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Del ex de Madonna a Mr. Bean pasando por el ex play boy Jürgen Pierburg, hijo de un industrial nazi

Famosos, mega ricos y arribistas entre los invitados del Príncipe de Gales a la boda de su hijo

Abril 17, 2011
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La boda real británica ya esta casi en puertas y la enfebrecida sociedad británica se entrega a compras y cábalas de toda suerte mientras, poco a poco, se van filtrando muchos de los nombres de los glamorosos invitados que contarán con el extraordinario privilegio de asistir al brillante evento en la abadía de Westminster, al suntuoso banquete que seguirá a la ceremonia en el palacio de Buckingham, y a la aún mas selecta cena, seguida de baile, organizada para los invitados por el Príncipe de Gales en su residencia londinense de Clarence House. Una lista de invitados a todas luces controvertida por la mezcla, una especie de mix-max, de famosos, ricos, mega ricos, arribistas y, por supuesto, destacados miembros de la realeza europea.

Pero como los tiempos cambian y la corte británica, siempre tan selecta y escrupulosa en otro tiempo en tanto en sus contactos como en sus relaciones tan rígidamente marcados por estrictos principios de protocolo y de precedencia ya no es sino una sombra de lo que fue, el Príncipe de Gales se ha dado permiso para abrir la mano a la presencia de invitados curiosos, y hasta bizarros, que ya están llamando poderosamente la atención en los mas destacados medios de prensa británicos.

Del ex de Madonna a Mr. Bean

La lista de los invitados peculiares del heredero es singular y pareciera ser una especie de reparación agradecida a muchos de aquellos que, a lo largo de los años, le han procurado sus favores, le han dado apoyo, o han contribuido con sus fortunas a algunas de las muchas instituciones que él preside. Por ello, nombres como Guy Ritchie (ex de Madonna), o el mismisimo Mr. Bean (el actor Rowan Atkinson), no son los que llaman mas la atención en medio de toda una cohorte de ricos y poderosos, muchos de los cuales están marcados por pasados corruptos o, cuando menos, dudosos.

Primero, y entre los polémicos, el multimillonario kazajistano Timor Kuanyshev (gran amigo del Príncipe Miguel de Kent), que años atrás fue cazado en la aduana rusa por llevar un millón de dólares no declarado oculto en su ropa interior, la de su esposa y la de su séquito. Le sigue el banquero norteamericano Joe Allbritton (de la Banca Riggs, conocida como la banca de los presidentes), que lleva a sus espaldas una multa de 23 millones de dólares impuesta por el Congreso de los Estados Unidos por un escándalo de intrigas políticas con diplomáticos saudíes y dictadores sudamericanos.

Otros son el industrial del sector automovilístico Jon Zammett, que es quien pone a disposición de la Familia eal británica su flamante flota de vehículos AUDI de la más alta gama; Sir Donald Gosling, que consiguió un flamante titulo de Almirante por sus aportes de fondos a la marina británica y cuya joven esposa, Gabriella di Nora, trabaja en los almacenes Selfridge’s (donde Camilla hace sus compras); o la chilena Lucia Santa Cruz, que ayudó a bloquear la extradición desde Inglaterra a España del dictador  Augusto Pinochet.

El pasado fue siempre mejor

Pero también engrosan la lista el ex play boy Jürgen Pierburg, hijo de un industrial nazi; el conde Tibor Kalnoky, testaferro a través del cual el príncipe de Gales adquirió dos propiedades en Rumania; el marqués Vittorio Frescobaldi, un magnate de vinos de la Toscana a quien se acusa de utilizar uvas importadas que nada tienen de italianas; la señora Lily Safra, viuda de un banquero libanés encontrado muerto en su apartamento de Mónaco en extrañas circunstancias; o el multimillonario John Madejski, propietario del Reading Fútbol Club.

Todo un variopinto listado en el que el viejo Quién es Quién pierde todo sentido y utilidad, en el que el Almanaque de Gotha queda completamente arrumbado, y en el que ya no es extraño encontrar también a dos grandes de la española Porcelanosa, Pedro Pesudo y Manuel Colonques. Nadie sabe ya que ha sido de la vieja corte británica y uno se pregunta que hubiera dicho de tan ilustres invitados la todavía controvertida Wallis Simpson, que allá por 1935 tuvo que abrirse paso a codazos para poder ser admitida a tomar el té en Buckingham en tiempos en los que la presentación en la Corte requería de, además de un tocado con plumas de avestruz en el caso de las damas, un severo conjunto de requisitos que a todas luces ya solo conforman parte de un pasado que algunos recuerdan con verdadera nostalgia.