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A QUIÉN CORRESPONDA

A QUIÉN CORRESPONDA

Extraño adiós de Luis Enrique: muchos títulos, una última temporada discreta y la sensación de haber perdido la esencia del FC Barcelona

Mayo 30, 2017
bartomeu-luis-enrique

Mediada la segunda parte de la final del Calderón y con el Barça acariciando la Copa del Rey, Luis Enrique abroncó con vehemencia a Cillessen por sacar en largo. Pareciera como si el técnico asturiano quisiera dejar las cosas como las encontró al llegar. Era su intento de convencer al público de que sí, evolucionó el estilo del Barça, pero siempre mantuvo su esencia. Pensó que 90 minutos bastarían para disipar cualquier tipo de duda al respecto. Pero lo cierto es que en el Barcelona, desde hace tiempo, los títulos no son suficientes.

Y eso que Luis Enrique ha ganado muchos. En la faceta competitiva hay poco que reprocharle: 9 títulos de 13 posibles dejan una media demoledora de 3 por temporada. Además, en esa evolución el Barça ha sabido convertirse en un animal letal, que cuando ha estado herido ha utilizado la fuerza y no tanto la maña para seguir adelante. En los peores momentos de juego, el Barcelona se ha aferrado a un gen competitivo que algunos ni siquiera sabíamos que existía. Así se consiguió la gran hazaña de esta temporada. Lástima que la remontada al PSG fuera en octavos de la Champions.

Pocos se atreven, pues, a criticar abiertamente a un entrenador que ha logrado tanto con el Barça pero muchos se alegran en silencio de su no continuidad. Y el mayor problema no ha sido su áspera relación con los medios de comunicación. Al entorno culé le importa bastante más la imagen que deja. Y la imagen, como la propia trayectoria del Barcelona de Luis Enrique, ha ido de más a menos. Es cierto que el asturiano imprimió esa potencia y esa verticalidad cuando su equipo más lo necesitaba, pero después convirtió esos recursos en vicios habituales. Y lo peor que le pasó a Luis Enrique es que esa decadencia estética coincidió con una crisis de resultados (básicamente perder la Liga contra el Madrid y caer en cuartos de la Champions). Sin victorias a las que agarrarse y con la evidencia por vez primera en muchos años de la superioridad del Real Madrid, a Luis Enrique le llegó su hora. Él lo visualizó antes y actuó. En caso contrario, posiblemente nos estaríamos preguntando a estas horas sobre su posible destitución.

Necesidad de volver a los orígenes

A diferencia de lo que ocurrió con el adiós de Pep Guardiola, esta vez no ha habido mayor drama ni revuelo. En el imaginario blaugrana está asentada la idea de que era necesario un cambio. En cualquier caso, es difícil saber cuáles han sido las circunstancias reales que han rodeado de Luis Enrique. Quizás no ha contado con los jugadores ideales para mantener ese juego de toque casi obsesivo y dominio absoluto del balón. No obstante, parece claro que el técnico decidió insuflar una buena dosis de mordiente al a veces previsible ataque del Barça. Y después fue introduciendo paulatinamente recursos nunca antes utilizados por el Barça de la historia moderna. Comenzó a dejar de resultar extraño ver al portero patear en largo ante la presión del rival. El balón ha estado más tiempo en el aire esta campaña que en el último lustro. El Barcelona dejó de llevar las riendas de los partidos y se entregó en los brazos del azar y del coraje. La combinación tenía fecha de caducidad.

Ha llegado el momento de regresar a la esencia, al origen de las cosas. El nuevo inquilino del banquillo blaugrana, Ernesto Valverde, oficializado este lunes, tiene ante sí el reto de volver a maravillar al mundo con el balón como protagonista. Pase lo que pase, el Barça no debería perder el carácter que le ha imprimido Luis Enrique en estas tres últimas temporadas. El asturiano ha conseguido lo más difícil en un equipo de esta índole. Ha dejado su sello. Que guste más o menos ya es otra historia.

Felipe de Luis Manero

@FelipedeLuis99