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La receta única para que Ferrari funcione: dinamita, y empezarlo todo desde cero

Fernando Alonso tiene difícil empresa si quiere ganar en un equipo en el que prometen resultados dentro de 1.000 días

Septiembre 7, 2014

Si el cielo de Ferrari es Maranello, el Vaticano es Monza, y allí, en lugar de dar luz a un futuro brillante, no hicieron más que certificar que siempre puede haber un “aún nos puede ocurrir algo peor”


Ya apenas quedan dudas: 2014 será recordado en Ferrari como un annus horribilis. A sus cero victorias, sus dos únicos pódiums —por parte de Alonso— y el bajo rendimiento general del equipo, se suma el desastroso resultado final acumulado por sus dos pilotos en Italia, con un Kimi Raikkonen que consiguió un par de puntos gracias a una sanción recibida por otro piloto y nada más. Si el cielo de Ferrari es Maranello, el Vaticano es Monza, y allí, en lugar de dar luz a un futuro brillante, no hicieron más que certificar que siempre puede haber un “aún nos puede ocurrir algo peor”. En Spa un mecánico confundió unos cables y Alonso salió con una batería vacía de voltios; en Monza, el equipo rojo apostó por un setup extremo en el coche a sabiendas de que la potencia de su motor sería insuficiente para estar a la altura del enjambre de Mercedes que revoloteaban a su alrededor. Prefirieron jugársela a que los arrasaran y el propulsor de Alonso dijo basta en mitad de la carrera… mientras los arrasaban.

Seis eran los motores Mercedes que coparon las tres primeras filas de la parrilla, siendo Alonso el primer propietario de un motor de otra marca. De poco le sirvió su más que correcto desempeño en entrenos, la sección eléctrica de su propulsor dejó de funcionar en mitad de la prueba y le dieron la orden de detenerse a un lado para conservar su mecánica. El asturiano, cabizbajo, volvió hasta la zona de boxes y saludó agradecido a una grada principal con dos tercios de entrada, pero sin quitarse el casco. A la postre, los tiffosi italianos, huérfanos de la pasión, tuvieron que jalear en el pódium a un inglés, un alemán y un brasileño. El color rojo sólo estuvo en las banderas.

De mal en peor
 
Cuando la FIA decidió cambiar las reglas en lo tocante a motores, Ferrari vio el cielo abierto porque en teoría, es ese su fuerte y no la aerodinámica, asignatura dominante en la última década con los propulsores congelados. Cuando llegó el momento de desquitarse se encontraron con que sus motores, —fiables hasta este domingo— no eran todo lo potentes que les hubiera gustado. Si empezaron mal la temporada, la están acabando aún peor, a pesar de que los viernes, descargados, sus tiempos son más que aceptables y cercanos a lo óptimo. El problema es que llega el día de la carrera y los bólidos rojos muestran sus debilidades, convirtiendo a Fernando Alonso, siempre favorito, en el infortunado pasajero de una tartana.
 
En un año clave, Ferrari ha despedido en mitad de la temporada al director del equipo y a su jefe de motores, dejando descabezado a un equipo que está en tierra de nadie, correteando como pollo sin cabeza, y a la espera de unos cambios que van a tardar en llegar.
 
Intentando poner orden en la estructura anquilosada de Ferrari
 
El nuevo director, Marco Mattiaci, procedente de la industria automovilística intenta poner orden y ha prometido resultados en un plan a tres años… lo mismo que James Allison, técnico comprado a Lotus y que parece saber cuales son los males que atenazan a los coches rojos.
 
El mal mayor, el peor de todos, no es un problema tecnológico, sino la cachazudez de una estructura anquilosada, artrítica, y poco acorde con las necesidades de un equipo de F1 moderno. La prueba está en que desde hace años, las mejoras implementadas en sus monoplazas en mitad de la temporada apenas mejoran nada. En otras formaciones como Red Bull, Mercedes, o Lotus —hasta el año pasado— sus coches iban de menos a más. Los Ferrari van de menos a menos aún. El propio Mattiaci lo ha dicho en público, y está harto de que los departamentos se culpen mutuamente de los males propios. Dinero tienen, pilotos también, pero el equipo necesita una reconversión al estilo de la que hizo Red Bull con Jaguar: pasaron de ser un equipo tan malo que ni tenían túnel de viento a tetracampeones del mundo de una tacada. Tienen que cambiar muchas cosas por dentro y esto va a costar dinero y sobre todo, tiempo.

Fernando Alonso lo ha dicho alto y claro: “quiero ganar, y si es en Ferrari, mejor”, pero difícil empresa es querer hacerlo en un equipo en el que prometen resultados dentro de 1.000 días. Salir de un equipo mítico sin resultados dejará mal sabor de boca dentro de un currículum excepcional, pero Lewis Hamilton tomó una decisión similar y el domingo ganó en Monza. Siempre habrá que respetar las decisiones del mejor piloto de la parrilla, pero desde luego, si quiere su tercer título vestido de rojo, tendría que esperar… años.

José M. Zapico
@VirutasF1