Menú Portada

Escasa presencia de la realeza europea en la alegre boda religiosa de Carlos Javier de Borbón – Parma

Noviembre 24, 2010
pq__boda1.jpg

Cumpliendo con la promesa hecha a su padre don Carlos Hugo antes de su fallecimiento, el nuevo Duque de Parma y continuador del carlismo español, Carlos Javier de Borbón-Parma, contrajo matrimonio canónico el pasado sábado 20 de noviembre en la abadía de La Cambre (Ter Kameren) en la elegante Avenue Louise de Bruselas, con su ya esposa civil Annemarie Gualthérie van Weezel. No faltaron la alegría, las risas, los pétalos de flores y las señoras elegantes, pero la representación de la realeza europea fue escasa a pesar de la presencia al completo de todos los miembros de la familia real holandesa, que quisieron acompañar a su primo y sobrino en ese día festivo tras la todavía muy reciente muerte de su padre.
 
Días antes el palacio de la Zarzuela confirmaba que la familia real española no tenía previsto enviar representación oficial alguna al evento, actitud muy comprensible tras el reciente funeral por el finado don Carlos Hugo en Madrid en el que se le dio el tratamiento de Rey de España. Sí llamó, por el contrario, poderosamente la atención la ausencia de los miembros de numerosas familias reales europeas cercanamente emparentadas con el novio, y en particular la no presencia de los numerosos Príncipes de la casa ducal de Parma que, al parecer, sólo estuvo representada por la Princesa María Teresa, tía carnal del novio.
 
Ceremonia y banquete
 
La ceremonia religiosa estuvo oficiada por el Obispo Philippe Bar, la novia lució un bello conjunto de diadema y pendientes de diamantes y gruesas perlas procedente de la familia real holandesa, y velo con motivos florales manufacturado en papel por la aristocrática artista Isabelle de Borchgrave d’Altena. Sí asistieron miembros de numerosas familias de la nobleza belga y holandesa, y la realeza europea estuvo pobremente representada por el Príncipe Juan de Luxemburgo y su esposa Diane, por el Archiduque Lorenzo de Austria-Este (extrañamente sin su esposa la Princesa Astrid de Bélgica), por el Duque de Braganza, y por el Príncipe Aloys de Löwenstein-Wertheim-Rosenberg.
 
El banquete de bodas y la fiesta que siguieron a la ceremonia se celebraron en el magnífico castillo de la Hulpe, cercano a Bruselas, propiedad de la multimillonaria familia Solvay cuya fortuna procede de la fabricación de plásticos y cuyas relaciones con la corte real belga son muy estrechas. El novio eligió como testigos a su primo el Príncipe Constantin de los Países Bajos y al Conde Jean-Charles Ullens de Schooten, de cuya hermana Sofía Ullens de Schooten se habló años atrás como posible novia del Príncipe de Asturias. Llamaron la atención la presencia de un pequeño grupo de carlistas catalanes amigos del novio, el nuevo embarazo de su hermana la Princesa Margarita de Parma, y la llegada de su hermano  Jaime de Borbón-Parma en compañía de la joven holandesa Paulette van Ommen.
 
Con este matrimonio el hijo de Carlos Hugo de Borbón-Parma regresa a la necesaria ortodoxia católica de la Casa de Parma, pero no puede pasarse por alto el notable vacío de la realeza europea hacia don Carlos Javier, por la significativa ausencia de miembros de la familia imperial de Austria (el archiduque Otto ve con desagrado las veleidades políticas de sus sobrinos), de las casas reales de España, Bélgica, Italia, Bulgaria, Rumania, las Dos Sicilias y Baviera, de la casa gran ducal de Luxemburgo y, más aún, de la propia casa ducal de Parma, todos ellos muy cercanos parientes. No hay duda de que todo ello tiene que ver con el mantenimiento de las pretensiones carlistas de don Carlos Javier en España, que cada día gozan de menor apoyo por parte de sus primos reales de Europa.  



Ricardo Mateos