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El ser paleto por ignorancia es perdonable pero el serlo por llamar absurdamente la atención, sencillamente lamentable

Fiesta de disfraces en Tenerife o la boda de Luis Von Bismarck

Junio 12, 2011

Resulta difícil imaginarse una celebración más vulgar y con menos clase que la que unió en matrimonio a Luis Ortiz Von Bismarck con Elisabet Dutú

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Como todos los miércoles la semana pasada dirigí mis pasos al quiosco para comprar la revista Hola. Había escuchado que esta semana las portadas de las revistas del corazón eran copadas por varias bodas y tenía gran interés en observar los atuendos de los afortunados novios y comprobar si su concepto de elegancia distaba mucho del mío.

Tras un primer vistazo a la revista Hola reconozco que me costó recuperar el habla y sacar fuerzas para abrirla nuevamente. Superado el susto y recreado con las instantáneas de uno de los novios y con las particularidades del evento en sí no pude dejar de abrir el portátil y escribir esta pequeña crónica.

El ser paleto por ignorancia es perdonable pero el serlo por llamar absurdamente la atención es lamentable e inaceptable. Siento que la revista Hola, revista que siempre se ha caracterizado por un gusto superior al de las de la competencia, se haya hecho eco de un espectáculo tan bochornoso como el de la boda de Luis Ortiz Von Bismarck y Elisabet Dutú.  

Debo reconocer que no termino de entender cómo si en Barcelona el pasado mes de mayo se prohibía por ley en pos del buen gusto pasear con el torso desnudo por sus calles, ese mismo Tribunal de las Buenas Maneras no castiga con pena de privación de libertad  a los que hacen de lo hortera y vulgar su tarjeta de presentación.

Antes de entrar a analizar el conjunto del novio (de momento solo “conjunto” ya que desconocemos otra mejor forma de referirnos al disfraz de carnaval que escogió para vestir en tan señalado día) nos gustaría detenernos, aunque sea brevemente, en ciertas notas que rodearon al evento y que no nos dejaron menos perplejos.

Según se narra en la revista, los novios tuvieron la original idea de que fueran dos perros (por supuesto con pedigrí y vestidos tan “acertadamente” como sus dueños) los que llevaran hasta el altar, literalmente, las alianzas de bodas. Es de agradecer que una joven pareja como esta ame tanto el reino animal como para no poderse separar de sus mascotas ni en tan señalado día pero con seguridad tanto los perros como el buen gusto hubieran agradecido que hicieran acto de presencia el día después.

La verdad es que para ser la tercera boda que esta pareja necesita para dar por sellado su amor podían haber invitado en esta última entres sus cuatrocientos invitados al Sr. Buen Gusto. No obstante, y visto lo que nos ha deparado esta tercera celebración, desde esta columna animamos a Telecinco a que regrese a su programación el espacio “Esto es Increíble”. Con seguridad el episodio que narrase la boda de esta pareja en las Vegas con “el rito Elvis” aseguraría una cuota de share que ya les gustaría a sus programas más populares del corazón.

De nada sirve que la novia vista un vestido de Armani adornado de cristales Swarovski, escoja unos Loubotin y porte joyas de Chopard si el resto de la puesta en escena no está a la altura. ¡O quizás tristemente sí lo estuvo; quién sabe! A pesar de ello, hay tanto donde recrearse en el disfraz del novio que dejaremos que la feliz novia siga disfrutando de aquel día.

Según se indica en la revista Hola, el “frac” del novio era también de Armani y estaba hecho a mano. Sobre el hecho de que en alguna etiqueta pusiera el nombre de Armani no nos vamos a detener pero sí, sin embargo, lo tenemos que hacer sobre lo de “hecho a mano” ya que es de suponer que si el conjunto del novio estaba hecho efectivamente a mano también fuera a medida.

Y si a medida fue cosido espero que Giorgio Armani no haya visto los resultados. Cualquier novio estará siempre más favorecido y elegante vistiendo un sencillo pero correcto traje azul marino que de hacerlo con un frac desconociendo las más elementales normas de protocolo y la adecuada hechura de esta prenda.

Lo primero que llama la atención del atuendo del novio es el chaleco del frac. El chaleco del frac nunca debería sobresalir por debajo de la parte frontal de la chaqueta. Y en el caso que nos ocupa, lo hace más que visiblemente.

El frac en inglés se conoce como white tie y lo hace para indicar que la pajarita a acompañar a este atuendo no es negra sino blanca. Ni que decir tiene que ni algo tan sencillo y básico fue tenido en cuenta por el novio quien hizo acompañar a ese pseudo-frac de una pajarita negra.

Otra cosa que llama poderosamente la atención es la flor, rama tipo helecho incluida, con la que “adorna” a su chaqueta. No es que la flor no sea correcta. El problema es que nunca la boutonniere puede descansar en el bolsillo de la chaqueta; para eso está el pañuelo de bolsillo; que, evidentemente, brilló por su ausencia. La flor se insertará en el ojal de la chaqueta y se la hará descansar por la parte interior de la solapa con un lazo cosido con esa finalidad.

A la hora de vestir incluso un atuendo bicentenario como un frac siempre aparece algún caballero que, como el Sr. Ortiz Von Bismarck, considera que se puede mejorar y se permite el lujo de modificar alguna de sus prendas fundamentales. Si el difunto Duque de Windsor cambió las solapas rectas del esmoquin por otras redondeadas, nuestro innovador novio parece ser que no quería ser menos e introdujo en el frac, en lugar del cuello tipo wing collar- cuello que acompaña desde principios del S. XIX al frac- otro de sorprendente diseño.

A pesar de todo esto, el novio debió de pensar que su atuendo podía pasar desapercibido y decidió acompañarlo de un sombrero de copa. Efectivamente, el sombrero de copa es el perfecto compañero tanto del chaqué como del frac pero siempre y cuando se tengan las mínimas nociones de cómo vestirlo. Si a David Beckham  en el enlace del Príncipe Guillermo pareció olvidársele que el sombrero es para algo más que para mantener ocupada una mano, nuestro novio quería a toda costa amortizar su, al parecer, elevado coste y no tuvo ni la más básica educación para descubrirse ni frente al altar.

Después de todo esto queremos pensar que Roberta Armani, sobrina del famoso diseñador y de quien se dice en la publicación que “estuvo muy pendiente de los últimos detalles de los trajes de los novios”, era sencillamente un miembro más del jurado de “Los Reyes del Carnaval” y no quiso indicarles a los ganadores lo incorrecto que su indumentaria resultaba para una boda.

Con el deseo de aprender siempre algo nuevo rogamos que si alguno de nuestros lectores conoce qué protocolo es el que han seguido los organizadores de este enlace para hacer que el novio y los testigos vistan de “frac” y el resto de invitados de “esmoquin” nos lo indiquen a través de nuestra página de Facebook. Así mismo, si alguno de ustedes cultivan rosas en el bolsillo de su chaqueta y consiguen que crezcan como lo hace la del padre de la novia, Emilio Dutú, rogamos aproveche la ocasión y nos chive el secreto.

No queremos terminar este artículo sin pedir a los tinerfeños que si escuchan que los Von Bismarck planean celebrar por cuarta vez su boda, les comuniquen que en Tenerife los carnavales se celebran en febrero y que por tanto sería deseable que esperaran hasta entonces para deleitarnos con su nueva puesta en escena.

P.D. Excepto la primera foto el resto no se corresponden con ninguna instantánea de la boda.

Jeeves

elmayordomo@extraconfidencial.com