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Los encuentros entre la Duquesa de Montoro y el hijo de Pilar Miró ya son más que habituales

Eugenia Martínez de Irujo pasa la noche en casa de Gonzalo Miró

Noviembre 29, 2007
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Eugenia Martínez de Irujo está realmente ilusionada. Su mirada brilla con una intensidad tan insólita como irreconocible. Su idilio con Gonzalo Miró se encuentra en el mejor momento desde que decidieron retomar el contacto, olvidar rencillas del pasado e intentarlo de nuevo. Si hace algunos días fuimos los primeros en explicar que la Duquesa de Montoro y el presentador de ‘Las Mañanas de Cuatro’ eran protagonistas de acercamientos avivadores de sentimientos y de pasiones, éstos ahora han dado paso a una reconciliación que les ha devuelto la sonrisa. Tanto, que incluso parece que su amor es indestructible.
Eso sí, la entrañable Eugenia ha decidido que en esta ocasión nadie se entrometa en su historia de amor, por eso no dudó en confesarme que no dará explicaciones a los medios de comunicación sobre asuntos relacionados con el corazón: “He optado por no hablar para poder vivirlo todo en la intimidad” me confesó hace algunos días cuando le pregunté abiertamente sobre su esperada reconciliación. Quién sabe si prefiere mantenerse lejos del bullicio mediático para no volver a disgustar a una Duquesa de Alba que nunca aprobó ni admitió tamaña relación. Por eso, lejos de la realidad, la excelentísima dama sólo reconoce una amistad entre ambos.
 

Y para muestra, un botón

El pasado lunes por la noche, Eugenia y Gonzalo disfrutaron de una intensa velada que se alargó hasta primeras horas de la mañana siguiente. La Duquesa de Montoro se desplazó desde el Palacio de Liria hasta el lujoso domicilio del hijo de Pilar Miró para disfrutar en la intimidad de los arrumacos de su flamante compañero. Gusta, humaniza y, hasta enternece, que Eugenia llevara a la cita una barra de pan y una bolsa de frío hielo con el que poder brindar por esta segunda oportunidad. Eso sí, antes de llegar a su destino, Eugenia se puso en contacto con la policía para informarles de que estaba siendo perseguida por un coche al que no identificaba. Lejos de lo pensado, tan sólo eran reporteros que estaban realizando su trabajo.
 

Por Saúl Ortiz