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Son continuas sus llamadas a los responsables para que no se publiquen noticias en su contra

Florentino Pérez quiere controlar todos los medios

Abril 11, 2010

Se trata, sin duda, de un hombre hecho a sí mismo, que como tal quiere controlar todo y a todos los medios de comunicación. Por eso son continuas sus llamadas a los distintos responsables de las secciones deportivas de periódicos, radios y televisiones para que no salga nada en su contra y, si puede, maquinar campañas contra el Barcelona, su gran enemigo en la lucha por el título español.

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De momento, Joan Laporta le gana tras el partido del pasado sábado. Florentino necesita títulos deportivos como sea. Y no solo los necesita para su ego, sino también para justificarse ante sus socios en la empresa constructora ACS, cuya idea de volver al futbol ya la ponen en entredicho.

Tan sólo meses antes había decido dar este paso después de meditar mucho su decisión, junto a su familia y a sus socios en la empresa constructora ACS, los March y los Albertos, y había decidido volver a empezar en el club blanco. A su empresa le va bien su vuelta, de nuevo será conocida mundialmente, con los contratos añadidos que ello conlleva. Además, su mujer Pitina, su ideóloga y fiel compañera, se encuentra más o menos recuperada de su grave enfermedad.

Formado en una familia de clase media, ha conseguido la condición de rico temido sin los lastres habituales de la opulencia. Dicen sus amigos que es una persona que aunque en algún momento flojea, cuando toma una decisión es que está seguro y decidido. Por eso quiere que el Real Madrid, club de sus amores que abandonó a su suerte en febrero de 2006, sea su gran panacea y está dispuesto a todo. Dicen que los astros le son propicios a este empresario, con vocación de político, al que algunos llaman “el Obama Blanco”.



Un palco repleto de figuras

Quizás por eso, el palco del Madrid se ha convertido de nuevo en un centro de poder y de comercio de primera magnitud. Un escenario al que antes iban desde el Rey de España hasta el presidente del Gobierno, pasando por el alcalde de Madrid. Por allí han pasado desde la ministra Trinidad Jiménez, la presidenta madrileña Esperanza Aguirre o el todo poderoso Alfredo Pérez Rubalcaba, sin contar con los líderes sindicales, como Cándido Méndez, de la UGT.

Florentino nació el 8 de marzo de 1947 en Madrid. Es el tercero de cinco hermanos, todos ellos muy unidos, hijos de un empresario, don Eduardo, que poseía dos perfumerías en la capital de España. Estudió en su infancia en el colegio de los Escolapios de San Antonio, donde nunca fue el primero de la clase. Con el paso de los años se licenciaría por la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de la Universidad Politécnica de Madrid, en la que posteriormente ejerció como profesor de Fundamentos Físicos de las Técnicas. Junto a su amigo José Miguel Juárez, luego reconvertido en productor cinematográfico, escribió un libro de física y montó una Academia. Por entonces, sus padres le llaman Tinín y sus amigos Floro. Desde pequeño ha tenido un espíritu competitivo y de ganador fuera de lo común. Siempre le han gustado mucho los deportes. Ha jugado de portero al fútbol y al balonmano. Una afición que ha compatibilizado con gusto por el arte contemporáneo.

Con el sol de cara

Dicen de él sus adversarios que es inteligente, organizado y responsable. Que difícilmente pierde las formas. Que la diplomacia es una de sus señas de identidad, pero que siempre guarda un as en la manga. Que es una persona sin alma. Que odia que haya papeles encima de la mesa., porque, según dice, “es síntoma de tener trabajo pendiente”. Que no perdona la mentira. Que sólo le puedes engañar una vez.  Que no gusta de excesos y se deja guiar poco por las pasiones mundanas. Que apenas bebe y que come muy frugalmente en las comidas de empresa. Que uno de sus platos más comunes es la tortilla francesa y la ensalada de tomate. Que su gran fallo en el Real Madrid fue que maleducó a los jugadores. Que ese es uno de sus defectos y virtudes. Que en su casa también le ha pasado con sus hijos, “que al final hacen lo que les da la gana”, dice Pitina. Que tiene ya asumido que ninguno de sus tres hijos (cuyos apodos son “Chivo”, “Over” y “Cuchi”) se ajusta al registro de heredero de su poder empresarial. Y que nunca ha dejado de encargar a la sastrería de Cristóbal sus trajes de señor serio y formal, un aspecto con el que intenta ser temido y respetado.

El patriarca Florentino sólo desea hoy recuperar el crédito perdido en el club merengue, una pesadilla que le ha perseguido desde que abandonara hace tres años la nave blanca por la puerta de atrás del Estadio Santiago Bernabéu. Dinero no le falta. Los Pérez mantienen su gran poder adquisitivo gracias a sus plusvalías en la Bolsa. Los expertos afirman que su fortuna supera con creces los 2.500 millones de euros y que a veces, en sólo un semestre, ésta se revaloriza en más de 100 millones, aunque también puede perder. No obstante, ha sido uno de los empresarios españoles que menos dinero ha perdido en la bolsa a causa del crack financiero. Son muy pocos quienes gozan de este privilegio.

Y Florentino tiene el sol de cara. Para él, el mundo de la empresa es su nido de riqueza y el fútbol su pasión. Gracias a ellos nunca dejará de estar conectado con el poder, al que siempre ha tratado muy bien, y a ser respetado por los medios de comunicación a los que controla en demasía.

Juan Luis Galiacho