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España sigue acatando el Plan de Acogida de Refugiados de Bruselas sin reparar en posibles consecuencias fatales: 160.000 euros en alimentos para los centros de Sevilla y Mislata

Diciembre 21, 2015
refugiados

Horas después de que el autodenominado Estado Islámico infundiera el pánico y el horror en la capital francesa, el pasado viernes 13 más oscuro de la historia moderna, varios autores desconocidos incendiaban el campamento de refugiados sito en el norte de París, en Calais, en lo que podría entenderse como una venganza inmediata ante los ataques en siete puntos de la ciudad de la luz. Allí se asentaban refugiados provenientes de Afganistán, Siria, Eritrea, Etiopía, Sudán e Irak. Mientras el fuego consumía el asentamiento francés, en la capital parisina se evaporaban poco a poco las 129 víctimas, como lágrimas en la lluvia.

El tiempo les ha dado la razón a los que identificaron a los refugiados a los que Europa les abrió sus puertas como responsables directos de la masacre francesa. Los siete terroristas que hicieron temblar los cimientos de la concordia fueron ayudados por numerosos cómplices a los que ya se les ha puesto nombre y apellidos gracias a las investigaciones policiales. Por un lado, están los propios nativos franceses, jóvenes abducidos por los cantos de sirena del Estado Islámico, y por otro, refugiados que entran en Europa gracias a los Planes de Acogida impulsados por Bruselas para dar asilo a cientos de miles de personas que huyen de la guerra, pero entre los que también se ocultan simpatizantes del Daesh. Así lo ratifica el pasaporte sirio encontrado en la sala de fiestas Bataclan, donde perecieron 89 inocentes almas. El documento pertenece a un joven nacido en 1990 (de apenas 25 años) y que como explicó el jefe de la policía griega Nikos Toscas, “pasó por la isla de Leros el 3 de octubre de 2015 donde se le identificó de acuerdo a la normativa de la UE”.

Suministro de ultramarinos, panadería y bollería

Entre los sollozos y la indignación de toda Europa y del resto del mundo, por las muertes que se está cobrando el delirio del islam extremo, algunos países, como España, sigue obedeciendo las órdenes marcadas desde Bruselas sin reparar en los posibles peligros de abrir las puertas del redil a los lobos solitarios. El Gobierno español de Mariano Rajoy, a través del Ministerio de Empleo y Seguridad Social de Fátima Báñez, acaba de adjudicar tres lotes para cubrir el contrato para el “suministro de productos de alimentación en los Centros de Acogida a Refugiados de Sevilla y Mislata por un período de 12 meses”. En total, hablamos de 156.262,93 euros para dar de comer a refugiados que de los que se desconocen sus intenciones en nuestro territorio. ¿Estará España alimentando, accidentalmente, al monstruo del terrorismo?

La empresa gaditana encargada de “la actividad de comercio al por mayor de productos alimenticios, bebidas y tabacos”,  Qadis Fusión S.L.L., ha sido la beneficiaria de los dos primeros lotes del contrato. El primero se ocupa del suministro de ultramarinos para el CAR de Sevilla por 74.231,62 euros; mientras que el segundo cubrirá el “suministro de panadería, repostería y bollería congelada para el CAR de Sevilla” por 36.004,17 euros.

El tercer lote que atenderá el suministro de panadería y bollería para el CAR de Mislata(Valencia) por 29.899,78 euros ha beneficiado a Cobopa S.L., “una empresa especializada en la fabricación y distribución de pan precocido y bollería congelada”.

Las consecuencias

17.680 personas (14.931 nuevos más los 2.749 ya asignados), es el número de refugiados que España debería acoger si acata, como ya ha anunciado, los Planes de Acogida de Refugiados impulsados por la Unión Europea y comandados desde Bruselas.

Con esta ayuda española y la de otros países solidarizados con la causa como Francia o Alemania, en los próximos meses se habrá recolocado en Europa a 120.000 refugiados sirios, iraquíes y eritreos. Un gran torrente de asilados que pueden o bien integrarse en nuestra sociedad, o bien generar nuevos conflictos. Nadie está seguro ahora, tras los atentados de París, los oriundos europeos sienten recelo de los inmigrantes de próximo oriente, sin conocer lo que son capaces de hacer. Mientras que los propios refugiados temen ser identificados como terroristas cuando no lo son, pero la única opción parece volver a la guerra. La de allí. Porque aquí ya ha comenzado otra.

Doinel Castro