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En el Mundial de Fórmula 1 más disputado de los últimos años la mayor de las emociones viene del mercado de fichajes

Julio 11, 2017
hamilton vettel

Es la llamada Silly Season, la temporada tonta, el baile de pilotos entre escuderías que se compran, venden, y cambian de colores corporativos, adhesivos y mecánicas. En las pistas Ferrari adelanta por veinte puntos de ventaja a los hasta ayer implacables Mercedes y sin embargo al público se le eriza el vello cuando se les habla de un mercado de fichajes repleto de rumores, filtraciones interesadas, respuestas públicas y expectativas deportivas de los seguidores de pilotos concretos.

A día de hoy sólo los corredores equipados con un Ferrari o un Mercedes tienen a tiro el título. Ningún coche que no sea uno de esos dos ha logrado pole positions y en una sola ocasión el Red Bull de Daniel Ricciardo ha arrebatado una victoria a estos en la casi media temporada que llevamos disputada, y pocos piensan que tengan muchas más oportunidades debido a una debilidad de su motor Renault. Es por ello que los bólidos rojos o plateados son los deseables para cualquier piloto que quiera una corona, y todos los miran con deseo.

Rumores sobre Hamilton

En casa del vigente equipo campeón, rumores poco fiables indican que si Lewis Hamilton consiguiera su cuarto título, bien podría abandonar la estructura de Mercedes para tomar las de Villadiego, o qui lo sa, marcharse a Ferrari a completar un ciclo deportivo con títulos con McLaren, Mercedes y vestido de rojo. Lo más probable es que gane o no este año, retenga su actual asiento. A su lado está el finés Valtteri Bottas. Discreto y silencioso, trabajador abnegado sabe que no puede con Lewis por diversos motivos, y a pesar de comenzar de forma titubeante su mundial, acumula ya las dos victorias que se le negaron con sus anteriores escuderías. En su equipo previo, Williams, le hubiera sido imposible alcanzar esos puestos. Su contrato liquida a finales de año y su puesto tiene muchos novios. Hay quien afirma que existe algún tipo de pacto entre ellos y Sebastian Vettel, que según le vaya este año en Ferrari, movería ficha o no. Si gana vestido de rojo lo lógico sería dar continuidad al matrimonio italo-germano, y si no, no sería impensable que el tetracampeón quisiera un coche mejor y ese sería justo el Mercedes. Esto es lo razonable, y el mandamás de Maranello echa leña al fuego al declarar públicamente que el alemán ‘puede venir a firmar su contrato cuando quiera’. Están contentos con él pero parece que hay alguna razón para que Vettel, que carece de manager y negocia sus propios contratos, se haga el remolón de ahí que muchos le vean con un Clase-E familiar el año que viene como coche de empresa para llevar a sus dos hijas.

El papel de Kimo Raikkonen en Ferrari

En Ferrari tampoco andan demasiado contentos con Kimi Raikkonen. Ya le han dado algún coscorrón público ante su irregular temporada. Muy rara vez ha estado por delante de Vettel, ha cometido errores de bulto, y su compañero duplica su haber en el casillero de puntos con una pole y tres victorias a cambio de ningún resultado reseñable por su parte. Durante semanas muchos jaleadores informativos han dejado caer la posibilidad de que Fernando Alonso pudiera, por segunda vez consecutiva, desplazar a Raikkonen pero Sergio Marchionne dijo alto y claro en la carrera de Austria “no nos interesa Alonso”, acompañado de un discreto ‘de momento’.

En Red Bull amarran con cadenas de cromo-molibdeno a sus chicos y aunque nunca se debe confiar demasiado en los que quitan y ponen pilotos de un día para otro, anuncian que el año que viene todo seguirá igual. Daniel Ricciardo parece ser el líder de la manada azul, con un Max Verstappen que acumula errores y abandonos cuando el año pasado era un tipo infalible. Parece nervioso, y su jefe, Helmut Marko no duda en afirmar que su hombre no parece concentrado. Algún medio le sentaba en Ferrari en 2018 pero ha sido un rumor con un recorrido, a priori, corto. Justo por debajo en Toro Rosso Carlos Sainz tiene pocas opciones de escapar del yugo azul y muy probablemente repita por cuarto año con ellos en una temporada que puede sentar verdaderamente mal al español. Sin metas claras por subir al equipo senior, sin poder huir de un coche condenado a estar en la medianía, y con diversas ofertas como las ya publicitadas de Haas o Renault (que se sepan) está maniatado en una situación bien incómoda. Su compañero Daniil Kyvat acaba de ser confirmado a su lado, pero la jugada tiene poco o ningún sentido. El ruso ya pasó por ahí, subió al equipo senior, fue defenestrado, y lo lógico sería que saliese de la disciplina energética al acabar este calendario. En 2016 protagonizó una temporada floja a la sombra de Sainz y esta, ya se ha marcado diversos errores del tipo de los que Marko no suele perdonar, pero sin sustitutos contundentes entre el rebaño de su programa de pilotos jóvenes.

El matrimonio McLaren – Honda

En McLaren sufren el síndrome de flojera de motor por parte de Honda pero tras meses de palos y críticas, especialmente desde los medios británicos, el matrimonio parece de golpe mejor avenido y ciertamente con alguna pequeña mejora desde el punto de vista de las prestaciones. Lo que atufaba a divorcio da pequeñas señales, leves, de enmendarse al menos de cara a la galería con pintorescas frases como ‘hemos de dar espacio a Honda para mejorar’. Alonso por su parte afirma que el año que viene va a ganar, esté donde esté va a triunfar. Lo que no ha dicho es el qué va a ganar ni donde, pero atendiendo a su sonora frase anterior de ‘lo mejor está por llegar’ seguiremos a la espera de verle donde merece pero no está desde hace años. Aficionados, espoleados por frases como esa, auto amplificados por las redes sociales, hacen cábalas mientras tanto en Mercedes como en Ferrari hacen público su desinterés por el asturiano. Bottas, un piloto correcto pero no del nivel de Alonso puede ganar carreras con un Mercedes, lo que indica una cosa: a día de hoy hay más mérito en el coche que en el piloto para llegar a lo más alto. Un equipo con un coche ganador no necesita a dos superclase y le basta con uno si al lado se le pone un acompañante adecuado. Esa es la ecuación de Mercedes, y bien podría ser la ecuación de los que asuman que se encuentran en esa situación. Para todo lo demás, la silly season, la temporada tonta que está resultando divertidísima.

José M. Zapico

@VirutasF1