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El importe total se elevó a 9,2 millones, entregados por la Exposición y los ministerios de Fomento y Medioambiente

Expoagua pagó 3,68 millones en obras artísticas adjudicadas sin concurso

Abril 15, 2010

Nadie duda que el arte tiene un precio, pero hay buenos y malos momentos para gastarse millones de euros en ello. El 2008, cuando la crisis estaba ya había estallado, fue para el Gobierno un año de despilfarro artístico, a los 20 millones de la cúpula de Barceló hay que añadir los 9,2 millones pagados en obras artísticas, más de un tercio sin pasar por ningún concurso.

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La sociedad Expoagua Zaragoza cerró sus cuentas con más de 500 millones de euros de pérdidas, la mayor parte por la amortización de unos inmuebles de difícil salida, pero que ahora el Gobierno Central “coloca” como pago de deuda al de Aragón. Pero también por 54 millones de pérdidas ordinarias, que justifican por menores ingresos de entradas, mientras que los generados por patrocinio superaron con creces este menor ingreso en taquilla.
Y es que la clave está en más en las compras que en las ventas, en el coste de unos contratos que en la mayoría de los casos supusieron mayor precio que el presupuestado.

Expoagua, en su actividad contractual, estaba sometida al derecho privado y a las normas de la Ley de Contratos del Sector Público aplicables con carácter general a las Empresas Públicas, por tanto aplicó, siguiendo su regulación interna, unos procedimientos similares a los requeridos en la contratación administrativa. Pero no todos los casos cumplido, los principios de publicidad y concurrencia.

Por razón de “objeto”, en los contratos de contenido artístico, se adjudicaron en su mayoría por el procedimiento negociado sin publicidad, es decir se contrató directamente al “artista” para que libremente hiciera lo que quisiera, ya que si no hay concurso, no hay normas que cumplir. Así Expoagua, el ministerio de Fomento y el ministerio de Medioambiente pagaron más de nueve millones de euros en obras artísticas y más de un tercio, 3,68 millones adjudicadas a dedo.

La reina de las obras, el alma del Ebro, de Jaume Plensa, un recuerdo gigante de la exposición, no sólo por su tamaña si no también por que costó 1,26 millones de euros. Barceló no está solo.