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C.P.C., ¿MIENTE O DICE LA VERDAD? (III)
El hombre, al que la Justicia siempre ha dado la razón, asegura que Conchita "me ha jodido la vida", causando "un daño moral notable a toda mi familia"

Francisco Delgado, ex pareja de C.P.C., “¿por qué no es ella la que se somete a un polígrafo?”

Enero 22, 2013

La define como una “mujer bipolar”. “Pongo en duda su profesionalidad cuando en un semestre fue capaz de buscarse tantos títulos”, dice

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El sábado 12 de febrero de 2005, se declaraba un incendio en pleno centro de Madrid. Las llamas engullían el piso 21 de la mítica torre Windsor. El fuego, que más tarde se propagó a pisos superiores provocando el caos en la capital, quedó grabado en la memoria de todo español que a esas horas todavía permaneciera en pie. La que sin duda guarda un recuerdo imborrable es Conchita Pérez Casorrán. Esa noche la mujer, movida por su imparable afán de protagonismo, bajó a pie de avenida de su edificio sito en la calle Orense –a escasos metros de la zona del siniestro- para convencer a los periodistas de que desde su vivienda se podían tomar unas imágenes inmejorables de la torre y, de paso, comenzar su escalada mediática. De este modo, C.P.C. se hacía acreedora de la primera ‘exclusiva’ de su vida.     

En aquel momento, el piso en el que residía Conchita no estaba ocupado por tan solo un huésped. Pérez Casorrán compartía su vida con Francisco DelgadoPaco-, un joven industrial del sector eléctrico y la telecomunicación que se cruzó en su camino un día por motivos de trabajo. Desde el primer momento, Conchita y Francisco convirtieron un encuentro fortuito en una relación sentimental estable. Pero tan rápido como el amor entró en la vivienda de Conchita, también huyó. Ni que decir tiene la exigua duración de la concordia en una relación que pronto tornó hostil –como demuestra la ristra de denuncias de hechos que la mujer simulaba para inculpar a Paco y que extraconfidencial.com desplegaba en su edición de ayer-. Como dice Francisco, la “obsesión compulsiva” que las diligencias policiales asignaron a Conchita con su persona viene de lejos. La mujer padecía “algún tipo de paranoia” con la relación entre ambos, que le llevaba a rendirse a su compañero con declaraciones como “si por mi fuera te metía en una burbujita y no te dejaba para nadie”.

Un ex indignado

A pesar de vivir aislado del rutilar de los focos, Extraconfidencial.com ha contactado con Francisco Delgado, ex pareja de C.P.C., en su intento de llegar a esclarecer el intrincado modus operandi de la mujer. Tras su ruptura, Paco rehízo su vida dispuesto a soportar de la mejor de las maneras posible -y en algún momento dejar atrás- el infierno que vivió entre juzgados y tribunales por las continuas denuncias falsas que ella le interponía. Rechazó cuantiosas cantidades –llegando algunas a los 20.000 euros- para sentarse en un plató televisivo y desmontar a su expareja. Como dice Paco, “entrar en este juego no me apetecía. No comulgo con esta forma de periodismo”. Es un obrero, honrado y leal, “me he levantado a las siete de la mañana todos los días para trabajar”, algo que no concuerda con el testimonio de la mujer que aseguraba que su relación “se basaba en razones económicas”. “Se cree que me ha mantenido, pero la verdad, yo vivía muy normalito”. Respecto a ella, Paco asevera que “ella tenía dinero, no porque se lo haya ganado sino porque era heredera. Aun así no le gustaba gastar un céntimo”.

Por lo vivido con ella, quizás Paco sea la persona que más se pueda acercar a trazar un retrato robot de la Conchita de 2006, aquella que comenzó a recrear un mundo imaginario para echar por tierra el nombre de los que ella consideraba sus archienemigos. La define como una “mujer bipolar”. “Ella cortó la relación sin motivo aparente, obsesionada en que yo era quien tenía la intención de terminar ésta  causando el máximo daño que podía a través de todo mi entorno, creándome una considerable confusión, la cual en un principio no sabía cómo afrontar, ni resolver. Esta situación le hizo fuerte y mediante innobles y deleznables artimañas prosiguió su camino hacia su manifiesta infelicidad”. En el tránsito de esta senda de sinsabores, Paco confiesa sin medias tintas que Conchita “ha tratado de joderme la vida”, causando “un daño moral notable a toda mi familia, entorno sentimental y profesional”. “A mí, a mi padre, a mi pareja, a mi hermana, nos ha martirizado con amenazas llamadas a deshoras, escritos a través de sobres de Organismos del Estado, véase Ministerio de Industria Energía y Minas. Como dije antes, el dinero no se lo gastaba ni en sobres”.

Acoso laboral

Dicen que la venganza es un plato que se sirve frío y, aunque C.P.C. careciese de motivos para ello, actuó de un modo meticuloso y perverso. Una vez Paco fue quien, para dar un paso adelante y enterrar las tribulaciones vividas, la figura de Conchita volvía a aparecer en la sombra. “Ella ha usurpado antiguos cargos de responsabilidad en la empresa de la cual éramos socios, haciéndose con duplicados de las facturas de teléfono móvil y, de esta forma, contactaba con los titulares de las llamadas realizadas mediante mensajes. Enviaba ofensas a diestro y siniestro. También llamó a proveedores, gente de mi entorno laboral, diciendo que yo era un estafador que iba a ir a la cárcel muy pronto y cosas por el estilo, de todo menos bonito”.

Cuando es preguntado acerca de la credibilidad y veracidad de los juicios poligráficos de C.P.C. -una persona que según la Justicia miente por sistema-, el clama ante una lógica que parece lapidaria. Sabiendo que la mujer defiende a ultranza la validez de sus exámenes y la honradez de su trayectoria, “¿por qué no es ella la que se somete a un polígrafo?”. “Yo no entro a valorar si debe manejar un polígrafo o no, pero sí pongo en duda su profesionalidad cuando en un semestre fue capaz de buscarse tantos títulos”.

Jesús Prieto