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EXCLUSIVA
Los juzgados de familia de Madrid llevan la causa y se estima que en los próximos días se celebre la vista entre ambos, aunque puede haber antes medidas provisionales

Francisco Rivera “Paquirri” demanda a su ex mujer, María Eugenia Martínez de Irujo, por la guardia y custodia de su hija

Julio 19, 2012

El diestro ha aguantado estoicamente la situación hasta que no ha podido más

Si antes no adoptó esta decisión es por el profundo respeto que profesa tanto a su hija como a la duquesa de Alba

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El torero Francisco Rivera Ordóñez, “Paquirri”, ha demandado a su ex mujer, María Eugenia Brianda Timotea Cecilia Martínez de Irujo Fitz-James Stuart, por la custodia y guardia de su hija. Según ha podido saber Extraconfidencial.com de fuentes directas, el caso se tramita desde hace ya varios días en los Juzgados de Familia de Madrid, los mismos que llevaron su divorcio, y donde ya se ha abierto un procedimiento judicial. El caso, cuya vista oral se verá en breve, se abrió hace unos días ante la demanda expresa de Francisco Rivera por serias discrepancias familiares y no se descarta que antes de ser llamados los padres ante su señoría se adopten mediadas provisionales.

María Eugenia Brianda Timotea Cecilia Martínez de Irujo Fitz-James Stuart es, junto a su hermano Cayetano, la gran estrella mediática de la Casa de Alba. Es la menor y única hija de los seis descendientes de la duquesa de Alba. Nacida en Madrid el 26 de noviembre de 1968, es la favorita de mamá, aunque ella, dicen quienes la conocen, “no se considera una niña mimada”. Tiene fama de ser vital y pasional, cariñosa y con mucho carácter. Siempre fue una mala estudiante, como su hermano Cayetano. Al igual que su madre, es una gran aficionada al flamenco y a la poesía; y en sus deportes favoritos figuran la equitación y el tenis. Su comida preferida es la vegetariana y ama en demasía a los animales.

Nada más terminar su bachillerato en Madrid, Eugenia se trasladó a Sevilla. En la capital andaluza tuvo abierta durante siete años la tienda de ropa “Ciencias Naturales”, controlada por la extinta sociedad Europpa. La duquesa de Montoro ha trabajado como promotora internacional de los joyeros catalanes Tous. Y también figura como accionista de las empresas del holding de la Casa de Alba: Agralsa S.A., Euroexplotaciones Agrarias S.A. y Eurotécnica Agraria S.A. Es a su vez propietaria de varias fincas que le ha donado su madre, una de ellas es La Campiñuela Alta, situada en la provincia de Córdoba con 38 hectáreas de extensión. Sin embargo, Eugenia es de todos los hermanos la que menos se ha ocupado de los negocios familiares. Dicen sus allegados, que “el mundo empresarial no es lo suyo”.

Enlace entre Eugenia y Francisco

Tras un espeso y sufrido noviazgo, Eugenia y Francisco contraían finalmente matrimonio en la catedral de Sevilla el 23 de octubre de 1998. La duquesa de Montoro nunca podrá olvidar aquella fecha. Era la primera vez que un torero contraía matrimonio con un miembro de la alta aristocracia. Al enlace acudieron cerca de 1.400 invitados, entre ellos, representantes de la monarquía española, como los duques de Lugo, Elena de Borbón y Jaime de Marichalar, por entonces unidos en pareja. La boda de Eugenia Martínez de Irujo y Francisco de Asís Rivera Ordóñez tuvo carácter de histórica para algunos. Y se la definió como “la boda de las mantillas”, en referencia a la gran cantidad de mantillas españolas que lucían las invitadas.

La ciudad de Sevilla fue una fiesta social y popular, porque la duquesa de Montoro se casaba con un joven diestro en quien se unían tres dinastías legendarias del toreo –los Ordóñez, los Dominguín y los Rivera. El atractivo de los novios –ella, aristócrata, y él, torero con linaje- convirtió el multitudinario acto en todo un acontecimiento en la ciudad y el resto del país que lo siguió por televisión. Y aunque no fue en el altar mayor donde se materializó el enlace, como le hubiera gustado a Cayetana de Alba, ya que allí ella se había casado por primera vez como también su hijo mayor, el duque de Huéscar, todo resultó impactante.

Del brazo de su madre y madrina, Carmen Ordóñez –por entonces esposa de Ernesto Neyra-, llegó Francisco, que, en vez de elegir el traje corto, como es costumbre entre los toreros, se inclinó por el clásico chaqué. El secreto mejor guardado de toda boda fue el traje de la novia, un diseño de Emmanuel Úngaro. Al igual que hiciera su madre cincuenta años antes, cuando se casó con Luis Martínez de Irujo, la duquesa de Montoro lucía la diadema de platino, brillantes y perlas, la joya que perteneció a la Emperatriz Eugenia de Montijo y que está valorada en 1,2 millones de euros. Esta era la única joya que llevaba la novia. Y emulando de nuevo a su madre, se vistió en el Palacio de Las Dueñas y realizó el recorrido hasta la catedral en una calesa tirada por dos mulas. La acompañaba su hermano y padrino, Cayetano, conde de Salvatierra, así como los pajes, sus sobrinos Fernando y Luis Fitz-James Stuart, hijos de los duques de Huéscar. A la boda asistieron todos los hermanos de Eugenia y los tres hermanos de Francisco: Cayetano, que por aquel entonces ni se podía imaginar que se iba a convertir en otro diestro y personaje popular; Julián (nacido del matrimonio de Carmina Ordóñez y Julián Contreras) y Francisco Rivera Pantoja, hijo de Francisco Rivera “Paquirri” y la tonadillera Isabel Pantoja.

Duque consorte de Montoro

Francisco Rivera Ordóñez se convertía así, tras su matrimonio con la hija pequeña de la duquesa de Alba, en el duque consorte de Montoro, además de ser el “niño mimado” de la Duquesa.

Apenas no han pasado catorce años de este enlace y bastantes de las parejas que asistieron felices a la boda ya no están juntos, novios incluidos, pero todos de nuevo interrelacionados y entremezclados entre sí. Entre los muchos regalos que recibió entonces la pareja destacaba el realizado por la duquesa de Alba, que donó a su hija la finca “La Pizana”, un extenso predio cercano a la localidad sevillana de Gerena, donde en sus más de 400 hectáreas de secano se cultiva cereal, girasol y olivar. En su interior, donde se pueden divisar multitud de caballos, hay restos de un acueducto romano. En su inscripción registral se lee textualmente que en el interior del cortijo hay “un patio con noria en el centro y alrededor espaciosas habitaciones altas y bajas, graneros, molinero aceitero con una prensa de husillo y almacenes para la aceituna y el aceite, capilla u oratorio. Todo ello de fábrica de mampostería”. Con el fin de ampliar la finca, la pareja compró posteriormente al conde de Albaserrada el terreno adyacente de “La Mirandilla”. Fue una semana antes de cumplir su primer año de casados, cuando Francisco Rivera Ordóñez y Eugenia Martínez de Irujo se convirtieron en padres por primera vez. La niña, a la que llamaron Cayetana, se adelantaba tres semanas a la fecha prevista para su nacimiento y venía al mundo el 16 de octubre de 1999 en la clínica Fátima, de Sevilla.

Ruptura cuatro años después

A pesar del nacimiento de la niña, el matrimonio entre el torero y la aristócrata estuvo marcado desde el inicio por el fracaso. La relación entró muy pronto en picado. El día 3 de marzo de 2002, en un comunicado leído por teléfono a la Agencia Efe, María Eugenia Martínez de Irujo y Francisco Rivera Ordóñez anunciaron su separación matrimonial, “al no haber sido posible salvar nuestras diferencias”. La duquesa de Montoro se instaló entre Madrid y Sevilla, donde compró una casa de 267 metros cuadrados. El dinero conseguido con sus múltiples participaciones en actos públicos, como también prestando su imagen a la colección de joyas Rebecca, lo fue invirtiendo en la compra de pisos y locales en el centro de Madrid.

Lo cierto es que la relación entre Francisco y Eugenia, como las mantenidas al margen por los dos, son más bien propias de un serial lleno de entresijos, reservas y secretos, donde se mezclan amores, desamores, confidencias y traiciones. Algo ya innato al Imperio de la Casa de Alba.

Juan Luis Galiacho
juanluisgaliacho@extraconfidencial.com