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Una reparación histórica

Felipe de Edimburgo instituido “Alto Lord Almirante”

Junio 12, 2011
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El pasado viernes Felipe de Edimburgo, el consorte que durante más años haya acompañado a una reina de Inglaterra en la historia, celebró sus 90 años recibiendo de su esposa, como regalo, el título honorífico de “Alto Lord Almirante” (Lord High Admiral) que viene a sanar una de las más profundas heridas familiares del marido de la reina Isabel. Nacido príncipe de Grecia y nieto del príncipe Luís de Battenberg, la vida del duque de Edimburgo ha estado marcada por ese estar siempre a la sombra de su esposa, que le ha relegado históricamente a un segundo plano y que ya en el lejano 1947 le hizo abjurar de todo su pasado familiar para britanizarse en una operación de expurgación de toda vinculación alemana de su familia en momentos de gran aversión de los ciudadanos británicos a la Alemania que les había llevado a la guerra.

Así él, que había nacido príncipe Felipe de Grecia, pasó a convertirse en el flamante oficial Felipe Mountbatten, aunque nunca olvidaría como su abuelo, Luís de Battenberg, que durante años había servido fielmente a la marina británica como primer Lord del Almirantazgo, se había visto en 1917 obligado a abandonar su cargo en la Royal Navy, a la que había consagrado su vida, y a prescindir de su título de príncipe por haber nacido en la denostada Alemania imperial.

Britanizarse a la fuerza

Los Battenberg se vieron entonces obligados a pasar por la humillación de avergonzarse de su origen, fueron despojados de su título principesco, y tuvieron que britanizarse a la fuerza metamorfoseándose en Mountbatten pero sin olvidar nunca aquella herida que solamente ahora viene a sanarse con la concesión de este nuevo título al marido de la reina Isabel. Es bien cierto que no se le ha creado “Primer Lord del Almirantazgo”, como había sido su maltratado abuelo, sino “Alto Lord Almirante”, pero con ello se repara una injusticia histórica que siempre hizo sentir a los Mountbatten una sensación de desprecio y de ser unos meros segundones en el ámbito de la realeza, de la que Felipe de Edimburgo fue heredero.

De ahí su empeño de tantos años por cambiar el nombre de la dinastía inglesa para que sus hijos dejasen de ser “Windsor” para pasar a denominarse “Mountbatten-Windsor”. Una lucha de años por salvaguardar su propio linaje que solamente en épocas recientes también se vio reconocida al decretarse que todos los descendientes de la reina Isabel que no lleven el calificativo de Alteza Real y el título de príncipe o princesa tomen el apellido “Mountbatten-Windsor” (tal es el caso de la hija de los condes de Wessex, que no es princesa). ¿Será acaso esa misma sensación de segundón permanente la que le ha llevado a sus frecuentes meteduras de pata con comentarios teñidos de racismo y de clasismo trasnochado? ¿O quizá sus muchas vinculaciones familiares con una Alemania que nadie quiere recordar?

Ningún acto especial

El cumpleaños del duque, que nunca fue elevado al rango de “príncipe consorte” (que él hubiera querido) siendo simplemente el “príncipe Felipe”, no estuvo marcado por ningún acto especial pues al día siguiente se celebraba en Londres el colorista Trooping de Colour con el que se celebra oficialmente el cumpleaños de su esposa. Solamente el domingo tuvo lugar una celebración más formal de los 90 años del consorte con un servicio de acción de gracias en la Capilla Real del Castillo de Windsor, seguida de una recepción. Avejentado y con una memoria que ya le falla (le cuesta recordar los nombres), en estos mismos días él mismo ha explicitado a la prensa su deseo de ir abandonando los actos oficiales (preside 800 organizaciones y fundaciones de distinta naturaleza) pues, según sus propias declaraciones: “Yo ya he hecho mi parte. Ahora quiero disfrutar un poco con menos responsabilidad, con menos estrés, menos preparación, y menos intentar pensar en algo que decir”. Una afirmación curiosa en alguien que no tuvo empacho en preguntar a los aborígenes australianos si aún se lanzaban flechas los unos a los otros, o en felicitar a un estudiante británico que había estado en Papua Nueva Guinea por haber conseguido que los indígenas no le comiesen. God save the Prince!

Ricardo Mateos