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Todavía no ha hablado con Belén

Fran Álvarez se quiebra: “Voy a dar la cara ante mi mujer”

Octubre 5, 2010

Vociferan en su contra, quizás porque de momento no ha tenido la oportunidad de sentarse con su mujer y contarle, sin tapujos, todo lo que ocurrió cuando decidieron separarse. Frente a frente. Cara a cara. Le faltan fuerzas. Le falta entereza, eso que otros llaman cobardía o irrespetuosidad. Pero, en realidad, Fran cree que puede dar diente con diente y quedarse con las carnes temblando. Sus confesiones pueden no entenderse. O no quererse entender. Al otro lado del teléfono, Fran suena triste, apagado, abatido, descangallado: “Voy a dar la cara y prometo que voy a hablar con mi mujer para explicarle todo lo que me pregunte. Tengo que hablar con ella y dejar de meter la pata en este tema. Estoy muy triste, me encuentro muy mal y no voy a tirar la toalla en este caso. Voy a luchar por mi mujer y ese momento llegará”.

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Sigue la polémica. La nueva crisis entre Belén Esteban y Fran Álvarez está trastocando el mundo del corazón. Los programas hacen máximo de audiencia y los textos sobre la pareja se leen con una voracidad inhabitual. La desaparición parcial de la Esteban y el sepulcral silencio de Fran, únicamente roto por las declaraciones publicadas en este medio y por el comunicado enviado a los medios de comunicación, despiertan todo tipo de comentarios. Sin embargo, Fran tampoco es el diablo que algunos ahora dibujan en los platós de televisión. Es un hombre roto, dolido y tremendamente triste. Ahora lamenta aquellos encuentros con una mujer que apareció cuando su matrimonio con Belén se fragmentaba lentamente. El pasado pesa demasiado. Sufre en soledad, refugiado en un pequeño pueblo en Galicia al que ha ido a comprar marisco para abastecer su restaurante en Madrid. Llora amargamente. Son sus padres y sus más allegados los que le ayudan a enjugar sus lágrimas. Para él está siendo realmente doloroso que su mujer crea que le ha sido infiel. No puede soportar la idea de que la Esteban se sienta humillada ante una relación sexual que creyó pasajera. No es verdad que con Arantxa mantuviera un idilio pasajero. Tampoco que le prometiera amor eterno, ni tampoco que le confesara que era la mujer de su vida. Más bien fue un entretenimiento en una época de rabia y desazón. Ahora, desde la distancia, el camarero teme que el testimonio de la joven suponga un precedente en los programas del corazón y se sienten otras tantas aireando romances nunca existidos. Es lo que le queda por vivir. Fran no es un pelele, pero sí tiene un punto de ingenuidad difícil de entender en el fandango rosa. Algo que choca con el carácter abierto y desconfiado de su mujer. Belén es mucho más dicharachera y sabe enfrentarse a los problemas.
El momento llegará
Vociferan en su contra, quizás porque de momento no ha tenido la oportunidad de sentarse con su mujer y contarle, sin tapujos, todo lo que ocurrió cuando decidieron separarse. Frente a frente. Cara a cara. Le faltan fuerzas. Le falta entereza, eso que otros llaman cobardía o irrespetuosidad. Pero, en realidad, Fran cree que puede dar diente con diente y quedarse con las carnes temblando. Sus confesiones pueden no entenderse. O no quererse entender. Al otro lado del teléfono, Fran suena triste, apagado, abatido, descangallado: “Voy a dar la cara y prometo que voy a hablar con mi mujer para explicarle todo lo que me pregunte. Tengo que hablar con ella y dejar de meter la pata en este tema. Estoy muy triste, me encuentro muy mal y no voy a tirar la toalla en este caso. Voy a luchar por mi mujer y ese momento llegará”. Por su parte, Belén parece que sigue reticente a darle una nueva oportunidad: “tiene vía libre para que se vaya con Arantxa”, dijo pocas horas después de enterarse de lo ya conocido. Tiempo al tiempo.

Por Saúl Ortiz
saul@extraconfidencial.com