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Nadie ha sido detenido y el crimen prescribe esta semana sin que la Justicia haya cumplido con su obligación

Elena López y Esteban Carballedo, asesinados a tiros durante un atraco hace 20 años

Abril 27, 2014
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La noche del sábado 30 de abril de 1994, los empleados de Cash Récord, empresa mayorista de alimentación del polígono industrial lucense de O Ceao, se disponían a cerrar el local cuando recibieron sendos disparos en la cara. Elena López Lens, de 32 años, cajera del establecimiento, casada y con dos hijos, y Esteban Carballedo Teijeiro, de 25 años, reponedor, fallecieron en el acto. Los cadáveres de ambos fueron descubiertos por Isabel, la hermana de Elena, en la mañana del 1 de mayo, cuando acudió al supermercado alarmada por la falta de noticias de ésta. El hombre recibió el balazo cuando estaba en medio de la tienda; el cuerpo de la mujer apareció sentado en la mesa de su oficina. El atracador o atracadores sustrajeron 5 millones de las antiguas pesetas antes de darse a la fuga.

El encargado de la empresa mostró a la Policía sus sospechas de que el asesino o asesinos eran clientes: el portalón de acceso al establecimiento estaba cerrado, por lo que los delincuentes podían haber permanecido escondidos hasta el momento del cierre, y los empleados, al parecer, no se sorprendieron mucho al verles, en la creencia de que eran clientes que se habían demorado en sus compras de última hora. Además, las llaves del Cash Récord nunca aparecieron. Los disparos fueron efectuados con un arma corta de 9 milímetros, probablemente una Star BM, que nunca ha sido recuperada. En el suelo quedaron cinco casquillos. Elena López recibió el impacto bajo su ojo derecho, mientras que a Esteban Carballedo la bala le penetró por encima del labio superior. El juzgado ordenó inspeccionar todas las armas de ese calibre de la provincia de Lugo, incluidas las de miembros de los cuerpos de Seguridad, pero ninguna se correspondió con la empleada en las dos muertes.
Un guardia civil bajo sospecha
 
Toda vez que el tipo de arma empleada en el crimen era la de dotación habitual de los agentes de la Guardia Civil por aquellas fechas, y sobre la base de algunos otros datos manejados por la Policía, uno de los primeros sospechosos durante las investigaciones resultó ser un guardia civil que en el momento de los hechos estaba destinado en Lugo y luego fue trasladado a Vich (Cataluña). En su antigua taquilla del acuartelamiento lucense aparecieron numerosas piezas de armas, como cañones, culatas o agujas percutoras, así como manuales de montaje. Estos elementos fueron analizados por los servicios de balística, en Madrid, que descartaron su vinculación con el doble crimen. También fueron investigados tres delincuentes comunes de la zona, a quienes se intervinieron sus teléfonos, aunque sin resultados positivos.
 
En mayo de 2010, la hermana de Elena López, Isabel, inició una huelga de hambre, que duró cuatro días, frente al edificio de los juzgados. Mientras desarrollaba la protesta, se le acercó un hombre que le reveló que había aportado datos interesantes a la Policía en su momento. Esta persona dijo haber estado en el lugar del doble crimen aquella noche, donde vio a varias personas en un vehículo de color blanco matrícula de A Coruña, y que facilitó el número de la misma a los agentes. Explicó a Isabel que los policías le escucharon pero que nadie le tomó declaración y -lo más grave- que uno de los agentes llegó a decirle que no se metiera en líos. Según las familias, todo apuntaba a una investigación chapucera de los asesinatos. De hecho, la propia Isabel llegó a denunciar que nadie le había tomado declaración, cuando fue ella quien descubrió los cadáveres y a pesar de haberlo demandado en varias ocasiones. Por si fuera poco, los agentes que acudieron al lugar de los hechos no tomaron ninguna fotografía por carecer de carrete en su cámara.
 
El juez ordena peritar 317 pistolas
 
Poco después, la Fiscalía reabría las investigaciones y el Juzgado de Instrucción Número 1 de Lugo decretaba el secreto del sumario tras tomar declaración, 16 años después, al testigo que vio el vehículo sospechoso y –esta vez sí- a Isabel López. Una de las primeras medidas acordadas por el juez tras escuchar sus testimonios fue la de requerir a la intervención de armas de la comandancia de la Guardia Civil la entrega de un listado de 317 pistolas Star de 9 milímetros para peritarlas y comprobar si entre ellas estaba el arma homicida. La denominada “Operación Jurásico” parecía tomar nuevos bríos, pero tampoco esta vez se avanzó gran cosa, y las familias de las víctimas dijeron estar marginadas, sin información, y criticaron promesas incumplidas por parte de los responsables de las pesquisas. En su opinión, se estaba tratando de encubrir a alguno de los implicados en el crimen, “por ser familiar de alguien importante”. También reclamaron que se reincorporase a las investigaciones un inspector de Policía que se había ocupado del caso en los primeros momentos y que luego se trasladó a otra ciudad.
 
“Vamos, rápido, Manolo”
 
En 2011 llegaban nuevos reveses: el comisario de Lugo se jubilaba y el inspector del Cuerpo Nacional de Policía encargado del caso se daba de baja por enfermedad. Los trabajos quedaban de nuevo empantanados hasta finales de 2013. Entonces, la Policía localizaba en Burgos a un nuevo sospechoso. Se trataba de un individuo que regentaba un establecimiento de hostelería en Lugo cuando se cometieron los asesinatos de Elena y Esteban, y que era cliente habitual de Cash Récord. Según la hipótesis policial, este individuo (que ha sido imputado e interrogado pero no detenido, por falta de pruebas sólidas) actuó apoyado por otras cinco personas, una de las cuales falleció tiempo después. Los agentes le relacionan con el asesinato de un joven, que apareció enterrado en septiembre de 1997 en el exterior del cementerio de Outeiro de Rei, otro caso sin resolver. También le vinculan con otro atraco de similares características cometido en otro supermercado mayorista, también en Lugo y en el transcurso del cual los testigos escucharon a uno de los asaltantes encapuchados decir “Vamos, rápido, Manolo”, nombre de coincide con el del sospechoso. Por si fuera poco, este individuo también compraba en el Cash Miño, que fue asaltado en septiembre de 1992, dos años antes que el supermercado de O Ceao. Con todo, y a pesar de contar con antecedentes por tenencia ilícita de armas, los investigadores no lograron armar una acusación contundente en torno a él.
 
En todo este tiempo, el juzgado que investiga el caso ha cambiado de titular más de media docena de veces. También se han producido cambios en la Brigada Judicial de la Policía de Lugo. En comisaría dicen que el caso no está archivado, pero que tampoco hay novedades ni resultados. Las familias denuncian que los investigadores hace tiempo que se olvidaron de Elena y Esteban. El asesinato de ambos queda oficialmente prescrito esta semana, el 30 de abril, al haber transcurrido 20 años sin dar con los culpables.
 
José Manuel Gabriel