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Fátima Báñez aprueba el convenio colectivo para los futbolistas por el cual el peor pagado de Segunda División cobra más que el presidente del Gobierno: 75.000 euros

Diciembre 15, 2015

La jornada del futbolista no superará las siete horas del día mientras que el empleado público tiene una jornada de 7,5 horas diarias. Aquel que cause baja por incapacidad temporal tendrá derecho a que el Club complete la prestación hasta el 100% de sus retribuciones, manteniendo esta situación hasta su alta o finalización del período contractual

AFE

El fútbol es el opio del pueblo. Un elemento tan poderoso como manipulador y peligroso. Su potencia no se basa solamente en el ámbito deportivo. El deporte rey influye en tal magnitud de campos sociales que ya resulta manido realizar una enumeración de aspectos que se rigen por los intereses futbolísticos y que causan las mayores desigualdades laborales conocidas en la historia actual, una historia que ya de por sí es bastante ambigua y desequilibrada. El fútbol mueve tantos millones y abarca tanto poderío que su repercusión es universal. Cualquier partido, por ignoto que sea, pude ser el acontecimiento del año para un gran colectivo de personas. Ahí radica el poder del fútbol, en cuán importante es para el pueblo. Y si no fuera de tamaño interés, su poder se iría minando poco a poco. Porque los grandes registros de audiencias y las grandes cajas de las taquillas de los clubes, refuerzan una situación de hegemonía.

Hartos de la injusticia presente en el reparto audiovisual, la Liga Profesional de Fútbol (LFP), ha conseguido un nuevo Real Decreto sobre el reparto de los derechos audiovisuales en el que el sistema avanza hacia una mayor igualdad. Del 100% consignado para los equipos de Primera División, un 50% se reparte a partes iguales entre todos los clubes, un 25%  en función de los resultados obtenidos en las últimas cinco temporadas y el restante 25% atenderá a la implantación social, entendida como taquilla media de los últimos cinco años y generación de recursos de la comercialización de las retransmisiones televisivas.

Dos diferencias subyacen aquí con el modelo inglés, país en el que el fútbol quizá no tenga tanto calado social como en España. Allí, el 50% también se reparte equitativamente entre los equipos, mientras que el primer 25% atiende solo a los resultados de la última campaña (no a los últimos cinco), y el segundo 25% atiende solo a las audiencias (sin contar las taquillas). ¿Qué provoca esto? Mientras en España, Real Madrid y Barcelona ingresan unos 140 millones y equipos más modestos, como el Rayo Vallecano unos 19 millones, en Inglaterra el club que más ingresa –Liverpool con 117 millones-, no está tan lejos del que menos, Cardiff con 74,5.

Una discriminación fragrante

Pero estas desigualdades se extienden a todo aquello que toca el fútbol. Recientemente, el Ministerio de Empleo y Seguridad Social de Fátima Báñez ha aprobado el Convenio Colectivo para la actividad de Fútbol Profesional que entrará en vigor el próximo 1 de enero de 2016 y finalizará en junio de 2020. Un acuerdo que incluye ciertos artículos que regulan las condiciones laborales de los deportistas y que si se comparan, por ejemplo con el Estatuto Básico del Empleado Público, la situación de los funcionarios dista mucho de las prebendas, privilegios y momios de los que disfrutan los futbolistas, simplemente por el hecho, de ser futbolistas.

Para empezar, “la jornada del Futbolista Profesional comprenderá la prestación de sus servicios ante el público y el tiempo en que esté bajo las órdenes directas del Club/SAD a efectos de entrenamiento o preparación física y técnica para la misma. En ningún caso superará las siete horas del día, con las excepciones señaladas en el artículo siguiente”. El empleado público tiene una jornada de 7,5 horas diarias. Por lo que los funcionarios trabajan de media, 10 horas más que los futbolistas al mes, 120 horas al año.

Y disponen de menos vacaciones. Donde “los Futbolistas tienen derecho a unas vacaciones anuales retribuidas de 30 días naturales”, los funcionarios públicos “tendrán derecho a disfrutar durante cada año natural de unas vacaciones retribuidas de veintidós días hábiles”. Una diferencia notoria a la que se suma la mayor contrariedad que veremos a continuación: la remuneración económica.

Ricos y pobres

Por todos son conocidas las mareantes cifras que figuran en las nóminas de los grandes astros del fútbol mundial. Escalofriantes son los 17 millones de euros de Cristiano Ronaldo o los 20 de Lionel Messi. Pero el Convenio Colectivo para la actividad de Fútbol Profesional, establece un mínimo. Estas retribuciones mínimas por temporada, serán para la temporada 2016/2017 de 155.000 euros -6.500  euros mensuales-, para los futbolistas que jueguen en Primera División y 77.500 euros -4.000 euros al mes-, para aquellos que formen parte de la Segunda División española. Hasta 2020, cada año se incrementarán estas cantidades en función de la subida del Índice de Precios de Consumo (IPC).

Esto quiere decir que el futbolista que menos cobra en Primera División, percibirá tan solo un 0,7% del salario del futbolista que más cobra. Los contrastes no quedan aquí. Si nos fijamos en las retribuciones que marca el Estatuto Básico del Empleado Público vemos que el sueldo base del funcionario (sin sumar trienios, pagas extras ni complementos de destino) va desde los 6.581,64 euros anuales cuando se trata de un Cuerpo E -el más bajo-, hasta los 13.308,60 euros del Cuerpo A1, el más alto. La ecuación resulta clara: el salario mínimo anual del funcionario público es igual a lo mínimo que gana en un mes un futbolista de Primera División.

Además, a estas cifras hay que sumarles los complementos salariales que pueden obtener como Prima de Contratación o Fichaje, Prima de Partido, Sueldo Mensual, Pagas Extraordinarias, Plus de Antigüedad y Derechos de Explotación de Imagen en su caso”. Por si esto fuera poco, “los futbolistas profesionales, tendrán derecho a percibir cada temporada, además de los doce sueldos mensuales, dos pagas extraordinarias, por importe cada una de ellas del sueldo mensual pactado, incrementado con el plus de antigüedad”.

Precisamente, de acuerdo a la antigüedad, los futbolistas con dos años de permanencia recibirán un complemento correspondiente al 5% del sueldo mensual que perciba de su equipo. Y cuando el futbolista haya militado seis o más temporadas, el club estará obligado a satisfacerle las siguientes cantidades: 19.250 euros por 6 temporadas, 31.300 por siete, 44.500 por ocho y 75.000 por nueve o más temporadas de antigüedad.

Bajas cubiertas en su totalidad y privilegios para las familias

El futbolista que, durante la vigencia del contrato incurriera en baja por incapacidad temporal, sea cual fuere la causa, tendrá derecho a que el Club complete la prestación de la Seguridad Social o Mutua Patronal hasta el 100% de sus retribuciones, manteniendo esta situación hasta su alta o finalización del período contractual. Mientras tanto, los funcionarios públicos se tienen que conformar con el 50% de su retribución durante los tres primeros días de una baja por enfermedad común, el 75% desde el cuarto día hasta el día número 20 y el 100% a partir del vigesimoprimer día.

Pero no solo los futbolistas se ven beneficiados sobremanera por este convenio colectivo. Sus familiares también sacarán tajada del mismo. En el caso de que el futbolista resulte muerto o afectado de invalidez absoluta por un incidente que sea consecuencia directa de la práctica del fútbol bajo la disciplina del Club, éste o sus familiares serán indemnizados con 180.000 euros al año.

Por último, una buena forma de esquivar los impagables precios de las entradas de los partidos de Primera División es ser familiar o amigo de un deportista de élite ya que los clubes pondrán a disposición de los futbolistas de sus plantillas y sus familiares directos, un mínimo de veinte localidades de asiento, o habilitarán un palco para cubrir este fin.

Doinel Castro