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Ante la boda de Alberto de Mónaco y Charlene Wittstock y la previsible del Príncipe heredero de Luxemburgo, Guillermo

En busca de la recuperación del “glamour” en la realeza

Mayo 8, 2011
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Mientras aún se expanden por todas partes los ecos de la boda real de Inglaterra, a la que muchos no le ahorran fuertes críticas por su falta de glamour regio y su mal tratamiento a los invitados reales extranjeros, en Tailandia el anciano Rey Bhumipol se recupera de la extracción de fluido cerebroespinal con el fin de mejorar su salud, y en Bélgica, donde la Monarquía no pasa por sus mejores horas, retiran la efigie del Rey Alberto de las monedas de dos euros.

Tras el vacío generado por la conclusión de la boda de los Duques de Cambridge (rumores infundados que circulan en la prensa de los Estados Unidos apuntan a que el Príncipe de Gales podría padecer Alzheimer), todas las miradas están ya puestas en próximos fastos regios que puedan suplir tanto el glamour que no vimos en Londres como revitalizar en sus propios términos a la realeza europea, que no puede vivir eternamente sin el brillo que le va aparejado y que, afortunadamente, la Princesa de Asturias está sabiendo encarnar como pocas princesas de las dinastías aún reinantes.  

El Principado de Mónaco, preparado

Así, la próxima boda de Alberto de Mónaco y Charlene Wittstock, cuya elegante presencia fue foco de atención en Londres, genera las mayores expectativas en un Principado entrenado para el gran show al que se espera acuda una muy nutrida representación de realeza europea (entronizada y destronada), entre la que destacará la siempre generosa y simpática figura de la gran duquesa María de Rusia.

Al mismo tiempo en Luxemburgo ya se hacen cábalas sobre un posible matrimonio del Príncipe heredero, Guillermo, circulando fuertemente el rumor de que la elegida podría ser la Princesa Luisa de Stolberg-Stolberg, hija de una de las mejores familias del Gotha alemán. Un matrimonio semejante restauraría tradiciones que parecen completamente perdidas, pues Luisa es hija del Jefe de la Casa de Stolberg-Stolberg, el Príncipe Jost Christian, tiene una ascendencia excelente y se mueve en los círculos de la sociedad belga más aristocrática. 

Entre tanto el 11 de junio se esperan grandes fastos sociales y mucho glamour en la boda a celebrarse en la localidad italiana de Costarossa entre el Príncipe Antonius de Fürstenberg con la Condesa Matilde Borromeo (que está embarazada), a la que se sabe que asistirá Francisco de Borbón y von Hardenberg, primogénito del Duque de Sevilla, que es primo del novio. De estos contrayentes ha dicho un primo de Antonius que se parecen a la pareja conformada por “Ken”y “Barbie”, y ella es hermana de la novia de Pierre Casiraghi.

¿Asistirá la Reina Doña Sofía a la boda de Jorge Federico?

Pero en el horizonte también planean el compromiso matrimonial del Archiduque Christoph de Austria (hijo de María Astrid de Luxemburgo); la boda de Óscar Magnuson, sobrino del Rey de Suecia, con la francesa Emma Ledent; y la del español Óscar Ascoz con la Princesa alemana Benigna Reuss. Mayor expectación genera aún el matrimonio del Jefe de la Casa Real de Prusia, el Príncipe Jorge Federico, con la Princesa Sofia de Isenburg-Birstein que, sin duda alguna, es el de mejor rango que el Jefe de una Casa Real, aunque destronada en este caso, haya contraído en las últimas décadas. Jorge Federico siempre ha sido invitado a las bodas de la Casa Real española, es pariente cercano de Don Juan Carlos y Doña Sofia, y la novia es pariente lejana del Rey de España. Sería deseable ver allí a su tía, la Reina doña Sofía, en medio de toda una constelación de Príncipes alemanes de las mejores casas en otro tiempo reinantes en el imperio.

La boda de los Cambridge ha dejado en el aire una necesidad de cierto boato regio que tiene que cubrirse, y tanto es así que muchos han tenido que fijar su mirada en la ceremonia por la que el alcalde de Londres concedió en días pasados el cargo de Honorary Freedom of the City of London al ex Rey Miguel de Rumania, que en octubre próximo festejará sus 90 años en una ceremonia también esperada.

 

Ricardo Mateos