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Ferrari deposita sus esperanzas en cambios internos y el nuevo motor V6

Diciembre 22, 2013

La Scuderia, el equipo de Formula 1 más laureado de todos los tiempos, padece una sequía de trofeos galopante desde que en 2007 y contra todo pronóstico Kimi Raikkonen arrebatase en el último suspiro un galardón que parecía destinado a caer en manos de Hamilton o Alonso. Desde entonces han brillado, pero no en la medida en que sería deseable. Las victorias no son más que escaramuzas, batallas con triunfos puntuales, pero en Italia saben muy bien que sólo el ganador final es el que queda en los libros de historia; nadie recuerda a los subcampeones. De ello que Luca di Montezemolo, responsable último de la formación encarnada parece haber accionado unas palancas que parecían atascadas para que la maquinaria acabe de encajar. El equipo en sí parecía funcionar correctamente con una gestión general acertada, buenas paradas en boxes, acertadas estrategias. Su primer piloto, Fernando Alonso, ha hecho lo que ha podido y ha llevado sus monoplazas más allá de donde podrían llegar en manos de cualquier otro. El principal escollo era la estrella de la fiesta roja: sus coches. Los diversos monoplazas que han pilotado el asturiano y Massa no eran buenos, o no al menos lo suficiente como para plantar cara a los implacables Red Bull de Adrian Newey. La clave residía en unas tecnologías, y sistemas de desarrollo y medición anticuados o mal tarados. Para el grado de divismo propio de la formación, desechar el uso del túnel de viento construido en sus instalaciones y pasar a trabajar con uno propiedad de Toyota en Alemania tuvo que ser un sapo difícil de tragar, pero no ha sido el único. Lo último que se ha sabido es que con la llegada de James Allison, un técnico fichado a golpe de talonario que llega desde Lotus, se han descubierto errores en procesos de fabricación; no es que fueran malos, sino desviados, con consiguientes errores de calibración.

Sólo les falta el coche

Con la llegada de Kimi Raikkonen, la adquisición de un simulador completamente nuevo, más y mejor personal en el plano técnico, y con (aparentemente) apañadas ciertas carencias de infraestructura, a Ferrari sólo les falta la pieza clave que puede determinar su destino: el motor V6. La temporada 2014 marcará un antes y un después en la serie histórica de la F1 con cambios radicales en su normativa y con la llegada de nuevos propulsores, más pequeños, turboalimentados, y con un consumo programado rayano en casi la mitad que los anteriores V8 atmosféricos.

Durante los años de la congelación en el desarrollo de los propulsores (2009-2013) Ferrari se dolía que la aerodinámica era una asignatura donde ellos se mostraban débiles, y soñaban con el retorno de una ´era motorística´. Esa era ha llegado y se rumorea que han dado con la tecla a la hora de aligerar el conjunto. Al inicio de su desarrollo el excesivo consumo fue un quebradero de cabeza pero una inyección mejorada por Magneti-Marelli parece haber aliviado ese problema. Más tarde apareció otro: la temperatura. Un cambio en el proveedor del turbo igualmente pareció paliar ligeramente esta gabela, y los técnicos andan experimentando con IHI y Garret, dos conocidos fabricantes. Si logran solventar todas estas cuitas, puede que los Ferrari partan con cierta ventaja. Ya lo dijo el desaparecido Enzo Ferrari hace años “La aerodinámica es para fracasados que no saben hacer motores“. Pues a ver si atinan con el V6 del que de momento, no enseñan nada, y huele a que tiene ´algo´.

José M. Zapico/Virutas
@VirutasF1