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Dice que fue víctima de una increible persecucción

Exclusiva: Eugenia Martínez de Irujo denuncia a un fotógrafo por acoso, insultos y amenazas

Marzo 23, 2010

No es la primera vez que lo hace, pero en esta ocasión parece que el asunto es más grave. Eugenia Martínez de Irujo se siente perseguida e insultada por los fotógrafos y los confunde con terroristas.

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Es la imagen de la rebeldía por antonomasia. Siempre ha hecho lo que le ha venido en gana. Incluso cuando apenas levantaba un palmo del suelo y debía rendir pleitesía a su aristócrata progenitora. Eugenia Martínez de Irujo -la Duquesita para el mundo- hace y deshace a su antojo. En ocasiones se equivoca, pero lo cierto es que nadie puede negarle que, como la canción, vive la vida loca. En el terreno sentimental no consulta a nadie. Sigue los dictámenes de su corazón sin pensar en el qué dirán. No es cerebral, por eso se le ha visto arrejuntada con varones de todo tipo, raza y color. En temas laborales, Eugenia poco o nada ha destacado, quizás porque no se le conoce profesión habitual, salvo sus posados en las revistas del no cuché y su repetitiva presencia en los saraos de Tous. Aburrimiento en vena. Lo que sigue desequilibrándola es la prensa del corazón. Hace algunas semanas protagonizó una escena bizarra en plena Plaza de Colón de Madrid. Se creyó perseguida por un vándalo y acudió a la policía para que le pararan los pies. Lejos de lo pensando, quien le seguía no era un terrorista sino un humilde fotógrafo que estaba ejerciendo su profesión. Ni más ni menos.
 
Ya hay fecha para el juicio
 
Cavilan acerca del motivo por el que Eugenita responde así ante la persecución de los medios de comunicación. Hiela que, siendo consciente de que le seguía un reportero gráfico que buscaba inmortalizarla, recurrió a los municipales para que le exigieran acreditarse. Y no fue en una ocasión, sino hasta en tres durante el largo recorrido por las calles de Madrid. Viendo que la policía no impedía la circulación del paparazzo, Eugenia optó por comunicarle a unos controladores urbanos que estaba siendo seguida, amenazada e insultada por un señor del que desconocía su identidad. Acabáramos. “Me está amenazando y estoy muy asustada porque no sé quién es”, les espetó con cierta reminiscencia. Aprovechando la ocasión, Eugenia continuó su camino, tomó nota de la matricula e interpuso una denuncia por múltiples supuestos delitos. Insultos, amenazas y hasta un acoso que huele a podrido. Me cuentan que el fotógrafo, Carlos del Pozo, un currito que trabaja en la nueva agencia Target, está realmente sorprendido ante todo lo que está ocurriendo, pero tiene ganas de que se celebre el juicio que tendrá lugar el próximo mes de mayo. Eso sí, estos compañeros que deberían tener un plus de peligrosidad, andan ya acostumbrados ante los embistes cotidianos de nuestros famosos más bohemios y sensibleras. No es la primera vez en la que Eugenia aduce un acoso para librarse de los reporteros que, al fin y al cabo, sólo hacen su trabajo. Las cámaras no son armas. Ya vale.
 
Por Saúl Ortiz (saul@extraconfidencial.com)