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Ferrari ni siquiera añora ganar, sino tan solo alcanzar el pódium

En una Fórmula 1 que no gusta a nadie, los únicos felices son los de Mercedes

Marzo 30, 2014

Empezaron estrenando el marcador en Melbourne con una pole position de Lewis Hamilton y posterior victoria de su compañero Nico Rosberg. El calor malayo no pareció afectarles y se llevaron el doblete con una carambola de Hamilton: pole position, victoria, vuelta rápida, y líder durante toda la prueba -llamado “Grand Chelem“-, que no tiene premio, pero queda estupendo en los libros de historia. Aquí se acaba la felicidad, fin de las sonrisas, porque ninguno del resto parece contento. McLaren, segundos y terceros en Australia, desaparecidos, Ferrari ni siquiera añora ganar, sino tan solo alcanzar el podium, Williams se desinfla, y el Red Bull de Sebastian Vettel alcanza por vez primera el podium, pero una plaga de problemas se los come como si fuera una nube de las langostas de las que no son marisco.

El paso de gigante de Mercedes
 
La lluvia no afectó la segunda prueba del mundial, así que los resultados son relativamente cercanos al estado general de desarrollo de mecánicas y equipos. No hubo distorsión, y quedó claro, diáfano y patente que los Mercedes van por delante del resto. En dos años y especialmente con la llegada de Lewis, el equipo británico de nombre germano ha dado un paso de gigante a la hora de encarar el que puede ser su primer título. Se han dotado de personal muy capaz, tecnologías punteras, y que han colocado a sus coches por delante del resto en el cambio de era marcado por el motor turbo. No sólo su propulsor es el mejor, sino que el monoplaza saca partido de él en mayor medida que el resto de bólidos que lo llevan instalado. Si a esto sumamos que Lewis parece más comprometido que nunca y Nico Rosberg ha consolidado un pilotaje que hasta ahora no había tenido una mecánica favorable, hacen de este conjunto un claro favorito que no fluctúa ni pierde ritmo según avanza la temporada.
 
El paso atrás de McLaren y la recuperación de Red Bull
 
McLaren parecía haber reverdecido sus laureles en Australia con un muy correcto Button, y el mejor estreno de un novato desde 1996 en manos de Kevin Magnussen. Si la alegría dura poco en casa del pobre, en casa de estos ricos también. Con los dos dentro de los puntos, un sexto y noveno debe saberles a poco. Un paso atrás. Red Bull protagonizó un verdadero desastre de pretemporada pero se han recuperado de sus pre-heridas cual felino y han sido capaces de avanzar mucho en poco tiempo… pero pagando un alto precio. Trifulcas legales en lo referente al sistema de control de consumo descalificaron a Ricciardo en la primera prueba, y en esta, el piloto austral parece haber dormido toda una semana junto a un gato negro. Una rueda suelta tras una parada, tuvo que detener su monoplaza en el carril de aceleración, sus mecánicos tuvieron que empujarle de nuevo al box, le partieron el alerón delantero que se le acabó descolgando, éste le rajó una rueda que acabó pinchada, uno de sus mecánicos ayudó en su pitstop equipado con una toalla al cuello (prenda no ignífuga), y sin casco -sanción al equipo-… Lo peor de todo no es que se viera obligado a abandonar, sino que arrastra una sanción con la pérdida de diez puestos en parrilla en el próximo GP de Bahréin.
 
La escudería energética mantiene un contencioso contra el ente regulador por haber instalado una pieza no homologada que es la encargada de administrar el flujo de combustible, de ahí la descalificación de Daniel Ricciardo en la carrera previa. Nada hace pensar que esto cambie, y los de azul tendrán que asumir y seguir utilizando los caudalímetros aprobados por la FIA. Para hacer más ruido, durante la prueba Christian Horner, director de Red Bull y nuevo novio de la Spice Girl pelirroja (si, la voluptuosa) estuvo diciendo por radio que el aparato había dejado de funcionar. De nada le sirvió más que para lanzar un pegote de lodo sobre la cara del suministrador.
La “pesadilla” de Ferrari
 
Lo de Ferrari mejora poco o nada. En entrenamientos sus registros fueron prometedores pero el propio Alonso, cuarto a la postre, calificó su participación de “pesadilla”. Nunca tuvo ritmo de dar alcance a sus predecesores y otros coches teóricamente peor dotados, le resultaban verdaderos huesos. Según la gasolina se iba consumiendo, su F14T parecía mejorar algo, pero nunca con la velocidad de los Mercedes o los Red Bull, con los que sueñan luchar y a los que de momento no pueden dar alcance. De los primeros, los Mercedes, saben que sólo verán su alerón trasero. Kimi Raikkonen, a bordo del segundo coche rojo, se las vio y se las deseó para meter su coche en los puntos. No pudo hacerlo superado por Toro Rossos, McLarens, Force Indias, Williams e incluso Lotus, su anterior equipo que ha empezado el año verdaderamente mal. Si el asturiano está descontento, Raikkonen debe estar bramando. En Bahréin, próxima parada la semana que viene, puede que sufran algo menos con los motorizados por Renault, pero algo más con respecto a los Mercedes; es una pista que pide caballería.
En cuanto al espectáculo, se confirma que hay poco, y es malo, tedioso, aburrido, sin adelantamientos, sin ruido, sin ver la pretendida parte ecológica por ninguna parte y con carreras más bien coñazo. Hemos dado un paso atrás en esta materia. A ver si el enfermo mejora.

José M. Zapico
@VirutasF1