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El proyecto, aprobado por Naciones Unidas, se enmarca en la ciudad de Kermán y consiste en la desalinización de agua para su uso agrícola e industrial

España Expansión Exterior, dependiente del Ministerio de Luis de Guindos, cancela un proyecto valorado en 3.000 millones de euros por “una falta de entendimiento” con un empresario español

Mayo 21, 2014

Según José María Martínez Fagoaga, encargado de la idea y director de Faspain, la negativa de la sociedad estatal surgió “de la noche a la mañana” tras haber mostrado su “entusiasmo” un día antes de cancelar su reunión
Desde España Expansión Exterior Spain Business Overseas, amparada por el ICEX y con un capital 100% público, aseguran que “somos una empresa que asesora tanto comercial como financieramente a las empresas españolas” y este proyecto se trataba de una “empresa iraní que necesitaba financiación
Esta empresa, amparada por el ICEX y con un capital 100% público, “ayuda a las empresas españolas a salir afuera”

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Su Majestad Don Juan Carlos, en sus funciones de representación del Reino de España, cerró este martes el que es de momento su último viaje por Oriente Medio. Con esta última visita oficial al Reino de Arabia Saudí realizada entre los días 17 y 19 de mayo, finaliza  una gira por los países del Consejo de Cooperación del Golfo que comenzó en Emiratos Árabes Unidos y Kuwait. Los ministros de Defensa, Fomento e Industria acompañaron al monarca en este nuevo viaje para seguir animando a las autoridades saudíes de seguir colaborando con España en proyectos como el AVE entre Medina y La Meca.

A pesar de que el Rey blanda la bandera de la cooperación con Medio Oriente al viento, no parece que las oportunidades se repartan igual para todos. Al menos eso es lo que cree el empresario José María Martínez Fagoaga a quien recientemente -según informó a extraconfidencial.com-, el mismo Gobierno que apoya los intereses españoles en Oriente Medio le ha cerrado las puertas a cal y canto para hacer realidad su proyecto en la misma ubicación geográfica -concretamente en la República Islámica de Irán -.

El plan que bosqueja este ejecutivo madrileño corresponde a su empresa Faspain S.L. afincada en Madrid. El proyecto es ambicioso. Localizado en la ciudad iraní de Kermán -en medio del desierto-, se trata de un negocio “de casi 3 billones de euros (3.000 millones de euros), que incluye desalinizadoras de agua de mar, una construcción de una central eléctrica de 1.000 megavatios y el impulso del agua desalinizada hasta el medio del desierto para suministrar para riego y para grandes empresas industriales con una serie de bombas durante todo el recorrido”. La idea está aprobada por Naciones Unidas “porque se trata precisamente de llevar agua a donde no la hay, para que la gente pueda vivir”.

En este momento entra en juego España Expansión Exterior Spain Business Overseas, una Sociedad Estatal española de Comercio Exterior con un capital 100% público que “ayuda a las empresas españolas a salir afuera”. Amparada en el Instituto de Comercio Exterior (ICEX), a su vez dependiente del Ministerio de Economía y Competitividad de Luis de Guindos. En palabras de un portavoz de la Expansión, somos una empresa que asesora tanto comercial como financieramente a las empresas españolas. Nosotros no desarrollamos proyectos, asistimos a las empresas españolas para ayudarles y desarrollar un proyecto cuando están en labores de externalización. Intentamos que esas empresas tengan todo el apoyo legal y financiero para no incurrir en ningún tipo de despropósito internacional”. El conflicto radica en que lo que dice el empresario es negado por la empresa, y viceversa.

Una entrevista cancelada inesperadamente

José María Martínez insiste en que desde la Sociedad Estatal lo citaron para el pasado miércoles 30 de mayo (víspera del puente del Día del Trabajador y el Día de la Comunidad de Madrid) a las cuatro de la tarde y tres horas antes (a la 1 del mediodía) de la fecha señalada lo llamaron “medio temblando” para darle una negativa por respuesta. Su interlocutor fue Diego Vivancos, pero José María Martínez cree que la orden de cancelar su petición vino de arriba, posiblemente del Jefe de Área de la Dirección de Desarrollo de Negocio, Juan José Benayas.

El testimonio simétricamente divergente lo aporta España Expansión Exterior, que ante tal revuelo concede el beneficio a la duda asegurando que podría tratarse “de un error de entendimiento, porque es rarísimo” ya que las cuestiones planteadas, “no tienen nada que ver” con la actividad desarrollada por la Sociedad Estatal.

“Nosotros como empresa estatal que somos, damos servicio única y exclusivamente a empresas españolas”, comenta el portavoz de Expansión. “Creo, salvo error de entendimiento, que  nadie ha venido de una empresa española pidiendo asesoramiento para desarrollar ningún proyecto de desalinizadoras en Irán. Parece ser que una persona les habló sobre una empresa iraní que necesitaba financiación”.

Ante tal supuesto: que la empresa líder del proyecto cambie su procedencia y deje de ser nacional para ser iraní, el panorama cambiaría diametralmente, como explican desde Expansión: “no hay ninguna empresa española por ningún lado, por lo tanto nosotros como empresa estatal no podemos darle servicio a una empresa que no sea española”. Además, en el organismo dependiente del Ministerio de Economía observan una segunda rémora respecto al proyecto de José María Martínez: “Irán tiene un embargo como país financiero muy importante, que si tú ayudas a una empresa a meterse en un gran proyecto de allí, corres el riesgo de que el montón de trabajo y el esfuerzo económico de cualquier empresa nacional se vea perdido”. “Miramos con lupa donde se meten las empresas españolas”, añaden.

La barrera ¿ficticia? de los 500 millones

El pretexto que Expansión utilizó para desmarcarse del proyecto de Faspain, según el empresario, resultó ser que el máximo presupuesto que asumía el organismo dependiente del ICEX para auxiliar un proyecto era de “500 millones”, una cantidad seis veces menor al importe marcado por Faspain para su plan desalinizador en Irán (3.000 millones de euros). Ante tal valladar, el empresarioplanteó la posibilidad de “dividir el proyecto complejo en fases de 350 o de 400 millones, o de lo que se quiera” insistiendo en que en cuanto al dinero no habría ningún tipo de problema ya que su empresa otorga “garantías soberanas” (compromiso por el cual un país asegura que si un negocio dirigido por una empresa extranjera fracasa, el Estado se hará cargo de la deuda contraída con la empresa del país inversor).

Expansión, de nuevo, vuelve a negar la mayor y aseveran que tal criterio es inexistente: “no solamente no es que no aceptemos proyectos de menos de 500 millones de euros, sino que cualquier proyecto que sea ayudar a una empresa española, si hay viabilidad, buscamos asesoramiento financiero sin límite, ni por encima ni por debajo. Cualquier empresa española que necesite ayuda no solamente no lo rechazamos sino que estamos encantados”.

¿Quién lleva la razón?

Mientras el uno, José María Martínez, cree que ha sido ninguneado al tiempo que se le ha puesto un tapón a la recuperación industrial española; los otros, Expansión, consideran que lo protestado por el encargado de Faspain es incierto. El empresario no sale de su asombro: “yo me quedé súper extrañado porque trayendo dinero para las empresas españolas no entiendo que me hayan tratado de esta manera. Estoy todavía espantado de que alguien se haya podido atrever desde una empresa pública a hacer esto. Es hundir el país. Es quitarle el pan a las empresas españolas que tienen capacidades y que tienen gente válida para hacer proyectos y ganar mucho dinero”. Los segundos, tan solo dejan la puerta de la confusión abierta para explicar el entuerto: “a lo mejor ha sido una falta de entendimiento pero yo creo que no hay ninguna empresa nacional implicada”.

El mayor problema es que el peor parado de tal desaguisado puede ser la industria española. Si Gobierno y particulares no se ponen de acuerdo a la hora de sellar oportunidades de negocio y nichos de mercado es posible que el empresariado español se resienta. Una muestra ilustrativa de que a pesar de la terrorífica situación en la que se encuentra la industria española (que parece salir poco a poco de su letargo) existen oportunidades para la empresa y los trabajadores españoles. Fuera y dentro del país. Siempre y cuando se cuente con el beneplácito del Gobierno y la intención honrada del sector privado.