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Exclusiva: Así transcurrieron los hechos

Feliciano López buscó consuelo en Iker Casillas

Mayo 9, 2010

Por primera vez, explicamos cómo ocurrieron cronológicamente los hechos en el escándalo Feliciano López-María José Suárez. Él pidió ayuda a Iker Casillas.

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La reciente ruptura de María José Suárez y Feliciano López ha despertado un sinfín de comentarios y especulaciones. Todos hablan. Todos dicen conocer los entresijos de una separación que, más que de polémica, ha ido acompañada de escándalos engarzados. Infidelidades, embarazos no deseados, denuncias y exclusivas. Hace pocos días que ambos firmaron un acuerdo para desmarcarse públicamente de todo cuanto se comenta. Un escrito remitido a los medios de comunicación servía como punto de inflexión en un enfrentamiento que no parece tener fin. Ahora no pueden hablar, pero María José está atravesando uno de sus peores momentos personales. Le embarga el desasosiego. No tiene medida. Temen que su preocupante estado nervioso acabe provocándole un aborto involuntario. Le aconsejan relajarse. Tiene que pensar por dos, a pesar de que la actual situación sea insostenible. Es tremendamente doloroso enfrentarse a un bombardeo incandescente de críticas destructivas sobre sus últimas decisiones. Sobre ella han especulado hasta la extenuación. Le han tildado de infiel, aprovechada y mala persona. Y ella, desolada, llora desesperadamente ante la sempiterna estocada televisiva. Es frágil y delicada. Mucho más de lo que reflejan sus grandes tristes ojos. No puede más. Su voz se quiebra a cada momento. Es incapaz de disimular. Chorrea sentimiento.

La verdadera historia

 
Si algo ha molestado a María José es la imperdonable actitud infantil de Feliciano. Él, un triunfador sobre las pistas, lleva camino de convertirse en el padre en la sombra. Dicen que es demasiado inmaduro. Pero ella ya no lo entiende ni lo respeta. Él ha engendrado un bebé que le corresponde. Suárez critica entre sollozos que López no está cumpliendo con sus obligaciones morales. No le llama. No pregunta por su estado. Y, lo peor: no parece importarle. Los amigos del deportista lo excusan aduciendo a su evidente juventud. Un argumento precario y algo insultante, pues ostenta la misma edad para eyacular que para criar. Me cuentan que cuando María José le comentó que estaba embarazada –algo que él presentía a tenor de la falta menstrual de su novia- Feliciano empalideció. Era jueves. El domingo anterior habían regresado de una larga estancia en Miami. Entre ellos reinaba la tranquilidad. El martes habían ido a ver ‘En tierra hostil’. Durmieron juntos y apasionados. La noche del miércoles él estuvo en casa de José Luis Moreno ultimando los detalles de un ambicioso proyecto televisivo, por lo que decidieron verse el jueves al mediodía. Fue esa mañana cuando la modelo acudió a una farmacia de confianza. Compró un predictor y volvió a su casa. Dio positivo. No pasaron muchos minutos hasta que, embriagada por la emoción, llegó al domicilio de él. Y su sonrisa se volvió lamentación. Titubeante y nervioso, Feliciano encajó brusco la alegre confesión: “es que ahora creo que no es el momento y no podemos continuar con la relación”, pronunció. El portazo sonó como un signo de interrogación. María José lloró hasta que sus ojos se secaron. Su casa se convirtió en su prisión. Él agarró sus bártulos y desapareció. Voló hasta Montecarlo. Jugó y perdió. No respondió a mensajes ni llamadas. Fue como si la Tierra se lo hubiera tragado. Suárez encolerizó. Presa de los nervios telefoneó a una de sus mayores amigas quien no salió de su asombro. Él hizo lo propio con Iker Casillas, al que le une una estrecha amistad. Al portero del Real Madrid le contó que estaba atravesando una profunda crisis existencial, que tenía miedo y que no sabía cómo reaccionar. Buscó consuelo y lo encontró. Casillas intentó orientarle y le aconsejó que siguiera los dictámenes de su corazón. Volvió a llamar. Mostró desesperación. Incredulidad e incluso dubitación. Íker volvió a tenderle su mano, pero le repitió su mismo sabio consejo.
 

Las polémicas exclusivas

 
La noticia trascendió a los medios dos días después. María José llevaba una semana sin conseguir hablar con Feliciano. Las llamadas de los periodistas del corazón la atemorizaron. Pasó una semana más hasta que el tenista dio señales de vida: “prometo ir a hablar contigo cuando pase el Godó”, le dijo. Y cumplió con su palabra. La conversación no duró más de quince minutos. Tuvo lugar en casa de ella. Él le propuso no continuar con el embarazo. Ella negó. Feliciano prometió, entonces, darle el apellido al bebé y cumplir con sus obligaciones como padre, aunque parece ser que recalcó su oposición. María José se enfadó todavía más. Me cuentan que no esperaba tamaña reacción. Pensó que el asunto discurriría en otros términos. Se equivocó. Y se volvió a romper. No obstante consiguió darse cuenta de que había echado por la borda cinco años de lucha continua. Se le cayó la venda de golpe. Y la herida todavía supura. 
 

Por Saúl Ortiz (saul@extraconfidencial.com)