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El actor que fue detenido por amenazas y agresiones, necesitó que le sedaran

Exclusiva: Andrés Pajares pidió que su hija Eva estuviera con él

Abril 30, 2008

El actor Andrés Pajares no atraviesa su mejor momento. Lejos de lo que se podía imaginar, tuvo que ser detenido por agresiones y amenazas contra miembros de un bufete de abogados que trabaja para él. Ahora se enfrenta a graves acusaciones.

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Algunos lo vaticinaron. Muchos lo aseguraron. Otros tantos lo mascullaron. Y es una realidad. Andrés Pajares está enfermo. Tiene graves problemas de salud que en estos momentos hacen peligrar una estabilidad emocional tan frágil como una lámina de cristal. El episodio surrealista que protagonizó en el despacho Castellana Abogados, el bufete que desde hace varios años le gestiona asuntos fiscales, no es más que el reflejo de una vida que se marchita irreparablemente. El actor, que se presentó disfrazado con una gorra, gafas de sol, y un bigote falso, balbuceó que quería unos papeles de manera urgente ante el asombro de los allí presentes. Sin mediar palabra, Pajares empuñó la pistola que tenía guardada en la chaqueta y golpeó con la culata a una de las empleadas a quien también roció con un aerosol que le irritó los ojos. Otros, sin embargo, sufrieron mordiscos y puñetazos en abdomen, brazos y cuello. Me aseguran que el actor era incapaz de reaccionar, pues no era consciente de la gravedad de sus movimientos, quizás por eso se decidió telefonear a la Policía que le trasladó hasta la Comisaría zonal del distrito de Chamartín, donde prestó declaración. Y eso que la noche anterior telefoneó a Emilia Zaballos, su anterior abogada, para advertirle que muy pronto tendría noticias de su nuevo letrado: “Mañana te llamará mi nuevo abogado, que lo sepas”. Parece que lo tenía preparado. Quién sabe. Por cierto, el próximo lunes la revista “Qué Me Dices” ofrecerá datos en exclusiva, todavía no explicados, sobre tan polémica detención. Se resolverán múltiples incógnitas, sin duda. Tiempo al tiempo.
 
 “Que venga mi hija Eva”  
 
Exaltado, excesivamente nervioso y desubicado, Andrés Pajares necesitó la ayuda de un médico que le proporcionó un sedante, hasta en dos ocasiones, para rebajar el estado ansioso con el que arribó a las dependencias policiales. Allí pudo hacer una única llamada telefónica y pedir un abogado de oficio. Sin embargo, fuentes de total solvencia me aseguran que pedía a gritos que su hija Eva estuviera junto a él. Y  su secretaria, con la que trabaja desde hace cinco años, le transmitió tamaño deseo. Eva, que estaba fuera de España, regresará esta misma mañana sobre las once menos cuarto para acudir a los juzgados de Plaza de Castilla donde su padre prestará declaración ante el juez instructor del caso. Eva lloró lágrimas de sangre al enterarse de la noticia. Pese a todo, cabe resaltar la presencia de una Paloma Cela, amiga del actor, que no se movió de las puertas de la Comisaría pese al frío y la incomodidad de la situación. Es una de  las mejores amigas de Andrés, la que siempre está cuando le necesita. Una mujer de ideales y sentimientos inamovibles que se entrega al máximo por sus amigos. 

Desguazadora de Pajares

Nada que ver con una Conchi Jiménez que asegura que estuvo hasta tres veces en la Comisaría. Incluso afirma que llegó a las siete de la tarde. No es posible, a menos que hubiera abandonado la comisaría con famosísima capa de invisibilidad de Harry Potter, pues  Conchita llegó a las nueve y media y, pese a que se atuse la melena para dárselas de importante, no logró acceder al interior de la comisaría porque no es familia directa del humorista. Y no es que me lo hayan chivateado malintencionadamente, pues el que firma esta crónica estuvo presente cuando le espetaron que no podían facilitarle información confidencial. Y ella se sacó el tabaco, fumó un cigarrillo y se ajustó la chaqueta que vestía. De nada le sirvió ir agarrada del brazo de una prima segunda de Pajares a la que, por cierto, no habla desde hace varios meses. Repatea la frialdad con la que intentó manipular a la prensa y hacer creer que su relación con Andrés todavía sigue latente. Pese a que es una bola que ya no se cree nadie, lo cierto es que sobre las siete de la tarde la telefoneé para confirmar si se encontraba en las dependencias policiales: “No te voy a decir si estoy o si no estoy y me da lo mismo, es que no voy a hablar”. Juego sucio, mentira envenenada para intentar sacar tajada, una vez más, de las desgracias ajenas. Y, luego, cuando se encontró conmigo a pie de taxi, su cara era todo un poema: “Yo no había dicho que estaba aquí, eso se lo han inventado porque conmigo no ha hablado ningún periodista salvo tú”. A más de uno, de esos que se preocupan por el estado del actor lejos de los focos y las cámaras, le entraron ganas de plantarle un bofetón de los que hacen época. Suerte que todavía hay clases.
 
 
Por Saúl Ortiz