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Primeras palabras del diestro tras su ingreso en el hospital Ramón y Cajal de Madrid

Exclusiva: José Ortega Cano: “El susto no me lo quita nadie”

Mayo 7, 2008

Cuando parecía que sus problemas empezaban a reducirse, una pancreatitis ha llevado al diestro José Ortega Cano al hospital. Eso sí, se recupera favorablemente y podría recibir el alta en las próximas horas.

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No es la primera vez que el diestro José Ortega Cano es ingresado en un hospital a causa de sus problemas de salud, pues a principios de año necesitó hacerse un chequeo general cuando se le diagnosticó una deficiencia respiratoria. Por aquel entonces, el matador parecía algo nervioso y desasosegado ante un revés del destino que no se esperaba. Algo parecido le ocurrió el pasado viernes cuando empezó a notar unos fuertes dolores en su estómago que le produjeron una sensación de confusión inenarrable. Quizás por eso decidió pernoctar en casa de su hermana Conchi, con la que mantiene una buenísima relación, a la espera de que los incómodos pinchazos desaparecieran durante la noche. No fue así, incluso se agudizaron cuando en el cielo sólo bailaban las estrellas y todos dormían apaciblemente en el domicilio de la peluquera. A la mañana siguiente, dado que la situación parecía insostenible, Ortega Cano decidió acudir al hospital Infanta doña Sofía de San Sebastián de los Reyes. Tras hacerle las pruebas pertinentes que terminaron por desvelar que lo suyo no era un contratiempo pasajero, el diestro decidió que se le trasladara hasta el hospital Ramón y Cajal en el que se encuentra su expediente. Allí, tras un minucioso examen médico, se le diagnosticó una pancreatitis leve que dejó un tanto asustado, quizás preocupado, al celebérrimo matador. Me cuentan que a José le sobrevinieron recuerdos de la enfermedad que sesgó definitivamente la vida de una Rocío Jurado que si levantara la cabeza plantaría cara a más de uno. A Ortega le azotaron pensamientos agoreros pues, como un mazazo del destino, su problema afectaba al páncreas. Ironías del vivir. Inexplicable.
 
Las primeras palabras   
 
La ausencia de José Ortega Cano el pasado sábado en una corrida en las Ventas en las que se lidiaron cuatro novillos de su ganadería dio la voz de alarma. Rareza incomprensible a la que muchos buscaron explicación hasta que, un familiar cercano, declaró públicamente que el diestro no pudo asistir por motivos de salud. Es evidente que Ortega Cano se refugia en sus familiares y amigos más cercanos para superar los embistes de la vida. No en esos que empuñan el micrófono en televisión para llenar sus arcas y pintan en sus rostros lágrimas de falsa compasión. El diestro sigue sin comprender que haya quien se alze en portavoz y atuse su melena hablando sólo de las desgracias ajenas. Parece no entender la necesidad de algunos por ser el niño en el bautizo, la novia en la boda y el muerto en el entierro. Nadie sabe y todos quieren saber. De momento, a la espera de que se le dé el alta médica, el matador se encuentra muchísimo más recuperado. Al menos es lo que me confesó durante una conversación telefónica que tuvo lugar a media tarde de ayer: “La verdad es que todavía estoy en la clínica pero me encuentro muchísimo mejor aunque el susto no me lo quita nadie. Creo que, si no pasa nada, me darán el alta el próximo jueves o viernes a más tardar”. Una buena noticia que, sin duda alguna, alegrará a sus pequeño, José Fernando y Gloria Camila, que esperan con entereza a que su padre vuelva a sonreír.
 
Por Saúl Ortiz