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En España sale más “barato” matar que robar: la sanguinaria y cobarde etarra Idoia López Riaño cumple solo 23 años de prisión –uno por asesinado-, tras ser condenada a 2.111 años de prisión. ¿Pedirá perdón a las víctimas? ¿Las indemnizará? ¿De qué o quién vivirá?

Junio 14, 2017
idoia

La vía Nanclares es el Proyecto Hombre del terrorismo. La reválida de quien ha escogido el camino del horror. El septiembre de los que a hierro matan. Las oportunidades vitales del hombre decía Dahrendorf “pueden ampliarse, los hombres pueden desarrollarse en relación con sus oportunidades vitales”. Pero, ¿merece todo el mundo una segunda oportunidad? ¿También aquellos que se equivocan constante, consciente y vilmente manchando sus manos de sangre y llenando el mundo de dolor? ¿Acaso han tenido una segunda oportunidad aquellos que yacen bajo lápida, soterrados por la ignominia? 23 muertes pesan sobre el gatillo de La Tigresa. 23 años ha cumplido en prisión. 23 perdones le ha concedido el Gobierno. Hoy ella, terrorista, es tan libre como usted, lector, y como yo, periodista.

La salida de Idoia López Riaño del centro penitenciario de Álava, ubicado en la localidad de Nanclares de Oca, se producía ayer a eso de las doce del mediodía. Es esa cárcel donde se lleva a cabo la “reinserción de los terroristas” que han decidido alejarse de la disciplina de ETA para iniciar un camino de regreso a la sociedad. Varios presos de ETA ya se han aprovechado de este proceso de reflexión, autocrítica y cuestionamiento -estratégico, político y ético-, de la lucha armada para aprehender la libertad condicional. Una herramienta maquiavélica por la que los terroristas vuelven  a las calles, Dios sabe dispuestos a qué. Entre ellos destacan peces gordos de la banda armada como Urrusolo Sistiaga, y  algunos de los más sangrientos terroristas como La Tigresa, que ya está entre nosotros.

El contacto de Idoia con ETA se produjo a través de su primer novio José Ángel Aguirre. Él fue quien la integró en el comando Oker de ETA en 1982. Con tan solo 16 años, Idoia López Riaño pasaba a formar parte activa de Euskadi Ta Askatasuna y se declaraba en comunión con todos sus principios: una organización terrorista nacionalista vasca, independentista, abertzale, socialista y revolucionaria.

Cobarde y sanguinaria

Idoia pronto escaló en la pirámide etarra. Sus primeras encomiendas como repartidora de propaganda y panfletos, dejaron paso a episodios violentos de la kale borroka. Las ansias de acción y de sangre de Margarita, como era conocida en un principio, llevaron a los mandos de la banda a instarla a empresas superiores: matar. Su listado de víctimas comenzó a escribirse en 1984. Hace 33 años.

El empresario francés Joseph Couchot, a quien acusaban de formar parte de los Grupos Antiterroristas de Liberación fue la primera muesca en el revólver de La Tigresa en una operación llevada a cabo con el comando del que formaba parte con su novio. Varios disparos y un tiro de gracia en la cabeza. Rápido y frío. A quemarropa.

En aquel Restaurante de Irún entró en erupción un volcán de ira, miedo, perversión y juventud que ya nadie supo frenar. Al poco tiempo llegaron sus atentados más sonados, ya como integrante del comando Madrid en el que figuraban otros conocidos terroristas como De Juana Chaos, Soares Gamboa, Antonio Troitiño o Inés del Río. Esa era la cúpula armada de ETA en los años 80 y así lo atestiguaron con los actos terroristas perpetrados en la calle de Juan Bravo y en la Plaza de la República Dominicana (el segundo más cruento de la historia de ETA tras el atentado del Hipercor de Barcelona), que acabaron con la vida de cinco y doce guardias civiles, respectivamente. La lista sangrienta de la feroz terrorista de Rentería se completa con un empresario, un marinero, tres militares -entre los que figura Ricardo Sáenz de Ynestrillas– y un policía. En total suman 23, los años que ha pasado Idoia en la cárcel: a año de penitencia por vida segada.

Solo por el atentado de la Plaza de la República Dominicana, en el que los terroristas hicieron estallar una furgoneta con explosivos al paso de un convoy de la Guardia Civil, Idoia López Riaño fue condenada por la Audiencia Nacional a 1.920 años de prisión -junto a su compañero Santi Potros, condenado a otros 1.572-. En total La Tigresa fue condenada a 2.111 años de prisión.  Ayer salía de la cadena como una ciudadana más, 2.088 años antes de lo previsto.

Queda a todas luces claro que España tiene una fuga de kilómetros de diámetro en el buque de la lucha antiterrorista. Entre las declaraciones del periodista Matías Antolín en su libro “Las mujeres de ETA” en las que aseguraba que una de las obsesiones de La Tigresa “era seducir a los txakurra (policías y guardias civiles destinados en Euskadi). Se dice que cuando les tenía debajo, haciendo el amor, su mayor deseo era pegar un tiro en la boca a esos cabrones”, y su carta al juez Grande-Marlaska en la que la propia Idoia decía “me duelen todos, absolutamente todos los muertos”, pasaron algo más de 10 años (a Idoia la detuvieron en 1994 en la localidad francesa de Aix-en-Provence), y 23 muertes de personas inocentes. Sus lágrimas de Cocodrilo fueron suficientes para que La Tigresa volviera a rondar las mismas calles en las que años atrás sembraba el pánico.

Mientras tanto, el Tribunal Supremo condenaba en julio del presente ejercicio a un año de prisión a María Lluch Sancho por humillar a víctimas de ETA como Irene Villa y Miguel Ángel Blanco. Era la primera vez que el órgano jurisdiccional se pronunciaba sobre la difusión de mensajes enaltecedores del terrorismo en redes sociales como Twitter. Con anterioridad, la Audiencia Nacional había condenado a la joven a dos años de prisión. La doble moral.