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En España el rey pide merecida compasión mientras en Inglaterra Isabel II prepara tranquila sus 60 años en el trono

Junio 5, 2011
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Suele suceder que la falta de noticias tienda a provocar que los medios caigan en volver una y otra vez en los tópicos de siempre y, en el caso español, nada mas manido que elucubrar sobre la supuesta falta de salud de don Juan Carlos a partir de una intervención de rodilla, por otra parte lógica en una persona de su edad. Vuelven así los rumores reiterados, sin que se aporten informaciones y se habla incluso del supuesto deseo oculto de un cierto entorno de los príncipes de Asturias (¿a qué entorno se refieren?), por mostrar a un rey achacoso frente a los jóvenes don Felipe y doña Letizia que estarían dispuestos a asumir el relevo. De ahí a hablar de una futura abdicación, otro gran tópico, solo hay un paso.

Pero lo más sorprendente de todo esto es que a ningún observador avezado, y a nadie que conozca minimamente los mecanismos que rigen la esencia misma de la monarquía, se le puede escapar que la abdicación es una figura que atenta contra la idea de continuidad dinástica, columna vertebral de toda monarquía, a la que solo se recurre – excepto en el singular caso holandés-, en situaciones de excepción como el caso de Eduardo VIII, cuyo abandono del trono generó una enorme crisis en la Inglaterra de los años 30.

“De abdicación nada de nada, ni la habrá”

No tiene, por tanto, sentido alguno el especular con la idea de una abdicación en España, por ser algo totalmente innecesario y que carece de sentido, tanto en el presente como en el futuro. Y así nos lo confirma alguien que conoce bien esas alturas y que afirma rotundamente: “De eso no hay nada de nada ni lo habrá”. Entre tanto, un día antes de su operación de rodilla el esforzado don Juan Carlos se llegó a Roma para asistir a la ceremonia del 150 aniversario de la unificación de Italia, un acto lucido pero sorprendentemente muy ignorado por la realeza europea.

Allí estuvieron los príncipes herederos Haakon de Noruega, Guillermo de Luxemburgo, y Alois de Liechtentein, y el príncipe Joaquín de Dinamarca, pero se notó fuertemente la ausencia de las otras monarquías reinantes que no consideraron necesario enviar representación alguna. Tampoco convocaron las autoridades italianas a ningún representante de los antiguos reinos y ducados que en otro tiempo configuraron la Italia actual, y lamentablemente no vimos en Roma a príncipes de Saboya, las Dos Sicilias, Parma, Toscana y Modena, hecho que quizá se explique por celebrarse en ese mismo acto el aniversario de la proclamación de la República Italiana en 1946.

Celebración en Inglaterra con recortes presupuestarios

Sincrónicamente, en Inglaterra la reina Isabel ya comienza a preparar lo que serán cuatro días de gran fiesta en el país cuando el año próximo celebre sus 60 años en el trono, lo cual no impide que algunos miembros de la familia real se hayan visto sujetos a importantes recortes presupuestarios. Ese es el caso de las jóvenes princesas Beatriz y Eugenia de York, a quienes se ha retirado la protección oficial de 24 horas de la que gozaban y que costaba al erario público la notable suma de 500.000 libras anuales. Aunque esa medida no ha gustado nada a su padre el príncipe Andrés, su abuela la reina Isabel desea que ambas cursen carreras universitarias y salgan de la lista civil, de manera que a partir de ahora solamente tendrán escolta en los actos oficiales. Estos mismos recortes también se han hecho extensivos a los condes de Wessex, cuyos seis guardias de seguridad permanente costaban al país la nada despreciable suma de un millón y medio de libras esterlinas anuales. La noticia ha sentado muy mal al príncipe Eduardo y a su esposa, que han manifestado sentirse very upset (“muy molestos”) por temer que su gran residencia de Bagshot Park quede desprotegida. Pero, al igual que sus sobrinas, a partir de ahora solo contarán con guardia personal en los actos oficiales estrictos.

En Inglaterra ya se habla de una próxima reforma de la lista civil de la familia real, que entrará en vigor en 2013 con nuevos e importantes cambios en las sumas que la reina Isabel percibe del Estado para la manutención y el sostenimiento de su amplia familia y de sus numerosos palacios.

Ricardo Mateos