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La presidenta madrileña aprovechó la crisis del partido para consolidar su posición en la Comunidad Autónoma

Esperanza Aguirre quería a Pizarro para…

Junio 10, 2008
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Cruz de navajas por una mujer, como reza la canción de Mecano, en el Partido Popular. Aunque las cosas se van templando la guerra sigue abierta. Unos hablan y postulan a los tapados, entres ellos González de Cospedal. Otros se amparan en el debate de los avales para decir si quiero pero no puedo. Lo auténtico es que los/las que aspiran a la presidencia del Partido Popular hacen valer su definitiva decisión de no presentarse como alternativa a Mariano Rajoy para el día de mañana cobrar la recompensa correspondiente por no incomodar al que resultará líder del Partido Popular. Así al menos contemplan el panorama desde Génova 13.
El caso es que, según nuestras fuentes, Manuel Pizarro, número dos del PP por Madrid en las pasadas elecciones generales se sintió traicionado, no como todo el mundo piensa, por Mariano Rajoy sino por Esperanza Aguirre. Cruz de navajas. La presidenta madrileña intentó, sin éxito, debilitar a Rajoy cuando, al comienzo de la supuesta crisis, tentó al ex presidente de Endesa como sucesor de Miguel Blesa en la presidencia de Cajamadrid. En principio, Pizarro se dejó querer pero nobleza obliga y, al final, desestimó la suculenta oferta. Dicen que es un hombre de ley. Pero Mariano Rajoy no perdona ni tan siquiera los amagos de deserción.

Obsesión por controlar todo

Y es que Esperanza Aguirre lleva mucho tiempo, demasiado quizás, intentando colocar a un hombre, que no mujer, al frente de Cajamadrid con el apoyo incalculable de determinados medios. Vamos, como nombró a Gerardo Díaz Ferrán presidente de la Cámara de Comercio de Madrid por recomendación de Rodrigo Rato hasta que el propietario de Viajes Marsans se convirtió en presidente de la CEOE. Y Esperanza Aguirre se sintió traicionada, como Rajoy ahora, cuando Ferrán se alineó con la política del Ejecutivo de Rodríguez Zapatero. “Donde las dan, las toman”, se jactan en el equipo de Rajoy y Alberto Ruiz Gallardón. Además, los números de la Caja madrileña cantan.    
En definitiva, Manuel Pizarro es más empresario que político. Lo mismo que Miguel Blesa. Y entre empresarios no hay guerras salvo contadas excepciones. Ya dijimos hace muchos meses, bastantes antes de las elecciones, que Rajoy había decidido que tanto Ángel Acebes como Eduardo Zaplana pasarían a la “reserva activa”. La noticia se confirmó. Lo mismo que avanzamos que Esperanza Aguirre jamás se presentaría como candidata al próximo Congreso del PP como alternativa a Mariano Rajoy. Su disidencia tenía, no un precio, un nombre: Ruiz Gallardón.