el lema de Mussolini y sus camisas negras. Célebre es también el gusto de Gigi por los dorsales extraños: el que más suspicacias levantó, sin duda, fue el 88. Ese número, en la jerga nazi, hace alusión a la frase ‘Heil Hitler!’, ya que la h es la octava letra del abecedario. En el boom de su supuesto fascismo el portero y su entorno salieron prestos a desmentir tales teorías, aduciendo una falta de cultura histórica realmente sorprendente. Al mismo tiempo, sacaron a relucir diversos proyectos solidarios que el meta había emprendido en África, para demostrar que no tenía ningún prejuicio racial. Todo esto sin olvidar su reconocida admiración por N’Kono, un portero negro. Lo cierto es que del camerunés resalta su “presencia pintoresca” en una entrevista en ‘Kicker’. ¿Fascista o solo con ganas de llamar la atención? Si es lo segundo, Buffon lo ha logrado con creces.

El portero también fue uno de los primeros en romper el tabú de la depresión en el fútbol profesional. Después vinieron otros casos, como el de Iniesta. Buffon reconoció perder la ilusión y hasta el control de su vida durante los primeros seis meses de 2004. Nunca ha dado demasiados detalles sobre esa etapa, únicamente ha hablado de fugaces visitas a una psicóloga y de pasar esa enfermedad a pelo, sin medicación y prácticamente en soledad. Es otro misterio de un hombre al que nunca se llega a descifrar del todo.

Lo único que queda meridianamente claro a estas alturas es su amor por la Juventus. Buffon tenía claro dónde quería jugar (su agente ha confesado recientemente que llegó a tener una oferta del Barcelona cuando jugaba en el Parma pero prefirió irse a Turín) y dónde quería retirarse. El guardameta ha sido el cerrojo de la Juve durante 16 temporadas (incluido su periplo en la Serie B) y tiene contrato hasta el año 2018. Gigi es un auténtico ídolo en la hinchada de la ‘Vecchia Signora’. De hecho, Gigi, a sus 39 años, es la ‘Vecchia Signora’.

Solo le falta la Champions

“En el fútbol no hay justicia, en el fútbol ganas o pierdes”. Esas palabras del propio Buffon en una entrevista revelan su forma de afrontar la frustración. El guardameta acepta la realidad con una madurez que ha ido ganando con el paso de los años. Cuando perdió la final de la Champions con el Milan en la tanda de penaltis no salió a recoger su medalla. Eso ocurrió en 2003, pocos meses antes de que empezara su época depresiva. Ganar la Champions, pues, se convirtió en una obsesión para el portero. El paso del tiempo le ha mostrado que a veces la realidad es más tozuda que cualquier deseo, por grande que este sea.

La naturalidad con la que ejerce de capitán contrasta con lo declarado en ‘Kicker’. Buffon, el mismo que reúne a sus compañeros para dar las indicaciones previas a una prórroga, se tortura durante 10 días después de cada fallo. Ahora se medirá -de nuevo- al Barcelona en su carrera por la Champions. Dice que las derrotas con el Barça le duelen menos por la superioridad del conjunto azulgrana. Eso es lo que dice. Como tantas otras veces, no sabemos lo que en realidad siente.

Felipe de Luis Manero

@FelipedeLuis99